REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 11 | 2017
   

Confabulario

Una grieta en el corazón


Rocío Fiallega

Hace 32 años tembló… y nos abrió una grieta en el corazón, en la misma fecha, se nos volvió a abrir la herida, encontramos lo mismo: un pueblo hecho de coraje y fuerza interior, de solidaridad y de riqueza.
En nuestro México de rituales conmemoramos el temblor de 8.2 grados, del jueves 19 de septiembre de 1985 con un simulacro nacional, para salvar vidas y tener una cultura de prevención. Nadie se imaginó que dos horas después de celebrado el ritual la tierra se movería, ahora a 7.1 grados, con epicentro distinto. Coincidencias.
Nanosegundos de incertidumbre, de mirar a la muerte a los ojos, de hacer en imágenes nuestra autobiografía, todo eso mientras nos pegamos a la columna, o salimos corriendo hacia las escaleras (hacia abajo para salir, o arriba para ser rescatados) o abrazamos al de junto o nos fuimos cayendo. Cada cual tendrá su experiencia distinta. Masticamos el miedo.
Buscando certezas, acudimos a los teléfonos móviles, a las noticias por la radio, a empezar a caminar y caminar a falta de servicios de transporte o a subir al coche a quienes fueran al mismo sentido, calles cerradas, edificios caídos. Ya que la familia está bien, hay que salir a ayudar, dicen que aquí a cinco cuadras se cayó un edificio. Buscamos y creamos noticias.
Cualquier acceso a internet o la televisión nos dotó de imágenes, de criterios, de angustias, de miedos, de engaños (Frida Sofía dixit), de esperanzas, de ternura (qué bonito perro labrador), de orgullo (cuánta gente vino a ayudar hasta de varios países) de interrogantes, ¿de veras hay actos de rapiña? ¿por qué la gente se va a ayudar a la Del Valle y no a Xochimilco? Confirmamos las dudas.
Escuelas y centros laborales tuvieron un impasse, hubo tiempo para el reencuentro, para reconocernos dentro del seno familiar, para darnos cuenta de nuestra fuerza interior. Acopio sin manos a quien dar, albergues esperando huéspedes, y en el otro lado de la moneda, quienes no tuvieron qué comer o con qué taparse. Pudimos reconocernos.
En los días subsecuentes nos volvimos expertos en el sismológico; en cómo detectar si las cuarteaduras de una casa podrían hacerle daño a la estructura o no; también cambiamos de opinión y en lugar de recomendar el círculo de la vida, dijimos que era mejor el repliegue: busque trabe o columna; pero antes dijimos que en las escaleras o en el baño habría que resguardarse. Ahora somos maestros.
Después de comunicarnos con la familia cercana, empezamos a re-encontrarnos con el entorno cotidiano, y las frases de saludo ahora eran: ¿Cómo te fue en el temblor?, ¿Y la familia, todo bien?, ¿A qué hora llegaste a tu casa?, ¿Con qué ayudaste?, Por eso te dije que te compraras un teléfono con WhatsApp, fue lo único que funcionó ese día. Volvimos a la normalidad.
Fuerza México se volvió en el hastag viral, incluso hubo un concierto gratuito el domingo 8 de octubre; no sabemos si esta Fuerza México vaya a desbancar al “México, siempre fiel”. El puño derecho en alto, con el que se pedía silencio en los rescates de personas vivas de debajo de los escombros, ahora se inmortaliza en la edición de este año del reloj Big Bang suizo, todas las ganancias de ese reloj serán donadas a la Cruz Roja. La vida sigue.
El mensaje reiterativo enfatizando la sorpresa fue que quienes salieron a dar ayuda fueron los jóvenes, sí, esos Nini (ni estudian ni trabajan) que son apáticos, que no votan, que no saben lo que son los valores cívicos. ¿A quién le sorprende que quien se compromete en la construcción de un país haya dado todo de sí? No conocemos esta juventud.
Todas estas imágenes están ahora en el imaginario colectivo. No necesitamos que nos digan que somos una gran nación, nos vivimos reconociendo nuestras grietas.