REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2018
   

Confabulario

Las enseñanzas de la hija adoptiva del cura y de la profesora de psicología con sus nuevos compañeros de clase


Cornelia Păun Heinzel

La psicóloga Alice Tarcovnicu miraba curiosa la pantalla del ordenador portátil, leyendo el correo electrónico de María, su hija adoptiva. La adolescente olvidaba cerrar el correo electrónico de su ordenador.
La mujer estaba contenta de poder conocer más sobre su hija adoptiva, la persona que había cambiado por completo su vida de familia, sin su existencia habría arruinado su vida, incluso su comportamiento con los alumnos líderes de la enseñanza del colegio en el que ella trabajaba desde hacía muchos años.
María parecía ser un enigma indescifrable, no solo para ella como psicóloga, sino también para otros adultos.
- “!Dios!, Señor !que palabras pornográficas! –Exclamó la mujer sorprendida-. ¿Dónde habrá mi hija aprendido a hablar así? De hecho yo no lo hago, en nuestra familia no utilizamos esas palabras, ni yo, ni mi marido, ni mis hijos. Su madre biológica, era una prostituta, que frecuentaba a muchos hombres, le hicieron los hijos cada uno de estos hombres, vivía en un ambiente promiscuo. Sin duda, la mujer había tenido un comportamiento indecente y un lenguaje vulgar. Pero yo críe a María bien, le había enseñado lo mejor que podía. ¿Qué influencia increíble tenía el factor hereditario? El dicho “la manzana no cae lejos del árbol” demostraba en este caso, como una venganza. ¿Qué imágenes había enviado a los hombres con los que ella hablaba en internet? Yo creía que ella solo se desnudaba y caminaba así frente a mis hijos y a mi marido. ¿Qué diría un sacerdote sobre esto? Pobre Ilie, me dije cuando pensaba en las posiciones de María. “Protégeme Señor del pecado”.
“Pero, ¿qué hace María cuando no estoy en casa?, si ella se desnuda y envía fotos en distintas posturas a los hombre por internet y ella les dice las cosas que he leído. ¿Qué harán los hombres de mi familia en casa? Cuando la adopté, sabía que su madre era una mujer frívola que iba con muchos hombres, todos sus hijos, tienen un padre distinto. Pensé que si ella se criaba en un ambiente diferente, educado, religioso y amante de la paz, como el nuestro, el resultado sería positivo. El silencio en el seno de nuestra familia desapareció, con la llegada a casa de María. En este caso, se demuestra claramente la herencia, los rasgos heredados son decisivos; el medio ambiente no tuvo ningún efecto sobre ella –dijo la mujer enfadada.
-!María, ven aquí! ¿Qué significan estos mensajes y estas fotos? –gritó Alice-. Pensé que eras seria, hice todo lo que querías, te he comprado todo lo que has querido, sin importar lo caro que era. Mis hijos son mayores y nunca hablaron así, nunca han causado problemas pero tú…
-¿Qué haces con mi correo electrónico? –Gritó la adolescente con tono acusador-, has violado mi privacidad. ¿Qué si mi padre es un sacerdote tiene que usar pañuelos y besa reliquias?
No soy vieja como tú. Soy joven y tengo que disfrutar y entretenerme con los hombres. No tienes ni idea de cuántos fans tengo en internet y por supuesto en la casa. Estás obsoleta, no tienes ni idea de lo que les gusta a los hombres, no sabes en absoluto cómo dibujar a los hombres.
La señora Tarcovnic había pasado de los cuarenta años, pero seguía siendo una mujer bella, rubia oxigenada con la nariz y los labios finos, con el rostro con un tono oliva y un cuerpo equilibrado. Parecía incluso más joven que cualquier mujer de su edad. Nadie tuvo ante ella esa crueldad. Con esa afirmación, María tocó un punto sensible. “¿Tanto he envejecido? –preguntó de pronto ella.
Alice quería asesorar a la chica y de repente, ella era la única que necesitaba ser consolada. “Si María lo dice, quizá lo sea” “Puede que Ilie cuando mira a María, se olvide de las cosas sagradas, cuando María está caminando completamente desnuda por la casa y realizando unas posturas increíbles que revelaban sus más íntimas y profundas regiones. Entonces la chica empezó a reír histéricamente, como si fuera a vengarse de alguien. Pensó en la posición preferida de la adolescente, con una pierna bajo la parte inferior, postura que le permitía mostrar sin pudor sus intimidades en la que se hizo numerosas fotografías, que había expuesto descaradamente en Internet. “Me pregunto, ¿quién le enseñó esto? La chica llevaba el pelo color rosa, mira lo que le pasó en su cabeza, !y les gustaba a todos los hombres! Aunque no hubiera visto eso, pero lo que escribía, hacía volverse completamente locos a los hombres.

* Parte I del libro El laberinto de los enigmas