REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 07 | 2018
   
22-01-2013 
Literatura y cine: mentirosos letales.
Autor: Brenda María Islas Ochoa
Recuerdo que durante mi infancia decía tantas mentiras que a veces no podía diferenciar la realidad de la fantasía, cada persona tenía una versión diferente de un hecho semejante ―debía recordar lo contado para no ser descubierta―. Cuando eres un niño necesitas ocultar las travesuras, no hay mejor aliada que las mentiras; si llegan a descubrirte los sermones y regaños sobre la honestidad, terminan por aniquilarte con el típico lema: «los niños buenos siempre dicen la verdad». Sin embargo, la literatura y el cine son los más grandes mentirosos de este mundo y ¿quién les dice algo?, todo lo contrario resulta que las personas pagan por un poco de entretenimiento, se forman largas horas frente a una taquilla con el único objetivo de conseguir un boleto para ver en pantalla grande una historia “fenomenal” (lo cual se sabe de antemano es una mentira) o asisten a conferencias, aplauden con fervor al escritor por las grandes mentiras contadas en su novela.
Siendo sinceros nos encantan las mentiras, las usamos con frecuencia para salir de asuntos incómodos, pero ¿pagar por escuchar, leer o ver mentiras?, ¿estudiar, analizar alrededor de lo verosímil? Quizás resulte ridículo aplicar teorías, buscar un set idóneo para el film, pasar horas detrás de una cámara, editar las partes indeseables, los encuadres perfectos, la historia, con el único objetivo de entretener al otro en un juego de mentiras. Según Platón nuestra realidad es un mundo de sombras, de copias. Vivimos entre las mentiras y las aceptamos.
La literatura y el cine no sólo arrojan sus historias falsas a las multitudes también se encargan de jugar con nuestro tiempo. Resulta increíble poder contar un sinfín de historias en un período corto, nos permiten saltar de una época a otra, hasta nos dan la capacidad de verlo todo ―incluso los detalles más bochornosos― de hecho en dos horas y media, podemos presenciar la vida de un ser humano.
Cuando nos sentamos en una butaca para disfrutar de este tipo de entretenimiento, estamos dispuestos a aceptar las reglas que rigen ese mundo de mentiras, sin cuestionar. Partimos de la idea de que todo lo que vamos a ver, leer, escuchar es una ficción. La pregunta es, ¿cómo logran comprimir una época en unas cuantas páginas o en una cinta fílmica?, pues bien ambos géneros tienen sus técnicas para generarnos esa sensación de que el tiempo transcurrió.
Los seres humanos tenemos capacidad de firmar pactos de credibilidad ya sea con la literatura, el cine, el teatro o el vecino mentiroso―para terminar pronto…con el emisor―. Por ejemplo, cuando vamos al cine a “disfrutar” de una película de terror y nos espantamos por un tipo disfrazado de vampiro (teniendo como conocimiento previo la dentadura postiza, la pintura facial y el ridículo disfraz) resulta cómico no poder dormir por temor a que en medio de la noche aparezca ese ente indeseable, aunque se trate de una realidad totalmente desapegada a la nuestra nos genera miedo, o bien elegimos cuentos de Oscar Wilde para tener “dulces sueños”. A pesar de que estos seres maravillosos y terroríficos no existen, los creamos, nos los crean y lo creemos.
La literatura es la precursora de las mentiras; aportó muchas de sus técnicas al cine, entre ellas están las analepsis, el cine cambió el término por flash-back, los relatos intercalados que en cine se les llama crossing up o crossing cutting, las panorámicas (esos momentos en dónde te crees Dios o realmente te sientes incómodo). No cabe duda de que las películas se construyen de igual manera que las novelas o bien se inspiran de ellas, también retoman la organización del discurso, –las tres unidades introducción, desarrollo-clímax y conclusión –las descripciones. La voz narrativa la intercambian por el punto de vista de una cámara; ambos narradores dominan el espacio y el tiempo donde se desenvuelve la historia. El cine ha intentado diferenciarse de la literatura; para lograrlo se apoya de las nuevas tecnologías como el montaje, la plurifocalización, la simultaneidad de espacios y tiempos, en pocas palabras, logran que la mentira se apegue más a la realidad. Con lo anterior ha logrado una mayor credibilidad, superando―en ocasiones—a la literatura, por tanto ésta se ve en la necesidad de buscar nuevas y mejores alternativas para seguir mintiendo.
¿Por qué les gusta vivir entre mentiras? ¿Cómo es posible que exista gente que se dedica al estudio de lo verosímil? (pregunta que deje volando líneas atrás). Quizás porque los hombres nunca están satisfechos con nada, siempre tienen la esperanza de aspirar a algo más, en síntesis se niegan a vivir sus vidas, anhelando otras posibilidades, soñando otras realidades al parecer inalcanzables. Michael Ende decía: «La fantasía no es una forma de evadir la realidad, sino un modo más agradable de acercarse a ella», es decir, ver la realidad desde otra perspectiva.
Resulta que entre más despegada esté la mentira de la realidad es más disfrutable. En palabras de Mario Vargas Llosa «la fantasía de que estamos dotados es un don demoníaco. Está continuamente abriendo un abismo entre lo que somos y lo que quisiéramos ser, entre lo que tenemos y lo que deseamos». La ficción simplemente funge como un disfraz para criticar a la sociedad, las alegorías e ironías que se presentan en el film o el relato necesitan descifrarse, los estudios y el bagaje cultural sustentan una interpretación para no vagar por el mundo de las subjetividades, es por ello que existe gente especializada dedicada a los temas verosímiles. Debemos tomar en cuenta que todas estas “grandes mentiras” surgieron de la realidad, ya sea de una experiencia, una noticia, un objeto, un lugar, por lo tanto posee datos fidedignos e importantes. Si bien, es cierto que profesiones aparentemente objetivas como el periodismo o la historia, en ocasiones exageran los hechos para tener un mayor tiraje o vender varios ejemplares con notas candentes, ¿qué sería de la vida sin las mentiras? Perdería lo lúdico este mundo.
Las películas vistas y los libros leídos “nos han tomado el pelo”, en un sinfín de ocasiones, sin embargo, todas las mentiras tienen sus tintes de verdad, sólo nos queda descubrirlas.