REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
27 | 07 | 2017
   

Confabulario

El laberinto de los enigmas - Parte 1


Cornelia Păun Heinzel

Julián abrió el periódico y estuvo leyendo los artículos aburridos, solo uno de ellos le llamó su atención. Una hermosa y famosa cantante rumana que actuaba en la Ópera de Viena, fue encontrada muerta en el baño con una bolsa de plástico en la cabeza. En el artículo, venía escrito que su marido no trabajaba y que vivía del dinero de su esposa, gastándolo en los clubes además de tener numerosas aventuras con mujeres. Ahora tendría una impresionante riqueza debido a su esposa. “Se consideraba que había sido un suicidio” -decía el siguiente artículo.
Andrés, su hijo, cogió el periódico y leyó vorazmente el artículo con satisfacción:
Julián, su esposa Alina y su hijo Andrés, iban rápidos en la autopista dirección Múnich. Apenas habían salido del túnel, cuando su esposa Alina le dijo:
–“Detente, tengo que ir a un sitio, yo he tomado esta mañana mucha agua mineral, té y café”.
Julián detuvo el coche de repente, Alina descendió y caminó hacia el campo, regresó al cabo de cinco minutos.
Estaba detrás del coche y quería cambiar de lugar, quería llegar a su asiento al lado del conductor del coche delantero.
De repente Julián dio marcha atrás de improviso con el coche. Alina quedo inmediatamente atrapada sin ninguna posibilidad de sobrevivir. Por detrás acababa de llegar un camión enorme, que pisó el cuerpo caído en un segundo.
El conductor detuvo el vehículo asustado, descendió y llegó hasta Julián rápidamente.
- ¿Qué ha hecho? ¿Había alguien en el suelo? –preguntó el hombre alemán.
- Mi… mi esposa… murmuró Julián titubeando.
La policía local llegó rápidamente y después la ambulancia.
Colocaron a Alina en la camilla. Y a Julián se le dejo que explicase lo que había ocurrido. Andrés, su hijo, permanecía en estado de shock, estaba con la mirada fija desde que ocurrió, él amaba mucho a su madre y no entendía lo que había pasado. Sólo sabía que él estaba sin ella y que su madre iba en una ambulancia.
-Debes aguantar y superarlo, Andrés. ¡Se fuerte! –le dijo Julián.
Entonces Julián llamó a su suegro, que adoraba a su hija, la amaba. Necesitaba dinero para repatriar el cadáver desde allí.
-Soy Julián. Estoy cerca de Múnich, pero tuve un pequeño accidente y Alina fue la víctima.
-¿Está en el hospital? –dijo el anciano asustado. ¿Mando dinero para salvarla?
-No ha sobrevivido. Ya está en el depósito de cadáveres y no tengo dinero para regresar a casa, por favor envíame dinero haciendo un giro en el banco. Es muy caro -explicó Julián.
-Pero, el chico, Andrés, ¿Cómo está él? –preguntó el abuelo, conmocionado con lo ocurrido.
-Está bien, no le ha pasado nada –dijo Julián.

Julián era feliz. Él se había convertido en un ídolo de las mujeres conocidas, sobre todo entre las estudiantes de la Universidad, donde era profesor, de sus vecinas, de todas las mujeres conocidas. Era atlético, alto, sin afeitar, con poco pelo en su cara, siendo permanentemente un hombre sufriendo apuros tras el fallecimiento de su esposa Alina, el amor de su vida. Él encontraba consuelo con cualquier mujer que encontraba, impresionado que en esta época existen hombres que aman intensamente como en las películas clásicas de amor…
En su estudio de pintura, estaba Andrada, rubia, con el pelo largo y suave, flexible, con un vestido ceñido tan desgastado que se trasparentaba de color rosa, con una camisa de color magenta de diseño recortado. Le miró lánguida, con sus pestañas postizas largas y a menudo exageradas, parpadeando.
-Llegué al laboratorio, señor profesor –dijo la joven con voz suave.
-Tenemos que seguir adelante con sus clases. Pero ¿dónde están sus compañeros? –dijo el hombre.
-¿Cómo voy a saberlo? Soy una estudiante muy concienzuda, respondió con su forma habitual. Quiero aprender tanto… de ti –dijo la joven- haciendo énfasis en su última palabra.
La puerta se abrió de golpe y entró Andrés.
-¡Oye papá! ¡Terminé las clases por hoy! Estudié historia, nos abandonamos al placer.
-Pero, si lo diste la semana pasada –dijo Julián.
-Sí pero es un maestro muy severo, y el muchacho le dio la explicación completa.
-Tengo que esperar a terminar el seminario –dijo Julián.
-No hay problema, me gusta estar aquí, también aprendo algo sobre pintura. Preparándome para cuando vaya a ser estudiante de aquí –dijo el muchacho – si alguna vez me convierto en uno… Tú me has dicho que la sección tuya es la más fácil, con pintura religiosa.
Estaba oscuro. Debían salir juntos, Julián y Andrada salieron primero del edificio. Andrés los siguió en silencio, ellos estaban a una distancia aproximadamente de cien metros.
-Aquí estoy –dijo Andrada- ¿No subes conmigo a mi habitación? Por favor, por favor –dijo ella con una voz que no se podía rechazar. Tomamos un café y una tarta hecha por mí.
-Pero, ¡Yo estoy con Andrés! –dijo el hombre liado.
-Deja papá, me voy a casa solo, soy mayor –dijo el chico.
-Pero… es peligroso –continuó Julián indeciso.
-¡Vamos! Estoy seguro de que puedo llegar –asintió
Andrés –Adiós papá. Nos vemos pronto en casa.
Julián miró a la joven. –Vamos y nos sentamos, debemos subir a pie, el ascensor está roto.
La casa estaba cerrada y emanaba un olor desagradable a chucrut, subieron las escaleras en la oscuridad.
-Ésta es mi casa –dijo Andrada- abriendo una puerta fea, de madera prensada, pintada de blanco. Y se precipitó con sus brazos alrededor del cuello del hombre, besándole apasionadamente.

Julián llegó tarde a casa.
Andrés lo estaba esperando nervioso.
-¿Qué te pasó? –le preguntó al hombre. Hubiese sido mejor venir contigo.
-No es nada, estoy bien –dijo el hombre bruscamente, mientras se lavaba las manos que chorreaban continuamente un líquido rojo –vete a la cama.
Ya por la mañana, Julián encendió la radio, era la hora de las noticias.
“Cerca de la Universidad de Bellas Artes, una asistenta encontró el cuerpo de una joven estudiante, muerta asfixiada en el baño, con una bolsa de plástico en la cabeza” –dijo la voz del presentador.
Cogió el periódico de la mesa de la cocina y un artículo le llamó la atención. Un millonario murió en un accidente náutico, su amante salió milagrosamente ilesa, fue ésta quien heredó su imperio financiero y se convirtió en la reina de las salchichas. El hombre había sido un camarero antes de la revolución, pero con la actividad que realizó de alta seguridad para ésta, le ayudó a comprar la antigua fábrica de embutidos casi gratis, siendo socialista en su ciudad de residencia emprendió negocios rentables utilizando las relaciones que había hecho entre las personas de la “Securita”. Él se había divorciado de su esposa y su amante actual fue ex colega de la camarera.