REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
14 | 12 | 2017
   
Héctor Xavier



Nació en Tuxpan, Veracruz, en 1921. Llegó a la Ciudad de México en 1938, a los diecisiete años de edad. Se ocupó primero como vendedor y merolico en el centro capitalino; posteriormente realizó caricaturas por “treinta centavos en blanco y negro; uno cincuenta las de color”, en la calle San Juan de Letrán (hoy Eje Central).
En 1945 ingresó a la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda del Instituto Nacional de Bellas Artes, donde permaneció sólo tres meses pues no estuvo de acuerdo con el sistema de enseñanza. Se considera autodidacta. Junto con el pintor dominicano Darío Suro, instaló un taller de pintura en el Hotel Rey, ubicado en las calles de Nilo y Melchor Ocampo: “Allí me definí hacia el arte, principalmente en el dibujo. Opté por el camino del trabajo, la disciplina, la constancia. Desde entonces he luchado contra ese enemigo que nos arrastra a los mexicanos y que ha degradado todas las formas de la vida de este país: la improvisación”.
Tuvo su primera exposición individual en 1945, en el Museo de Arte Moderno (hoy Museo del Palacio de Bellas Artes) con una serie de dibujos que continuaban con la tradición de la Escuela Mexicana.
En 1952, junto con Vlady, y posteriormente con Enrique Echeverría y Alberto Gironella, Héctor Xavier fundó la Galería Prisse, en la colonia Cuauhtémoc de la Ciudad de México. Ese mismo año, y hasta 1955, viajó por Europa, el norte de África y Estados Unidos. En París decoró una capilla en Longueil-Annel, cercana al bosque de Contan en Oise, y estuvo en el taller litográfico de Gaston Dorfinant (a invitación expresa del maestro), cuyo padre había sido el litógrafo de Toulouse-Lautrec, donde por única vez realizó una serie de litografías basadas en los dibujos que ejecutó en Tánger. En su paso por Italia y su profundo interés por el dibujo descubre las obras realizadas por Durero, Filippino Lippi y Leonardo da Vinci, entre otros artistas, en la técnica de punta de plata. Se propuso investigar sobre esta técnica y a partir de ese momento comenzó a emplearla.
En Portugal expuso en el Palacio Foz de Lisboa. Dos años más tarde expuso en Nueva York, Pasadena y Los Ángeles, California. En 1955 regresó a México. Al siguiente año realiza escenografía y vestuario para una de las obras que se representaron en Poesía en Voz Alta, bajo los auspicios de la dirección de Difusión Cultural de la UNAM.
En 1958 realizó una serie de 24 dibujos de animales trabajados en el zoológico de Chapultepec, con la antigua técnica de punta de plata. El álbum Punta de plata fue publicado por la UNAM en 1961 acompañado por textos de Juan José Arreola.
A mediados de los años sesenta se unió al grupo de artistas denominados Los Interioristas, que luchaban contra el arte oficial, como Arnold Belkin, Francisco Icaza y Artemio Sepúlveda. Asimismo, fue invitado por Miguel Sabido, en 1965, a realizar el maquillaje para una obra titulada Voces en el templo, que se representó en la Iglesia de San Miguel, adyacente al Museo Nacional del Virreinato, en Tepozotlán.
En 1966 fue invitado a formar parte de la delegación mexicana que se presentaría en la Bienal de Blanco y Negro, en Lugano, Suiza; en 1967, en la XVII Bienal de São Paulo; en 1968 fue parte de la Exposición Solar en el Museo del Palacio de Bellas Artes, y en 1973 participó en la Bienal de Arte Gráfica en el Museo Coltejer de Cali, Colombia.
Realizó dibujos de una coreografía para Pilar Rioja con motivo de su presentación
en el Palacio de Bellas Artes, en 1972.
Fue invitado a formar parte del libro Dibujo en México dedicado a la creación de siete artistas (Gilberto Aceves Navarro, José Luis Cuevas, Pedro Friedeberg, Francisco Icaza, Naranjo, Vlady y Héctor Xavier), acompañado por un texto de Raquel Tibol y publicado por el ILCE, en 1979.
Los temas más recurrentes de Héctor Xavier fueron la figura humana, los animales y el retrato. El dibujante siempre se interesó por el movimiento, aspecto que revela en su obra y que trabajó por series. En cuanto al retrato, comenta Miriam Kaiser: “Cuando terminaba una serie hacía o un autorretrato o un retrato para decir dónde estoy y para dónde voy. En ese momento se concentraba y de repente encontraba el siguiente tema”. Se autorretrataba una vez al año.
En su vida creativa ilustró numerosos libros, sobre todo de poesía, de la que era gran lector; los mismos poetas le solicitaban ilustrar sus poemas, como Jaime Labastida, Efraín Huerta, Raúl Renán, Marco Antonio Campos, Óscar Oliva, José Luis Ordóñez y Francisco Rojas, por mencionar algunos, así como antologías de poesía. Asimismo realizó dibujos para revistas como Universidad de México, Plural, Revista de la Cámara Nacional de Comercio, Diálogos, entre otras, y en diversos diarios como Excélsior, Novedades, unomásuno, en sus secciones culturales.
En la última etapa de su vida, Emilio Payán, director del Taller de Gráfica que lleva su nombre, incitó a Héctor Xavier a realizar una serie de pequeños grabados al aguafuerte.
En 1992 recibió la beca de creador del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y en ese año el estado de Veracruz también le concedió una beca.
En 1994, unos meses antes de morir el dibujante, Julio Pliego realizó un documental titulado Héctor Xavier: el pintor de la vida y la forma en entrevista para Canal 22. Falleció en la Ciudad de México el 3 de julio de 1994.









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