REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 09 | 2017
   

De nuestra portada

¿A quién representan los gobernantes y los terroristas?


Hugo Enrique Sáez A.

El concepto de representación política está en crisis, aunque se siga empleando como discurso de legitimación universal de los actores sociales. Trump no “representa” al pueblo estadunidense y se sostiene en sus crisis con arranques de nacionalismo para agredir a su vecino, México, y a otros países. Los terroristas de Barcelona masacraron en nombre de Alá, mientras que millones de musulmanes no sienten que esas acciones estén contempladas en el Corán. Nadie en su sano juicio admitiría que el senador Carlos Romero Deschamps fue erigido al puesto legislativo que ocupa por multitud de votantes conscientes. Y la enumeración podría continuar.
Nos hallamos ante una nueva forma de ejercicio del poder a escala mundial en el que se privilegia el interés del homo economicus (como texto sagrado de fundamento) por encima de la justicia, de la igualdad, e incluso de la libertad (valores “permitidos”). Y se recurre al terror como instrumento de disciplina social que sume en el miedo paralizante, con lo que se legitima la violencia como respuesta a la disidencia. El mismo 17 de agosto en que ocurrió el atentado en la rambla de Barcelona se silenciaron en la información pública las decenas de muertos por la violencia delincuencial (aliada de funcionarios) y la indiferencia gubernamental en México, o bien la desaparición de Santiago Maldonado, militante de derechos humanos, secuestrado por la gendarmería argentina, y así sucesivamente.
La primera línea de “ataque al terrorismo” viene con la foto, sí, con el rey de España y su esposa visitando heridos en un hospital, y con Peña Nieto enviando condolencias vía tuiter. Que lo sepa la prensa: “estamos con las víctimas del ciego terror”. ¿Cuántas semanas tardó el presidente mexicano para mencionar el secuestro y muerte de 43 estudiantes en Ayotzinapa, hecho en convivencia con el ejército?
En cualquier punto del planeta (ayer Barcelona, Siria hace un rato) estás expuesto a pisar una mina, en un sentido amplio, que acaba con tu existencia. Terror es pariente lingüístico de temblor. Por cierto, los efectos de un acto terrorista generan impotencia, rabia, desazón, tristeza, miedo; es decir, un temblor del alma. También los crímenes individuales impactan por la saña en contra del cuerpo y por las absurdas razones que se cometen. El mundo atraviesa por una guerra sistémica que nos involucra a todos y nos obliga a extremar medidas de protección de la vida, rebajada a una mercancía desechable. En la Central de Abasto de la Ciudad de México mataron a golpes a un presunto ladrón. Y muchos se alegran de esa "justicia por mano propia". ¿No nos damos cuenta de que se requiere construir la paz desde el lugar en que nos hallemos y no incrementar la violencia? El objetivo de exterminio apunta a los excluidos, a los explotados, a los militantes, a los débiles.
En un magnífico libro (Informe Lugano), Susan George exponía hace algunos años que el bloque económico-político dominante a nivel internacional estimula la violencia como una forma de reducir la población de la Tierra: el hambre en el cuerno de África, las enfermedades curables que terminan con la muerte de los excluidos, las epidemias, los conflictos étnicos, las mafias del narcotráfico, las guerras en países pobres, la venta de armas a grupos terroristas, la desigualdad provocada por la acumulación de la riqueza en el 10% de la población mundial. La reacción de las autoridades frente a la desgracia que mutiló a varias familias por la acción demencial de individuos perversos y resentidos se manifiesta por esquelas de pésame y promesas de represalias. Ahora bien, ya conocemos que las represalias se desencadenan en contra de objetivos que convienen a los intereses de los millonarios: Iraq en su momento, Venezuela en nuestros días. No basta la lamentación, tratemos de comprender el contexto en que los terroristas actúan con bastante impunidad, y también tomemos conciencia del totalitarismo que se está instalando a nivel mundial. Es hora de resistir y no aceptar las provocaciones cotidianas que nos dividen aún más en tribus irreconciliables.