REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 05 | 2018
   
26-11-2012 
DEL ROCK AL JAZZ.
Autor: Alejandra Guerra
El perezoso sol de la mañana me daba de frente.
Me encontraba allí, en el mismo lugar de siempre, esperando…
Tan solo esperaba que algo emocionante suceda, algo para poder contar.
Tras tantos días de espera, podía ver como un joven me observaba de lejos, no es por presumir pero mi belleza llamó su atención. Fue acercándose hasta quedar ambos a poca distancia; su mirada me conmovió, sus pupilas cristalinas me decían que algo le sucedía al verme, me sonrió y murmuró unas palabras que no llegue a entender.
Sentí que era algo especial, hubo una mutua atracción. Confié en que el destino me ayudaría poniéndose a mi favor, pero el universo se conspiró en mi contra. Olvidándose de mi existencia, quedándome sola y desilusionada. Eso me ocurría constantemente, ilusionarme era mi debilidad, él parecía ser diferente, su mirada me dijo que regresaría, pero no fue así.
Tras una semana de ansiosa espera, lo vi. Podía distinguirlo desde lejos, su aspecto era particular y eso me gustaba, me dio tanta alegría verlo que casi caigo rendida a sus pies, noté sus nervios, su torpeza lo delataba. Alzó su suave mano y con un leve movimiento me acarició, yo me estremecí de placer, la conexión era recíproca, ambos sabíamos que debíamos estar juntos y finalmente esa larga espera acabó. Me tomó en sus brazos y me llevo con él, salvándome de la eterna soledad.
Me confesó que se había enamorado, que no podía dejar de pensar en mi junto a él, me elogiaba continuamente y me cuidaba más que un tesoro, ese trato me hacía sentir especial, Ramón era ahora mi dulce amor.
Tras meses de intensa pasión algo comenzó a fallar. Cada día llegaba borracho y a las tantas horas de la madrugada. Me comenzó a dejar mucho tiempo sola, cosa que jamás había ocurrido desde que estábamos juntos, era como regresar al pasado, nuevamente me encontraba esperando. Pero lo peor aún no había ocurrido, de un día para el otro llego a casa acompañado de unos cuantos jóvenes. Lo primero que hizo fue presentarnos, pero sus caras y actitudes no me guastaban, estaba segura que esa junta lo estaba pervirtiendo.
Tenía que soportarlos todo los días, hasta cualquier hora, sin importarles nada. El respeto se fue perdiendo, no me trataban bien y Ramón en vez de defenderme solo festejaba sus bromas con profundas carcajadas no pareciendo importarle mucho la falta de respeto de sus amigos para conmigo. Cada vez me molestaba más la situación, ese hombre que yo había conocido ya no era el mismo, eso me dolía.
Mis gritos eran cada vez más agudos e intensos, pero parecía no importarles mucho, solo continuaban con sus vicios, contagiando a mi chico de sus malas acciones.
La verdad que yo no salía nunca, siempre estuve muy cómoda en casa, aunque últimamente ya no me sentía tan a gusto allí.
Vino uno de sus amigos y tiro la idea de que los acompañase al bar que ellos frecuentaban, la idea no me ilusionaba, pero podía ver en Ramón sus ganas de compartir una noche conmigo fuera de casa. Así que juntos partimos rumbo a una noche diferente, en busca de armonía. El lugar era muy oscuro, lleno de humo y gente, me sentía asfixiada allí pero debía soportarlo por mi amor hacia ese hombre que me salvo de la perpetua espera.
No sé por qué motivo, en un momento dado todos comenzaron a mirarnos, no quitándonos las miradas de encima. Me sentía incomoda y observada, pero con Ramón a mi lado me encontraba segura y al abrazarme no me importo más nada, solo que ese momento sea eterno.
Inesperadamente su acción traicionó mis sentimientos, me entregó en brazos de su amigo, yo no podía creer lo que estaba haciendo, estaba asustada; al joven se lo veía exaltado, con bruscos movimientos y torpes manos me lastimaba. Se violentó conmigo porque no respondí a su orden y sin más me estampó contra el suelo de madera, por culpa de Ramón así fue como acabé…
Dañada y quebrada quede allí tirada. Él llego gritando por temor a perderme, no dejando de pedir perdón, pero fue demasiado tarde…esa es la última vez que vi a mi amado.
Ahora me encuentro en otro sitio, no mejor que el anterior pero si más tranquilo, este lugar me da paz y eso es lo único que necesito. Mis gritos se remplazaron por una suave tonalidad, aun me quedan algunas fracturas, pero al menos mis cuerdas siguen sonando en compañía de un viejo piano. Mi voz se sigue oyendo y las manos que ahora me tocan son ancianas pero sabias.