REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 11 | 2017
   

Apantallados

El cuerpo poético del actor como signo teatral


Francisco Turón

Pensemos en el cuerpo desde el actor, pero esto es trasladable a cualquier otro rubro escénico. Un actor, en principio, es la tríada de cualquier humano: bio-psico-social, pero con la diferencia de que su cuerpo está traducido a un sincretismo compuesto por un considerable sinfín de cursos, seminarios, talleres, diplomados, que son prácticamente innumerables. Existían técnicas que en el siglo XX se hubieran matado mutuamente entre sí, pero que ahora aparentemente pueden convivir en paz en esos cuerpos, en esas mentes y en esos espíritus de los actores contemporáneos. Sin embargo, son técnicas incompletas. Ninguno de esos cuerpos, mentes, y espíritus, han hecho el proceso de adquisición total de esas técnicas en su instrumento bio-psico-espiritual. Siempre es una cuestión temporal e inconclusa, sin progresiones de procesos, que hace una bolsa de informaciones, pero no hay una lógica que componga lo que todos esos entes bio-psico-social-espirituales, contienen en su aparato psico-físico.
Entonces son cuerpos, mentes, y espíritus, que a diferencia del siglo XX, actuar en el siglo XXI no se aplica una sola técnica porque se tiene información de muchas técnicas, pero todas incompletas. La actuación deja de ser aplicación. Incluso que la persona que me convoca para dirigirme comparte una lógica conmigo. El director está esperando algo que yo finalmente hago. Entonces, la actuación deja de ser una aplicación, y empieza a ser una invención. Esos cuerpos, y esas mentes, tienen que ver cómo le hacen para actuar juntos.
En la actuación hay que tener un discurso veraz para hablar en presencia del público. Los actores le hablan más a la cabeza del público, que a su presencia. Acomodar las situaciones en relación de los cuerpos no es algo que siempre es posible. No siempre los cuerpos de los actores son convocados a situaciones que pueden habitar la percepción del encuentro. Casi siempre la actuación está habitada como un engranaje de una obra, que planteado como una meta-obra (una obra dentro de la obra). Como si la actuación fuese la fuente que constituye la ficción, y no el cuerpo como un dato de la situación. Hay un nivel de diferencias que pueden llevar las situaciones escénicas, y capacidades concretas, que cada configuración genera para el cuerpo del actor. Cada situación en relación a su configuración espacial: ¿qué es lo que está presuponiendo que esos cuerpos pueden hacer juntos? La aproximación empieza a ser el dominio de la percepción, de lo que se puede hacer para los ojos y los oídos, y ése es el reino específico de la actuación. La actuación le puede servir a las cabezas, puede ejecutar cosas que otros imaginaron, o escribieron, indicaciones que otros dieron; o puede generar un espacio, de reciprocidad y de concordia, donde todo lo que se está decidiendo tiene que ver con el intercambio perceptivo, lo que concretamente el actor puede hacer, para los ojos y los oídos del público, desplegado desde sí mismo en la encarnación de una lógica que lo trasciende.
Partir de la heterogeneidad de los elementos y las propuestas, que es lo que es un elenco cuando se encuentran. Un elenco, en principio, es un conjunto de heterogeneidades, procedimientos particulares, tanto de parte de los actores, como del director. Ese origen heterogéneo de las identidades, y de los procedimientos, se tiene que lograr inter-modificar para inventar una manera de estar juntos. La eficacia de cada uno tiene que ver con inventar su potencia, en composición con la potencia de los otros. Esto es algo muy difícil, y por eso hay poco, porque en general lo que más vemos, es que los procedimientos logran justificarse por el impacto que inventa cada uno, y no por la manera de reunirse esos cuerpos y esas mentes.
La dramaticidad existe cuando el cuerpo de un actor transita un espacio mientras un espectador lo observa. La observación inevitablemente modifica al cuerpo poético del actor que es observado por los espectadores. Se puede hacer teatro sin director, sin presupuesto, sin libreto, sin palabras, sin escenografía, sin vestuario, sin música, sin iluminación, sin difusión, e incluso, sin publicidad, pero no sin la triada de: espacio, actor y público. La proposición del arte viviente del actor como un cuerpo poético habitando un determinado espacio en un acontecimiento convivial es el planteamiento de una idea que va desde un cualisigno, hasta el símbolo, para construir el argumento de una puesta en escena. El cuerpo poético de cada actor posee su propio lenguaje. El cuerpo del actor es un instrumento de trabajo que está programado por varias técnicas incompletas, fragmentadas, para solucionar los distintos problemas escénicos que confronta. Por lo tanto, el actor tiene que interpretar, con su propio cuerpo poético como si se tratara de un signo dentro de la escena capaz de generar diversas dimensiones semióticas. La gramática del cuerpo poético como elemento creativo de las artes vivas, es una suerte de muchos saberes contenidos en diferentes dimensiones. Se puede hablar del cuerpo poético del actor como signo del teatro como: lo primero, lo segundo y lo tercero. De hecho, las proposiciones tríadicas resultan ser una simbiosis infinita. El cuerpo poético como obra de arte viva en la escena es otra lógica tríadica: sintáctica, semántica y la pragmática. ¿Cómo se relacionan esta tríada con las disciplinas escénicas? La función sintáctica del cuerpo en el teatro, tiene que ver con un determinado lenguaje que utiliza el actor, a través de una estructura psicofísica que incluyen la voz como otro cuerpo independiente, y las palabras que pronuncia en cada diálogo su personaje es dar otro paso sobre una cuerda floja sin red a varios metros de altura. La función sintáctica en las artes escénicas, tiene que ver con el papel que desempeña una palabra, o morfema o constituyente sintáctico dentro de una construcción sintáctica que la incluye en todas las relaciones de combinación o relaciones sintagas que una palabra mantiene con los demás vocablos de un contexto. Las funciones sintácticas ligan las palabras entre sí en el eje sintagmático o combinatorio de la expresión, frente al eje paradigmático o sustitutorio de ésta. En las artes vivas el término semántica aplica para los aspectos del significado, sentido o interpretación de signos lingüísticos como símbolos, o palabras, circunstancias, expresiones o representaciones formales, situaciones o conjunto de cosas que se encuentran en un mundo físico, real o ficticio y abstracto, que puede ser descrita por dicho medio de expresión. Dentro de la semántica lógica del actor, se desarrollan una serie de problemas lógicos de significación a nivel corporal, mental y emocional; y a su vez, estudia la relación entre el signo lingüístico y la realidad producida por una ficción que permita las condiciones necesarias para que el cuerpo del actor sea interpretado como un signo, que pueda aplicarse a un objeto, y a las reglas que aseguren una significación exacta. Ahora, la pragmática teatral es una parte de la lingüística que estudia el lenguaje en relación a los espectadores y las circunstancias de comunicación, y por otra parte, es lo relativo a la práctica o a la realización de las acciones físicas. El cuerpo poético del actor como obra de arte viviente es una filosofía de comunicación del fenómeno aurático entendida como una desambiguación que se interesa por el modo en que el contexto influye en la interpretación del significado. Hay que codificar una serie de elementos y para poder codificarlos desde la lógica pierciana se hace con la característica de: signos con signos, signos con objetos, y signos con interpretantes, siendo el cuerpo y la mente del actor: el intérprete. Hay que hacer una decodificación de signos a partir de la anatomía del cuerpo del actor en una situación de representación ante un público. Una realidad construida a partir de varios interpretantes en las diferentes dimensiones semióticas. Los signos con signos, generan una gramática teatral. Lo pragmático en el cuerpo poético del actor como elemento creativo está más en el sentido epistémico, y no tanto de la práctica en sí misma. Cada interpretante va a construir determinados sentidos, y teatralmente hablando, va a determinar gramáticas particulares para ello, y a construir sentidos sobre procesos creativos a partir del cuerpo poético del actor.