REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
24 | 05 | 2017
   

EDITORIAL

año 18, núm. 193 2017

José Revueltas, el terco revolucionario

El 14 de abril cumplió José Revueltas 41 años de fallecido. Con este propósito reproducimos un artículo de René Avilés Fabila aparecido en el periódico Excélsior.

José Revueltas no fue propiamente mi maestro de política, de marxismo concretamente, a pesar de que lo veía con Olivia, su primera esposa, desde niño, cuando esa pareja y mis padres eran amigos entrañables. Las discusiones políticas que les escuchaba no estaban a mi alcance. Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Stalin eran difíciles de entender. El conocer a Revueltas desde pequeño, me hizo acercarme a su literatura, al mundo sórdido y profundo que supo crear, el que arrancó con una novela carcelaria, Los muros de agua y concluyó con otra del mismo orden, El apando. Mis profesores formales de política los tuve en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales: Enrique González Pedrero, Víctor Flores Olea y Enrique Semo, entre otros. Con ellos consolidé mi incipiente marxismo aprendido como autodidacta.
Efraín Huerta escribió un minipoema: “A mis viejos de marxismo/ no los puedo entender. Unos están en la cárcel, otros están en el poder.” Los míos, a mi regreso del posgrado en París, habían modificado sus posturas políticas y estaban en el PRI, lo que era usual. Mi decepción fue grande. Había escuchado de sus labios auténticas peroratas sobre las ventajas del comunismo y de la Revolución Cubana que iniciaba retadora y con fuerte apoyo internacional. Del "gran viraje", me enteré en una fiesta que daba Arnaldo Orfila Reynal cuando recién publicaba los primeros títulos de Siglo XXI, uno era una antología, Literatura joven de México, donde estábamos incluidos varios integrantes de mi generación. Allí le comenté a Sergio de la Peña (con quien más adelante iría a la Unión Soviética), que había establecido contacto con grupos guerrilleros en Francia y que veían posible (craso error) otra revolución socialista en América Latina, en México. Consideremos que Ernesto Guevara había sido asesinado en Bolivia y que las fuerzas contra guerrilleras, estimuladas por EU, se fortalecían. Con la ingenuidad que te concede una larga estancia fuera de México, iba a acercarme a González Pedrero, pero Sergio me contuvo: Ahora es senador priista, muy cercano a Echeverría.
El panorama era peor que cuando me fui del país luego del 68. Pero quedaba José Revueltas dando batallas perdidas. De nuevo lo busqué, así como antes lo hice cuando formó la Liga Leninista Espartaco. Pepe ya estaba al margen, vivía con Emma, su última compañera, en Insurgentes. Lo visitaban sus amigos, los últimos, los que conoció en los meses del combate estudiantil que culminó el 2 de octubre. Recuperé al amigo de mi padre y en ese departamento oí sus últimas reflexiones políticas. Revueltas me había publicado mi segundo o tercer libro en una época de difícil economía personal, una biografía de Albert Schweitzer, en la SEP. Juntos estuvimos en manifestaciones de apoyo a Cuba. En esos momentos, me había reintegrado al Partido Comunista. Roberto Escudero, lo dijo como acusación delante de Pepe, alejado por completo de lo que consideraba una burocracia al servicio de la URSS. José repuso: Si René cree que el combate es posible en el PC, que lo dé.
Los encuentros con Pepe fueron muchos y cariñosos. Me acerqué a él para que viera mis primeros cuentos, alrededor de 1962, los que notó "bien escritos", pero no "comprometidos". No entendí. Tengo todos sus libros autografiados en primeras ediciones. Mi admiración venía más del cuentista que del novelista, pero sobre todo de la profunda reflexión marxista que hizo en el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza.
Cuánto admiré su sencillez y humanismo, su devoción por las causas revolucionarias y su eterna lucha por saber dónde estaba el camino hacia la toma del poder. En sus últimas reflexiones, como Jean-Paul Sartre, veía en la unión estudiantil-obrera, el surgimiento de la chispa que desataría la revolución vaticinada por Marx y Engels.
Hoy nos movemos políticamente en la nada, rodeados de ex priistas que se dicen “izquierdistas” y dentro de un mundo globalizado por el capitalismo salvaje, donde apenas caben las derruidas ideas socialistas. Al final, Revueltas era escéptico. Cuando murió lo lloré en la agencia funeraria; de allí llevamos su cuerpo a la UNAM y luego al Panteón Francés. Lo que sucedió, el forcejeo entre sus admiradores y los burócratas del PRI encabezados por Bravo Ahuja, secretario de Educación enviado por Echeverría, lo he contado en otras páginas. Yo iba a despedir a Pepe, pero en la pugna con el priismo, lo hizo Martín Dosal y muy bien. Mis recuerdos carecen de orden, así lo pensé cuando me vi en las fotografías que algún periodista tomó mientras cargábamos el ataúd por las últimas calles hacia la cripta familiar. Era un cortejo modesto y adolorido, triste.
No fue mi maestro formal, pero cuántas enseñanzas revolucionarias y éticas me dejó, aquel intelectual de genio que su contraparte generacional, Octavio Paz, calificó como un hombre puro.
René Avilés Fabila