REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
25 | 06 | 2017
   

Artes Visuales

Marianela de la Hoz: Diálogos deslumbrantes en el Museo de Arte de San Diego, California


María Helena Noval

Expuesto en el San Diego Museum of Art (SDMA) con el título El Cielo y la Tierra: La libertad predeterminada de una vida indeterminada, el retablo pintado recientemente por Marianela de la Hoz viene a confirmarnos, definitivamente, no sólo que la pintura mexicana goza de una salud envidiable, sino que la temática feminista todavía abre interesantes posibilidades de reflexión en torno a las nociones de libertad y destino y el arte como denuncia.

La pieza, sencillamente deslumbrante, consta de predela, copete, una pintura central y ocho pequeñas dispuestas a los lados. El tema central es Eva, la “Madre de todo lo vivo” y su historia como símbolo: la pintora no pretende evangelización alguna, sino el cuestionamiento de nociones opuestas como pecado y virtud, justicia e injusticia, exceso y abstinencia, masoquismo y perversidad, auto-desprecio y perversidad, castración y lujuria, etc., a través de uno de los referentes culturales más difundidos en Occidente.

Empeñada en que su poética se potencie a través de las nociones de contraste y de diálogo, de la Hoz decidió además exponer su retablo frente a una pieza de sabor tardío gótico titulada Madonna con Niño, pintada por Carlo Crivelli en el siglo XV. Según ella “ambas figuras resultan icónicas y representan conceptos diametralmente opuestos, tales como: obediencia y desobediencia, pureza y pecado, vida y muerte, cielo y tierra”. Cabe resaltar que en ambas piezas la manzana juega un papel destacado como símbolo; de esperanza en el caso de la virgen y de pecado en el caso de Eva.

Llevando la audacia casi al límite, Marianela de la Hoz introdujo en la iconografía de origen judeocristiano a Lilith, a quien ve como la parte obscura de Eva, su sombra, pero también su parte creativa, liberadora. Según de la Hoz: “al no ser escuchada y al no aceptar su papel secundario, Lilith abandonó a Adán por lo que fue castigada y condenada a convertirse en una figura demoníaca, seductora, consumidora de hombres y asesina de bebés”. Añade que “existen otras posturas modernas en donde es considerada como una inspiración para la igualdad de las mujeres.”

En la obra aparecen otras escenas que completan la lectura posmoderna de la tradición bíblica, en una de ellas unos jueces apuntan con un tenedor, a una mujer que cuida un pay de manzana, dándonos a entender que por un lado la acusan y por el otro están dispuestos a comérsela con el tenedor-arma. En la parte central la contundencia de la imagen está dada por la representación de 6 bebés cada uno decorado con sus “atributos de vida” en sus bolsas amnióticas, cada circunstancia lo marcará de por vida, su historia está, en gran medida, pre-determinada.

Uno a uno, sus temples terminan siendo leídos como bofetadas por el sarcasmo o la paradoja representados. Siendo una de las pintoras que desde los años noventa se identifica con las narrativas de fuerte impacto psicológico (no abiertamente feminista, aunque el tema se encuentra frecuentemente en su obra), el retablo del que hablamos podría ser entendido como el compendio de sus intereses vitales y estéticos, aunque tal vez lo que resulta de mayor interés frente a esta obra que se sale de los formatos que ella maneja habitualmente (1.80 mts. X 1.70 mts.), es que introduce la noción de matiz al poner a dialogar a la Virgen María con Eva, dos polos opuestos que terminan por evocar el ideal del justo medio, la balanza, el registro de los grises en los que sucede la vida real.

Estrategias de artista

La desnudez de los personajes, la belleza de los rostros contemporáneos, el cabello suelto o el empleo de ciertos accesorios por parte de los personajes codificados asombran desde el primer enfrentamiento estético; asociamos la pieza con la pintura religiosa, pero al segundo la disociamos porque rompe flagrantemente convenciones iconográficas. Nos fascina –y por lo mismo nos atrae– su evidente posmodernidad. El mensaje es claro: Marianela no pretende contarnos una historia, sino hacernos partícipes de ella. De la Hoz goza de un poder del que carecen muchos artistas: nos hace identificarnos con la vida y la humanidad de sus personajes. Siempre.

No olvido mencionar que por el lenguaje y la composición empleados, la relación con los exvotos del barroco novohispano es obligada. El empleo de corazones y venas, el rompimiento de escalas, el tratamiento de los fondos, recuerdan la narrativa propia de los milagreros coloniales. Por su parte, la predela, en la que aparece Eva como madre de todo recuerda aquella pieza del pintor Antonio Ruiz El Corcito, dedicada al Iztaccíhuatl.

Concluyo expresando que frente a otros medios visuales, sólo una obra como ésta logra sacarle el máximo jugo a nuestra capacidad de apreciar lo pictórico. Los recursos expresivos de la pintora son considerables, su técnica es limpia, el temple de huevo aplicado con suma dedicación sobre los dibujos brilla y vibra, las pinceladas son regalos que se aprecian una por una.

Hasta el 24 de febrero de 2013.


Nota:
Marianela de la Hoz nació en la Ciudad de México en 1954, estudió diseño gráfico en la Universidad Metropolitana y nunca ha tomado clases de pintura, lo cual tal vez es una ventaja en su caso porque se ha concentrado en el desarrollo de lo propio. No le preocupa demasiado pertenecer al llamado mainstream y eso es bueno en una época en la que el mercado del arte termina por aplanar estilos. Vive hace 8 años en San Diego, pinta diez horas diarias y no ceja en la búsqueda de la siguiente obra como respuesta a sus constantes preocupaciones estéticas y vitales.

Su manejo del temple al huevo con pincel de tres pelos y lentes de joyero ha sido apreciado por la crítica de arte en nuestro país y fuera de él; la calidad de su pintura reside con mucho en la noción de minuciosidad. Al preguntarle por qué se aboca a un género pictórico tan difícil y tan poco visto, ella responde que le interesa la precisión en el dibujo y que es un tanto neurótica porque disfruta tener que pasar el pincel por la superficie más de 20 veces; contrariamente a lo que sucede en muchos talleres de artista, a ella no le importa tardarse meses en cada obra.

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