REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 11 | 2017
   

Arca de Noé

Justicia transicional vampira


Héctor Nezahualcóyotl Luna Ruiz

     A Evita Orduña y Ángeles Magdaleno

Después de hablar sin parar durante más de dos horas, el doctor Bela Tepes tomó un respiro; valiéndole sorbete la reglamentación al respecto, extrajo un enorme puro “Cohiba” y encendiéndolo con los ojos lo fumó profundamente y soltó el humo con parsimonia. El público lo observó con la comprensión que una trabajadora de psiquiátricos tiene por sus asistidos, y varios extrajeron sendos cigarros, relajándose la velada. Entre las volutas de humo, la lánguida voz del doctor Tepes fue soltando latinajos, más al aguzar el oído la concurrencia se percató que no eran sentencias o proverbios, sino masculladas mentadas de madre porque se estaba apagando su puro. Al fin alzó la voz: “El derecho de víctimas entre los vampiros está igual de atrasado que el de ustedes, con la diferencia sustancial que, al tener la capacidad de resucitar, los vampiros pasan de víctima a victimario en un santiamén (¡arg!)”. De esta manera, la Ley del Talión pasó en un tiempo a formar parte como figura jurídica atenuante de la gravedad que se le impute al delito cometido, como señalaba la fracción II del artículo 26 del Código Penal Vampiro, recordemos: “Comete delito de vampiricidio el que priva de la media vida a otro”. Y la fracción segunda indicaba claramente que: “II. Si la víctima de un atentado logra salvar la vida en el momento del ataque, tendrá la oportunidad de devolver el agravio, hasta en idéntica proporción al ataque referido, sin perjuicio en su contra”. Sin embargo, esta “posibilidad de venganza” fue cruelmente satirizada por los diputados de la Duma Vampira, quienes al revisar el proyecto de Ley, derogaron la segunda fracción. Recuerdo como si fuera ayer, pues yo era de los jóvenes secretarios instructores, cómo bajaba y subía de risa la abultada panza del doctor Janos Nosferatu, diputado por los Sindicatos Hematófagos de Bucarest al ironizar. “La muerte es la interrupción de la vida. Aunque seamos vampiros tenemos media vida, pues no gozamos de las calidades y ventajas de la humana; empero, existen sus ventajas (volar, desaparecer, no ser detectado por los espejos y otros trucos mágicos) ante la humana, pero no deja de ser media vida. La otra mitad es la ignorancia: no se sabe de cuanto consta ni cuando termina. Esta realidad es la que nos hace preguntarnos: si hallamos en el ataúd de un vampiro el cuerpo muerto, afuera, y el cuerpo dormido de otro vampiro en su ataúd… ¿Debemos forzosamente suponer que el dormido mató al occiso? ¿No es cierto que no queda rastro de algunos vampiros después de muertos? Si investigamos el vampiricidio sin saber nada… ¿Cómo sabremos que la víctima primero trató de matar al victimario? ¿Cómo sabremos que la víctima alguna vez lo fue y de igual manera el victimario, que ahora es víctima?”. El jurista vampiro también hizo la distinción entre vampiricidio y homicidio: debe recordarse que, mientras uno es gravemente penado (prisión perpetua en ataúd de hierro sellado por fuera), el homicidio no se castiga pues equivale al crimen humano de matar una vaca (salvo en la India, claro está).
Fue en este punto donde el académico hematófago recordó su experiencia durante la Comisión de la Verdad por los hechos ocurridos en Bucovina, provincia de Rumania, en 1944, donde en verdad se cometió el más grave vampiricidio. Acababa de ocurrir la batalla en las afueras de Bucovina, donde los guerrilleros rumanos y el Ejército soviético se batieron contra las SS que seguían ocupando la región, pero cayeron ante la fuerza combinada que desde muy temprano los cercó y sitió en las afueras del poblado. Hecho el armisticio, se aseguró a los prisioneros y se organizó una opípara fiesta, pues los alemanes habían racionado y apartado bien sus reservas. Nada hubiera sucedido si uno de los capitanes rusos no hubiera preguntado insistentemente por los “mini aviones”, que tan bien los ayudaron disparando ráfagas de metralleta y bombas. Varias veces comenzaba la discusión y varias veces los oficiales rumanos la cambiaron o disfrazaron de algazara olvidarla; el capitán ruso sospechó algo muy raro cuando sorprendió a un oficial rumano reprender con dureza a uno de los guerrilleros por pasar distraídamente ante un espejo. Decidió consultarlo con el coronel Karpov, quien acababa de sorprender a dos oficiales rumanos examinando el cadáver de un centinela con la atención de un carnicero en sus próximos cortes y, recordando viejas consejas y tradiciones de sus respectivos pueblos acerca de los rumanos, llegaron a la conclusión que podía tratarse de vampiros humanos. El coronel llamó de inmediato al general Shinevsky, quien ante la gravedad del asunto, aprovechando su sitial en la nomenclatura, pidió hablar directamente con el camarada Josef Vissarionovich, más conocido como Stalin. El “Vozhd” se encontraba asumiendo sus responsabilidades como supremo ariete del Estado soviético, en la persona de Olga, una de sus tantas sonrientes y jóvenes secretarias, quien yacía apoyada boca abajo sobre el escritorio del padre de los pueblos de la Unión Soviética. El teléfono sonó, pero él no se detuvo; volvió a sonar, acompañado por unos discretos nudillos en la ventana y resignadamente paró las arremetidas, se subió los pantalones y contestó el teléfono.
- Más vale que sea algo en verdad urgente-, deslizó con voz de metal, pero una decidida operadora lo comunicó de inmediato con el general Shinevsky. El presidente del Soviet Supremo escuchó en silencio el rápido reporte de su compañero de armas y se quedó pensativo unos segundos.
- Ya saben lo que tienen que hacer.
- No, camarada, no se trata de…
- Yo tampoco creo en los vampiros, Yevgueni Pavelovich- cortó más que tijera el “Vozhd” -pero si hay una tradición que los hace vivir, hay otra que los mata; obra en consecuencia.
- Pero… ¡Fueron nuestros aliados!
- Hoy. Mañana querrán tu puesto; buenas noches, camarada.
El general Shinevsky colgó, se rascó la rubia cabeza breves instantes y se dejó caer pesadamente en su sillón; estuvo casi dos horas escribiendo en varias tarjetas, llamó a su secretario, quien espantado hasta el terror total escuchó algunas instrucciones y llevó los mensajes al capitán y a otros oficiales. La fiesta continuaba y, relajados, los oficiales y guerrilleros vampiros bailaban incansablemente y fanfarroneaban con los rusos con su capacidad de beber, cuando llegó al salón, con inusual algarabía, el general Shinevsky.
- ¡Salud, bravos camaradas! Me cuentan que no hay vodka que logre tumbaros… ¡Ah, pero yo aquí tengo uno que os hará gozar las mieles de Morfeo! Beban, beban sin miedo…
Incrédulos y confiados, los combatientes vampiros bebieron el vodka de la garrafa, a la cual el general había agregado unas gotas de jugo de ajo, y en un rato ya se sentían la reencarnación misma de Vlad Tepes. Primero sólo daban bandazos, pero uno a uno fueron cayendo en alcohólica modorra. El general comprobó complacido el éxito de su poción y ordenó detenerlos a todos; ordenó cavar tantas tumbas en el suelo y tepetate como vampiros habían, a quienes arrojarían a las fosas después de clavarles una estaca y cortarles la cabeza. Antes de proceder interrogaron al que parecía el menos beodo, un guerrillero encadenado que no tuvo empacho en explicar que no eran aviones individuales, sino simples vampiros volando, llevando una ametralladora o bombas en cada mano, según la misión. Las razones de su inclusión en el Ejército Rumano las explicaron dos jóvenes medio tarados, únicos no vampiros en el regimiento: a medida que avanzaba el Ejército nazi, los vampiros iban dejando sus guaridas y siguiéndolo, hasta llegar a juntarse 90, de los cuales seis fueron oficiales y los demás guerrilleros. Un día se presentaron y descubrieron en el campamento del regimiento rumano para sumarse, con tan mala suerte que casi todo los oficiales y soldados huyeron, menos los dos jóvenes, que nunca daban pie con bola en nada y tampoco se habían enterado de nada. Así se constituyó aquel regimiento, con 90 vampiros y dos seres humanos. Los vampiros, inflamados por el fervor patriótico rumano, no dudaron en arriesgar su existencia eterna, en lugar de dormir, chupar cadáveres y ocultarse, como cualquier vampiro decente.
El asunto pareció olvidarse, pues la NKVD se cuidó muy bien de divulgar el mínimo detalle del exterminio vampiril masivo. Como secreto de estado entre los dos países quedó, celosamente guardado: por el lado del gobierno imperial de Miguel I y Antonescu se hicieron de la vista gorda: tampoco simpatizaban con los vampiros (más aún, muchos de ellos eran judíos); al Vozhd, que ni le preguntaran. La masacre no se incluyó en los acuerdos de armisticio de 1944 y fue hasta 1967, cuando Ceaucescu, flamante presidente de Rumania, mencionó la batalla de Vucovina como la gran colaboración soviético-rumana, mencionando que perecieron todos de manera heroica y sin pedir tregua ni dar cuartel. Las familias vampiras de las víctimas, que guardaban el secreto pensando que nadie lo revelaría, no soportaron la tergiversación de la tragedia y mediante conferencia de prensa en Paris contestaron con un violento y sarcástico comunicado del que nadie se enteró: lo de “cortina de hierro” no era una simple metáfora. Fue la conferencia del doctor Janos Nosferatu en 1989, integrada por la entrevista que hizo a uno de los jóvenes tarados, Vratislav Ujica, recién liberado de la prisión de Sebastopol, la campana que llamó a recobrar la justicia de la noche del 30 de marzo de 1944. El anciano Ujica narró que no se acordaba de nada, mucho menos de los nombres de los oficiales o soldados rusos, pues como buen rumano no hablaba ruso y se le habían olvidado hace mucho los años de los 38 que estuvo en prisión, pero a preguntas expresas pudo describir el predio y las casas vecinas a donde se habían enterrado los cuerpos de los insepultos (es un decir). La Duma Vampira, después de una apasionada discusión, votó esa misma noche la integración de la llamada Comisión de la Verdad sobre los Vampiricidios del 30 de marzo de 1944 (COVEVAMP), que investigaría el exterminio de vampiros esa aciaga fecha. La integrarían el promotor e impulsor de esa justicia, el jurista doctor Janos Nosferatu, como presidente; el periodista Ion Clovic; y la exvedette y ahora conocida activista por los derechos humanos, Sofía Breeskt, como vocales.
Al principio, la comisión pasó las de Caín: como tardaban mucho en liberarse las partidas presupuestales, tuvieron que alojarse en principio en el viejo teatro de la familia Breeskt, compartiendo oficinas con las viviendas de familiares y arrimados. Se mezclaban los ruidos de máquinas de escribir y diversos tipos de música con los quejidos de los bebés y ruidos de baño. Obvio que para mantener unas oficinas es necesario sufragar una serie de gastos, que el doctor Nosferatu no alcanzó a cubrir satisfactoriamente y tuvo que hacerse cargo de los mismos la señora Breekst, gastos que anotaba puntualmente en una pequeña libreta que cargaba a todas partes. El doctor Janos Nosferatu había contratado al entonces desempleado temporalmente y eterno colaborador doctor Bela Tepes, junto con su secretaria Agatha Ludvitch; Ion contrató a dos esculturales vampiritas recién salidas de la Universidad; y la señora Breekst a un sagaz y taimado abogado, el maestro Georges Pinescu, que siempre cargaba con su discípula, la eficaz Nadia Finecci. La investigación la seguiría el doctor Janos, asistido por Ion, que además se encargaría de las relaciones públicas y políticas, mientras que Sofía Breekst se encargaría de la administración, debido a un puntual y estratégico deslinde por parte de sus compañeros comisionados. La representación jurídica la asumió el licenciado y maestro Pinescu, lo cual resultaría catastrófico para la presencia y misión ontológica de la comisión, como veremos más adelante. La investigación comenzó in situ, siguiendo el croquis que había dibujado Vratislav Ujica, al que se le hicieron tantas notas que llegó a ser inteligible, llegando a establecerse los sitios donde debían hacerse trabajos y excavaciones. Pero no había dinero. El presupuesto asignado a la comisión seguía estancado en la Duma Vampira y sin visos de solución o aceleramiento de los tortuosos procedimientos administrativos vampiros, que al regular a seres preferentemente eternos, ya se imaginarán ustedes el grado de tortuosidad. El doctor Janos Nosferatu decidió intervenir, utilizando todo su prestigio, toda su influencia, todo su peso intelectual, y toda la fortuna que le quedaba de la exigua dote y hacienda familiar, abrumada ahora por los gastos y las deudas. Filmó un documental de tres minutos, donde también él narraba los hechos de Bucovina, informando al vulgo vampiril del mundo de los esfuerzos de la comisión, a pesar de la falta de presupuesto, pues la Duma aún no liberaba los recursos necesarios. “Estos lugares no pueden ser excavados”, decía el doctor Nosferatu en el documental, a cuadro de medio cuerpo, caminando por la campiña de Bucovina, “porque a los holgazanes, sinvergüenzas y vividores diputados les importa un carajo garantizar la eternidad de todos los miembros de nuestra especie”. El video fue enviado a WhatsApp, Facebook y Twiter vampiros el lunes y el miércoles ya era viral. El escándalo mundial no se hizo esperar: millones de vampiros del mundo tuitearon desde sus ataúdes comentando, insultando y pidiendo que estacaran y les cortaran la cabeza a los diputados, y ofreciendo (así fuera lo mínimo) ayuda económica para proseguir las investigaciones. Los vampiros no son seres humildes, pobres o siquiera de clase media (salvo los burócratas), por lo que todos esperaron que no sería una bicoca lo que se recaudara, como efectivamente sucedió. En conferencia por Internet, el doctor Nosferatu señaló el sitio a donde mandar los cheques, giros y vouchers electrónicos, según se tratara, recaudándose al poco tiempo la nada despreciable cantidad de 800 millones de euros, que menos impuestos quedaron en 500 millones para reiniciar y terminar las investigaciones. Los diputados vampiros, aterrados por la inequívoca opinión que sus representados tenían de ellos, liberaron de inmediato otros cien millones de los 300 que pensaban destinar, juntándose todo en la cuenta que expresamente abrió el licenciado Pinescu. Entonces comenzó la transformación del doctor Janos Nosferatu, misma que no puede darse si no existe una malévola alma (en este caso media) que esté intrigando al ego ajeno, convenciéndolo de la recompensa por merecer per sé. Pinescu comenzó por convencer al doctor Nosferatu que uno de los gastos fundamentales de la comisión debían ser los alimentos, puesto que tratándose de una misión tan importante como la que realizaban, no debían escatimar en calidad ni cantidad. Como es sabido, los vampiros son tan tragones como un crudo en Garibaldi, por lo cual no fue nada difícil convencer al presidente de la comisión, que con cara de idiota imaginaba los atracones por venir y, balbuceando un babeante “sí, es preciso”, autorizó el incremento de la reducida partida de ese rubro. De improviso, Pinescu cambió los modestos changarritos donde él y el doctor Nosferatu degustaban sus modestos y sagrados alimentos (sangre de carnero y un vaso de vino), por incursiones heliogabálicas en los restaurantes más caros, donde incluso se les ofrecían todos los tipos de sangre humana. Una tarde, el doctor Nosferatu decidió que necesitaba unas nuevas oficinas, así como un nuevo escritorio (de caoba), cambiando las oficinas de la COVEVAMP a un edificio inteligente, que erogaba una renta de un millón de euros mensuales. Contrataron también diez profesionistas especializados por comisión y otros 30 trabajadores operativos y administrativos con el mejor sueldo, encargando el mantenimiento y limpieza a una empresa particular que explotó de lo lindo a sus limpiadores y afanadores. Al principio, Ion y Sofía aprobaban el uso exagerado del presupuesto sin chistar, pues el doctor Nosferatu siempre había sido “muy gente” con ellos, pero cuando se percataron de los festines en los restaurantes, no lo dudaron: decidieron hablar seriamente para beneficiarse ellos también. Hablaron pues con el doctor Nosferatu y el académico, que no le había llegado la pichicatería sino el dispendio, de buena gana decidió compartir sus privilegios y pronto fueron legendarias las comidas colectivas, con cuentas de hasta 1,000 dólares. Además, partió el presupuesto en tres, asignando a su oficina el 40% y a los vocales el 30% a cada uno, de tal manera que en las famosas comidas diarias a veces “invitaba” Ion, otras pocas veces Sofía y la mayoría de las veces el buen doctor Nosferatu. Pero no sólo de pan (sangrante) viven los vampiros. Tanto gasto superfluo erogado provocó pequeños y luego grandes robos en las oficinas y un día Pinescu habló largo y tendido sobre la posibilidad de contratar “gente de confianza”, esto es, de su propia familia. El doctor Nosferatu, que diario recibía la cantinela de su esposa con el típico “tienes todo y tan buena que es mi familia”, decidió contratarla, así como a tres de sus amigos, a su compadre Melec y a su comadre Irene. Sofía pagó todas las deudas habidas por la ocupación del viejo teatro (o sea que se reembolsó) y contrató a sus dos sobrinos favoritos, Ladiszlaz y Thomás, a dos amigos, tres amigas y a su comadre Irina, a quien reemplazó por Nadia, que, asqueada, había renunciado. El culpable de esto último no era otro que Pinescu, que no sólo intentó vanamente en convertirla en su amante, sino que había contratado a sus dos amigotes César y Miklas, y a dos amedrentadoras (92-60-92) “asistentes”, Sbovoda y Dobrinka, no tan remilgosas como Nadia. Ya se imaginarán de todo lo que acusaron posteriormente a Pinescu; mientras tanto, éste había convencido al doctor Nosferatu que realizaran un viaje a Checa y Eslovaquia a visitar a unos primos “de manera que descanse de todas las fatigas emprendidas”, lo cual Janos, que vio la oportunidad de descansar un poco de todo el trabajo ya relatado, aceptó gustoso. El viaje de intercambio cultural y científico que realizaron el doctor Janos Nosferatu, su esposa Katerina Belanova, Georges Pinescu, Bela Tepes, y las asistentes Sbóvoda y Dobrinka superó ampliamente las expectativas de todos. Un día Pinescu encargó a Sofía un gasto de 21 millones de euros en seguridad e investigaciones secretas, pero nunca se hallaron los comprobantes o evidencia alguna de que se hubieran realizado en verdad esos gastos. En otra ocasión solicitó 19,200 euros para elaborar ciertos informes, lo cual comprobó sin mayor problema, pero sin justificar el gasto realizado.
¿Y la investigación? Además de todo lo ya referido, con el dinero se pudieron financiar las excavaciones con todo rigor, localizando en primera instancia los ataúdes de los seis oficiales vampiros. Cinco de ellos fueron quemados sin que se pudieran consumir del todo y con el paso del tiempo, al tocarlos se desvanecieron, convertidos en hojuelas de ceniza volátiles, como en las películas. El que quedó no trataron de quemarlo sus victimarios y fue conservado íntegro, quizá impresionados por su aspecto; se trataba de un cuerpo con la cabeza desprendida de 170 centímetros de alto, con uniforme militar consistente en guerrera, pantalón y botas, que llevaba en las manos su cabeza con todo y casco. La cabeza era rubia, enjuta, con tantas arrugas que costaba trabajo encontrar lo que eran facciones y lo que eran simplemente arrugas; los ojos cerrados con la nariz y la boca muy juntas, como quien da un beso eterno. Era Nicolás Edesci, el oficial vampiro (teniente) que había explicado el enigma de los mini-aviones; el rostro tenía los ojos cerrados, con una expresión serena, como diciendo: “¿Ya me ven? Pues soy así…”. El doctor Janos, aprovechando la ocasión para lucir sus artes nigrománticas, dio una patada en el suelo al tiempo que golpeaba la coronilla de la cabeza cercenada, que no pudo disimular una expresión de disgusto; abrió un ojo desorbitadamente, luego el otro, y dijo en perfecto rumano: “¿pos qué quieres, cabrón?”.
- ¡Teniente Edesci!-, dijo el presidente de la COVEVAMP, -estamos investigando los penosos hechos acaecidos el 30 de marzo de 1944, cuando usted y otros 89 bravos combatientes de la libertad fueron traicionados y cobardemente ejecutados por orden directa del politburó de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
- ¡Oh, sí!-, contestó al fin la cabeza, -Los hechos en que fuimos… ¿Ejecutados?.... ¿Traicionados?.... ¿Los penosos hechos? Oh, fue tan triste, tanta desesperanza…- y comenzó a sollozar, tan fuerte, que se cimbró de más, soltándola las manos y cayendo a tierra, haciéndose un vistoso chipote en la frente. De nuevo colocada en las manos, con un vendolete en la frente, el teniente Nicolás contó que los oficiales rusos que lo “prepararon” siguieron tomando y conversando con él, hasta que Shinevsky los amonestó y apuró. Decidieron entonces matarlo de un balazo de plata y solamente cortarle la cabeza, pues les había caído simpático y les había dicho que “los vería pronto” si no lo estacaban como a los demás. A pregunta expresa, dijo que no estaba muy seguro del lugar donde fueron enterrados los restantes, pero era muy probable que sólo a escasas decenas de metros, pues ese día la gente iba y venía. Diciendo esto, la cabeza calló sepulcralmente.
- Ha muerto-, dijo el doctor Janos.
- ¿Cómo lo sabe?-, preguntó Ion Clovic.
- ¿Quién lo va a saber, yo que lo resucité o usted que no sabe un carajo?-, repuso fastidiado Nosferatu; esto denotaba también las serias diferencias al interior del equipo de investigación de la Comisión. Decidieron entonces seguir trabajando con la información proporcionada y dejar por la paz si estaba muerto o no, lo que sería de fatales consecuencias (para el cadáver).
Pues no fueron escasas decenas, sino a cuatrocientos metros de distancia encontraron los primeros rastros calcinados y a los pocos minutos la fosa donde arrojaron los restos calcinados de cuerpos, ropa, implementos de madera, cuero y plástico. La fosa tenía una dimensión de 3 X 3 y una profundidad de 2 metros, rellenadas las cenizas con tierra, excremento y desechos orgánicos e inorgánicos. Por supuesto que era imposible investigar y llegar a saber qué restos eran de qué persona, por la sencilla razón de que se trataba de cenizas y material consumido a carbón, pero aun así pudieron identificar algunas personalidades. Huellas, pedazos de propiedades, indicios que se concatenaban inexorablemente, la diligencia de los investigadores rayó en el fanatismo y ello sólo logró que varios huyeran con sus hallazgos y sus secretos, satisfechos de saber lo que muchos nunca sabrán. ¡Por ello sólo se recuperó la identidad de los seis oficiales y 32 soldados y combatientes voluntarios vampiros, que hicieron ver su suerte a las SS, esa fría tarde y noche del 30 de marzo de 1944!
El día del Informe no cabía un alfiler en el salón de sesiones del Colegio de Abogados Vampiros de Budapest, ya que, al dominar la gravedad, había vampiros por todos lados (colgados, parados, sentados o hasta acostados en el techo y paredes) y fue difícil comenzar la ceremonia sin contratiempos. Enormes fotos de los seis oficiales, y las encontradas de los 32 soldados (10) enmarcaban la solemnidad del momento, interrumpida en ocasiones por los acuosos carraspeos y toces de los vampiros viejos. Cuando el aire se empezaba a inundar pestilentemente de los gases y efluvios de los vampiros más antiguos, comenzó la ceremonia; el maestro de ceremonias, Ion, dio la bienvenida, mencionó el motivo del evento y sin más preámbulo dio la palabra al presidente de la Comisión. Con un frac impecable, cargado (¡of course!) a la cuenta de la Comisión, el doctor Janos Nosferatu comenzó su discurso:
“La Comisión de la Verdad sobre los Vampiricidios del 30 de marzo de 1944 (COVEVAMP), que investigó el exterminio de vampiros esa aciaga fecha, comparece ante el pueblo vampiro del mundo y presenta sus hallazgos y conclusiones. La investigación que ahora se muestra llegó al fondo de su objeto, adentrándose en los más oscuros rincones de la historia de la peor conflagración que se ha padecido. Nunca será suficiente el agradecimiento a todas las instituciones privadas que facilitaron sus archivos, extrañándonos, al mismo tiempo, la actitud de las instituciones públicas, que hicieron todo lo posible por fastidiarnos. ¡El diablo cargue con ellos! Siempre dieron su información a cuentagotas y con criterios mezquinos y característicos de una rinocerontesca cultura burocrática; tardaron demasiado en todos los procedimientos inherentes; y ocultaron deliberadamente información evidente. Actitud que contrasta con la esgrimida por la autoridad vampira rusa, que en todo momento ha colaborado en lo que se le ha solicitado y proporcionado sin remilgos la información necesaria”. Contó entonces la historia de los vampiricidios, complementada con lo descubierto en los archivos rusos sobre la intervención de Stalin y la manera como se cumplieron implacablemente las órdenes del “Vozhd”. Ante el asombro y terror de la concurrencia no vampira, mostró el video del interrogatorio a Nicolás Edesci, rubricando espectacularmente con la presentación de su cuerpo y cabeza, dentro del ataúd desenterrado. Mientras la concurrencia en pleno se acercaba a examinar y tomarse fotos y “selfies” con el despojo, el doctor Janos siguió hablando: “Dentro de algunos siglos, marzo de 1944 quizá sea un mal recuerdo y nos suene hasta chocante su recuerdo incesante; hoy es una realidad urgente de atender a la brevedad posible, pues…
- ¡De veras! -exclamó una impertinente reportera, -¿Qué es lo que piden de las autoridades?
- ¿Eh? Bueno, que se investigue y se indemnice a las víctimas… ejem, a los familiares de las víctimas y…
- ¿Ya localizaron a las familias restantes aparte de las que denunciaron?
- Ejem, pues, no, pero…
- ¿A ninguno de los familiares?
- Pues… No.
Todos los vampiros se miraron con interrogación. ¿De qué servía saber de una masacre cometida a ellos si ningún vampiro o humano, además de los denunciantes se responsabilizaba por su recuerdo o siquiera los añoraba? También era probable que muchos de ellos hubieran sido judíos (por ello la determinación de enfrentar a los nazis) y simplemente sus respectivas familias fueron exterminadas. El asunto sugería muchas más preguntas que, sin embargo, no las contestó el informe; ¿se trataba entonces de un informe incompleto? Pues sí. Comenzó entonces una serie de agresivas intervenciones de los periodistas, líderes de organizaciones y activistas vampiros, exigiendo más información y respuestas claras y precisas: “¿Cuántas víctimas son y cuántas las relacionadas en razón de familias e intereses? ¿Con cuántas familias se hizo contacto? ¿Qué universo de familias de las víctimas se investigaron para suponer que a ninguna más le interesaba el asunto? ¿Qué es lo que ofrece la comisión a las familias de las víctimas? ¿Cuántas solicitudes de información se realizaron, cuántas fueron resueltas y cuántas quedaron pendientes o incompletas? ¿Qué universo de estados o pueblos se utilizaron para buscar a las víctimas y sus familiares?”. Como se veía, el informe había omitido una serie de datos de importancia capital y que debía subsanar a la brevedad posible; eso en un entendido moral del asunto, pero el doctor Janos se había inmoralizado lo suficiente como para sólo pensar en huir de inmediato del lugar. Pretextó que debía atender una importante llamada de su celular, cuando fue sujetado de las solapas por dos manos que, cual garfios, se aferraban a su cuello: era Nadia Finecci, quien seguida de varios periodistas gritó: “¡A usted lo estábamos buscando, doctor Nosferatu! ¡Usted y el licenciado Pinescu deben responder por su escandalosa actitud de funcionarios públicos refocilándose en el dispendio y el derroche!”, acompañando a la oración un vistoso rodillazo en los huevos del vampiro, que no por nada dominaba las artes mágicas para no caer fulminado por el ataque. Ahogó un grito agudo más propio de un ratón, al tiempo que desaparecía en una nube oscura que poco a poco se perdió entre los rincones del edificio.
La reacción de las autoridades vampiras se resume en dos aspectos:
1) La emisión de orden de arresto o captura medio vivo o medio muerto del doctor Janos Nosferatu;
2) La iniciación de oficio del proceso penal por los delitos que se desprenden de los penosos hechos del 30 de marzo de 1944.
Con respecto al primer aspecto, no se pudo localizar al doctor Janos Nosferatu ni en el corto, mediano o largo plazo. Nunca se supo de caso tan ajeno y desentendido de la condición física de ubicuidad; se le enderezó procedimiento de responsabilidad y al cabo fue sentenciado en ausencia, inhabilitándosele del servicio clandestino vampiro por los próximos ciento veinte años. Ese día, el doctor Nosferatu envió un video al “youtube”, donde expuso en vivo: “Si bien dicen que 120 años no es nada, pudiendo simplemente purgar mi sentencia en silencio, apelaré de la grave sentencia que me infama y regresaré al servicio clandestino vampiro dignamente”. Mientras tanto, el juicio penal por los hechos de 1944 continuaba su curso, habiéndose girado vistas de la investigación de la COVEVAMP al Ejército Ruso, heredero y corresponsable de los hechos que se imputaban. El Fiscal ruso entendió que era preciso defender la postura oficialista de entonces, la cual obviamente no la representaba el gobierno pro-hitleriano de Antonescu, sino la sagrada voluntad de Stalin, y por ello simplemente negó los hechos. Los que se referían a los vampiros, claro, todo lo demás ya tenía una historia oficial documentada y esclarecida. Despreció y descalificó todas las pruebas sobre los vampiros; la entrevista en video con Edesci la calificó como “gigantesco fraude”, más propio de un espectáculo televisivo que una probanza robustecida para juicio. Desde su exilio, furioso, Janos Nosferatu ordenó a Pinescu sacar el cadáver de Edesci de la morgue y entregarlo definitivamente al gobierno rumano “para rotundo mentís de ese leguleyo eslavo”, remató desdeñoso. Pero el día en que, dramática y espectacularmente se mostró el cadáver del oficial vampiro rumano, se explicaron con todo lujo de detalles los excesos y la indisciplina administrativa de Janos Nosferatu, provocando tal escándalo que todos soslayaron la evidencia sobrenatural. Simplemente perdió toda credibilidad. Pinescu fue detenido junto con Sbóvoda y Dobrinka en el Aeropuerto de Sheremetievo, San Petersburgo, confiscándosele también el despojo del vampiro, acusado del delito de “violaciones a la Ley de Inhumaciones”. Más tarde se le vinculó corresponsabilidad en la causa contra Janos Nosferatu, pero como contaba con información delicada, dados sus contactos con la mafia rusa, no tardó en ser cooptado como testigo protegido de la policía rusa. El Juez, entonces, decidió reconocer solamente como víctimas a aquellas que pudieran comprobar fehacientemente que habían sido afectados en su patrimonio espiritual, honra personal o dignidad menguante, con el hecho de documentar que su familiar estuvo entre las víctimas.
Pero una vez más se dio, sin que nadie la previera o esperara, la revictimización. Las familias denunciantes pronto se redujeron a las de los seis oficiales y luego a tres solamente; el cansancio y el fastidio por el tortuguismo de los procedimientos no es algo que deba exigirse en la administración clandestina vampira. Primero no iban a las reuniones, no se comprometían en mucho o quedaban en algo y se desdecían; luego no contestaban los teléfonos, no contestaban siquiera a la puerta y evitaron todo contacto público y oficial. ¿La razón? Nunca creyeron en verdad que se haría justicia… “¿Quién quiere abogar por un vampiro, un ser de la noche, un paria del infierno, un depredador, al fin y al cabo, de la raza humana?”, escribió en su diario Stella Mjollasz, sobrina de Thomas Mjollasz, uno de los soldados vampiros identificados por el gobierno. Stella, solterona empedernida y reticente a todo lo que se relacionara con su tío, cambió abruptamente de opinión cuando se le informó que no sólo era su heredera universal, sino que debía recoger un cheque por 20 millones de euros en concepto de indemnización. Pasados quince días fue a visitar el lugar donde reposaban provisionalmente los restos de su tío y los seis oficiales; todos los medios del mundo reprodujeron el dramático momento en que Stella va a depositar el ramo de flores y, antes de hacerlo, cae en cuclillas convulsionada por los sollozos… aunque hay quien dice que no se trataba de sollozos, sino de alegres y malévolas carcajadas.
En cuanto al cadáver de Nicolás Edesci, los parásitos lo invadieron subrepticiamente y, ante la emergencia de que se perdiera irremisiblemente, lo cedieron a las autoridades rusas, expertas en momias de ornato. Lo limpiaron como pudieron y lo llevaron con todo lujo de cuidados a su nueva morada en el museo de L’Hermitage, en San Petersburgo. Mas, destino traidor, la aeronave se perdió en el camino y volvió a aparecer hasta seis meses después en un festival aéreo, sin que nadie haya aclarado su paradero (de la momia del vampiro).