REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 11 | 2017
   

Arca de Noé

Naderías


Mario Náder Pineda

Es Sólo Anécdota
Desde que tengo memoria no he sido muy afecto a los juegos de mesa, cuando era niño recuerdo que a mis padres les agradaba jugar en la mesa del comedor Parcasé o Parchís, divertimento en un tablero con fichas de colores y dados donde pasábamos muy buenos ratos familiares compitiendo por ganar.
En la adolescencia con mi eterno grupo de amigos comenzamos a adquirir un gran gusto por los naipes, concretamente por el póker, único juego que a la fecha me sigue gustando, pero que no practico con frecuencia.
Creo que es un entretenimiento que integra la inteligencia, el blofear, la estrategia y el apostarle a la suerte de las barajas que el destino te atribuya.
Con 52 piezas puedes hacer una gran cantidad de combinaciones de acuerdo a las reglas del juego: un par, una tercia, un full, un póker o una corrida, y hasta la corrida imperial que mata todo y ganas.
Durante muchos fines de semana religiosamente nos reuníamos en la casa de Ángel (mejor conocido por la raza que éramos como “El Pato”) y en un cuarto alejado de las habitaciones de sus señores padres, nos dedicábamos a barajear los naipes y con miradas severas, los asistentes al convite apostábamos monedas de un peso para lograr ganar cada partida, que se podía prolongar hasta altas horas de la madrugada acompañados de un buen trago.
Cuando el sueño nos vencía jugábamos todo por el todo entre los últimos dos contrincantes y nos íbamos a dormir, cada quien a su casa; eran unas cuantas cuadras las que separaban nuestras viviendas.
Al día siguiente el ganador invitaba a todos al cine en el Centro Cultural Universitario; era muy divertido.
Cuando no teníamos ni siquiera esos pocos pesos apostábamos con frijoles, porque era más barato comprar una bolsa que los dichosos pesos. Consecuentemente al día siguiente no había cine, pero de cualquier manera nos divertíamos como enanos de circo.
En una ocasión el hermano menor de “el Pato” a quien le asestamos el mote de “el Valdez” (porque era igual de loco que el Loco Valdez), ante la falta de recursos monetarios, y siendo mucho menor que nosotros, le pedimos que trajera de la despensa familiar unos frijoles para poder "apostar".
Resultado: varios minutos después apareció el émulo del Loco blandiendo un enorme sartén y diciendo: “sólo encontré frijoles refritos”, lo que provoco a todos carcajadas que duraron muchos minutos.
UN ÚLTIMO CHAPUZÓN: A la fecha me sigo preguntando: ¿Para apostar deberíamos haber puesto en un plato cucharadas de las machucadas leguminosas?

Cargarse de Energía
Desde hace relativamente poco tiempo las personas han tomado la costumbre de “cargarse de energía” en las pirámides que nos legaron nuestros antepasados prehispánicos.
Desde que me enteré de este fenómeno me pareció algo que cae en lo surrealista, por no decir en lo ridículo.
Cada quien y sus creencias. En fin, cada uno es libre de hacer lo que le plazca, convenga y quiera.
En marzo, en un fin de semana largo, miles de personas acudieron a estos cuerpos geométricos que tienen como base un polígono y sus caras laterales son triángulos que se juntan en un vértice común.
Chichen Itzá, Cuicuilco, el Tajín y Teotihuacán entre muchas otras, fueron visitadas por miles de personas ataviados con ropa blanca para recibir la energía requerida, dicen, para el resto del año, en este fenómeno estacional conocido como equinoccio de primavera.
Dicho en palabras coloquiales “despedimos” el invierno y damos la “bienvenida” a la primavera.
Los que saben, aseguran que estas estructuras acumulan energía que tienen la capacidad de afilar como por arte de magia chuchillos y navajas; conservar por más tiempo alimentos y que fueron construidas con la asesoría de extraterrestres… en fin una gran cantidad de mitos no comprobados científicamente, hasta este momento.
Lo que sí es un hecho consignado por especialistas de la Máxima casa de estudios del país, es que la marabunta humana que arriba a estas estructuras está debilitándolas por el peso de sus masas corpóreas, asunto que me parece injusto para las generaciones futuras, que probablemente encontrarán despojos de lo que fueron majestuosos vestigios de quienes nos antecedieron.
UN ÚLTIMO CHAPUZÓN: con todo respeto quién se quiera cargar de energía que se compre un paquete de pilas y se las ponga donde mejor le quepan.