REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2018
   
02-02-2012 
Capitulo 1 , NOVELA ZEMPAXOCHITL
Autor: NATALIA M. BAROCIO

Fragmento de la novela ZEMPAXOCHITL

Prólogo

Como encontrando vida en la muerte los mexicanos jugamos con el final de un proceso que se ha convertido a través de los tiempos en la despedida clásica de los amantes apasionados; es nuestra la frase aquella de -si te mueres te mato- como pueblo casi mágico hemos adquirido la capacidad de burlar a la muerte en medio de siniestras carcajadas y de coloridas tradiciones que nos llevan a especular con respecto a este hecho natural.
Nuestro pueblo; el único pueblo que venera a la muerte; que la considera amiga, hermana albacea en el tránsito moroso por la vida vemos en ella una fiesta más que nos ayuda a concretar nuestra etapa carnal en el paseo por el conocimiento del universo.
A esto me sumo yo en mi intento por construir desde mi perspectiva la visión que para mí nos representa la muerte misma. En una flor cotidiana más siempre singular.



NOVELA ZEMPAXOCHITL
Capitulo 1
Chilan Balam
I
En un jacal modesto, que resguarda a todo aquel que está de paso. Mas en ésta época del año… ésta; en la que el frio comienza despacio como nubecita que se acerca tímida escondiéndose entre las horas que pasan constantes y certeras, este frio que trae consigo el burdo viento; cuando hace que los arboles nos cuenten historias de nostalgia. Nostalgia de otros tiempos que han visto pasar siempre inmóviles siempre cambiantes.
Es esta la temporada del año en que el frio nos recuerda que el siclo de la muerte nos viene acechando, que toca los arboles y la siembra la seca como aprisionando la vida en colores marrón y las campanas de las iglesias… extranjeras avasalladoras tocan con mayor fuerza. O tal vez será que el sonido es más pesado, que se queda como eco atrapado en los rincones oscuros de un México conquistado, aplastado y humillado; no es sorpresa para nosotros pueblo mexica que nos andemos con cuidado estos cinco días oscuros del año.
Los extranjeros no notan la muerte rondar a paso firme estos días; solo lloran desencajados cuando la encuentran sentada en el lecho de aquel que antes estuvo vivo. Uno, indio patarra jada; sonríe entre dientes ¡un gachupín menos en nuestra tierra! un extranjero menos que ensucia con su pie nuestro inmaculado suelo dejando sangre a su paso.
Uno agradece en secreto a Tlalzolteotl que nos libre de esta peste blanca con perversiones de demonios atrapados; que mal tan grande ha caído en nuestra tierra… ¡cuánto nos castigan los dioses! por sentirnos más fuertes y ordenados que el resto de los animales, más inteligentes y necesarios que otros. ¡Qué error más aberrante!
Ahora estos demonios nos toman a nuestras mujeres como suyas pero sin darles la atención ante nadie; ahora, estos malditos gachupines se llevan de nuestro lado a nuestras hijas para trabajar y luego las enamoran calentándoles las entrañas mismas que nos traen a la vida niños blancuzcos y aunque en el mejor de los casos les den un pedazo de tierra y un jacal; esta, ¡es nuestra tierra! y nuestras hijas quedan manchadas de rubor y vergüenza resguardando en su vientre criaturas mestizas sin linaje.
Y ese es el caso de la mujer que vive en aquel jacal. A la que ninguno de nosotros puede tenderle la mano ni siquiera yo, que soy su tata y que pronto moriré esperando ser el guardián de mija desde lo profundo del no mundo.


II

He perdido ya el contacto con mis dioses, hace ya más de dos meses que no me hablan en sueños como solían hacerlo a diario. Le he rogado a Zelmi que me ayude y recuerde que aun soy su eterno siervo. Son muchas las obligaciones que guarda un guía como yo; sin embargo no logro que me escuche y me hable entre sueños o me acompañe en la soledad de la noche. En el ambiente ya no escucho a ninguno de los dioses que me dejaban su sabiduría entre las plantas y el agua como alitas de luz que solo a mi me pertenecían y el enorme vacío que ha aparecido en lugar de sus enseñanzas carcome mi espíritu arrojándome a profundas aguas de desconsuelo e incertidumbre, pareciera que mis dioses han dejado esta tierra contaminada de extranjeros impuros y llenos de defectos…

Sí, eso debe ser. ¡Esos gachupines son los culpables!, han destruido el equilibrio y roto el acuerdo con Tonatzin que enojada contra nosotros hoy deja que los caudales de las aguas se levanten contra mi pueblo. Obligación teníamos nosotros de defender nuestras tierras pero tal vez la interpretación de mis sueños no fue la correcta – díganme ustedes dioses magnánimos ¿en que erre para guiar a mi pueblo? – lo digo en voz alta mientras camino presuroso hacia las afueras de mi ciudad desierta. El aire contesta con silencios fantasmales, a mi cuerpo lo golpea una ráfaga desmesurada que me saca el aire; debió ser una entidad la que me ha golpeado pero ya no la siento, no me saluda, ni me explica sus intenciones para con el mundo. Es de noche, no es buen día para que nazca mi nieta ya he mandado a la comadrona Yuritzi y la acompañe hasta aquí con Macario, no me atreví a entrar en su casa ya que prometí que no lo haría el resto de mi vida pero estoy inquieto; más ahora que no entiendo el lenguaje de mis eternos dioses.

Sin mi don, tan solo soy otro mortal en este mundo; Que transita atrapado en un cuerpo torpe y pesado que me limita e intensifica las sensaciones, y olvida nuestras fallas con la facilidad con la que entra el aire por nuestras narices y al salir oxida nuestro sistema. Si mis dioses no me hablan pronto perderé la capacidad de interpretar entre el mundo y sus dimensiones y me convertiré en otro ser que camina desesperanzado chocando con los demás completamente ciego.
Cuidadosos y sabios son mis dioses en elegir a sus traductores y ellos nos crean con el garbo de los elementos para poder ver a través de ellos… e interpretar en las suntuosas aguas, con el fuego hacemos ramilletes de profecías. El viento nos silba la música entre las hojas.
La tierra en nuestros pies, nos renueva el corazón y templa nuestros sentidos para interpretar la luz en la negrura del cielo por la noche cuando las estrellas en exactas y precisas posiciones predice la a venturanza de los hombres y mujeres nos muestra lo indefensos que somos los mortales.


III

Nunca fui un gran Chilan Balam para mi pueblo; en la vida las cosas más dolorosas comúnmente vienen acompañadas de regalos que recibes de manera agridulce. Mi lazo con los dioses inició el día en que murió Zelmi al parir a nuestra hija. Yo me encontraba en la selva acompañado solo de las plantas que acojina mi pensamiento. Con fuerza llego de golpe una energía que me hizo vislumbrar a mí hija romper desde el vientre de su madre la bolsa que la resguardaba escuche su llanto antes que ella viniera al mundo, no dudé de lo que vi como sacerdote se me adiestró una vida entera para reconocer la voz de los Dioses por más débil que fuera supe entonces que mis ayunos y suplicas habían sido escuchadas ya que antes solo había logrado interpretar los astros y desprenderme de mi cuerpo para recoger las sabidurías de otros espíritus que penaban…
La angustia oprimió mi corazón en cuanto recibí este mensaje; supe que anunciaba que no todo sería dicha al nacer mi primogénita. La vi a los ojos, como si ya estuviera en esta tierra. Su llanto fue de angustia más que de sorpresa por descubrirse viva, la vi hembra, y pronto intuí que era ella el don encarnado para mí.
Volví apresurado al terminar la ceremonia a los cuatro vientos con un nudo en la garganta que obstruía mi saliva al pasar y con un vacio en el plexo solar que me impedía recibir el aire en mis pulmones. No le di pie a la razón ya que cuando el conocimiento de los dioses es agudo uno no permite encontrar explicaciones que sosieguen la mente.
Llegué con rapidez al santuario y encontré a Zelmi recargada entre las piedras de umbral del jacal; con la bolsa rota y sangre entre sus piernas delgadas, mire su rostro que aquejado denotaba angustia más que dolor. – ¿Dónde está tu madre?- pregunté aterrado al ver su rostro desencajado ella estaba sola y no es parte de la costumbre que una mujer que dará a luz se quede sola especialmente cuando la fecha es tan cercana como lo era la de Zelmi –yo les pedí me dejaran sola… quería encontrarme contigo en la selva porque tuve una visión en la que nuestra hija era tomada de mi vientre y tuve miedo. – Dijo ella entre quejidos – sabes perfectamente que el miedo nubla la vista a quien lo toma por sorpresa y que permite que los malos espíritus corrompan nuestro pensamiento – repuse indignado. - ¿Cómo sabes que es una niña?
- la vi a tu lado en una visión que llegó con el viento y fue tan real que creí necesario decírtelo en seguida yo no me encontraba en esta visión.
Pero enormes catástrofes se asoman por el mar, y creo que ahora es tiempo de purificación para nuestro pueblo. – continuó jadeando mientras la llevaba al aposento en el que nací. La sangre teñía nuestro suelo de rojo y no quise dejarla sola. Mandé llamar a su madre y a nuestra comadrona en cuanto pude pero no me despegué de mi mujer hasta que llegaron su madre y Yuritzi que era en ese momento la aprendiz de nuestra comadrona. En el acto pregunté – ¿acaso no se encontraba aquí nuestra comadrona? ¿Dónde ésta?- Chilan Balam – repuso al momento: - cuando su mujer le pidió irse, mi maestra corrió a su casa y al llegar cayó inconsciente sin siquiera dar tiempo a que su hijos llegaran Tlalzolteotl la esperaba me supongo. Ya que esto fue tan repentino como un rayo que destroza un árbol.
Pero yo estoy aquí y espero que sea suficiente ya he asistido suficientes partos en lo que va del año y siempre he sido útil y precisa permítanme ser quien traiga a su criatura al mundo con ayuda de los dioses.- en realidad lo que me dijo Yuritzi era lo único que se podía hacer… confiaba también en la madre de mi mujer que había tenido doce hijos antes de que los dioses la dejaran seca.
Salí a regaña dientes de mis aposentos y ore en silencio para no denotar mi angustia.
Los alaridos eran fuertes y no pude sosegarme en la plaza principal así que volví al santuario y entré en los aposentos aun que me impidieran el paso.
Zelmi estaba casi sentada con las piernas en posición para parir llena de sudor y su rostro se encendió al verme. Me acerqué a ella y tomé su mano sin escuchar a su madre que refunfuñaba sobre mi presencia. Las manos de Yuritzi temblaban mientras maniobraba para sacar a la criatura: - vamos a volver a pujar Zelmi que éste es el último esfuerzo que haces. – dijo Yuritzi mientras veía la mollera de mi Ixtli; las palabras de Yuritzi fueron hechos aunque aun yo no lo sabía.
La niña nació sin dificultad. Yuritzi puso a la niña en el pecho de su madre la miró y beso por un instante y ese recuerdo lo guardo como cuadro en mi memoria pues fue la única vez que pude ver a mi hija y a mi mujer unidas en vida.
La placenta comenzó a salir con facilidad y parecía que todo estaba bien, esto calmó el sobre salto que tenía en el corazón; sin embargo un chorro de sangre salió con fuerza después de la placenta que me alarmó al punto de gritar: - ¿qué está pasando? - La cara de Zelmi antes rebosante de alegría fue perdiendo el color hasta quedar totalmente pálida…
Retiraron a mi hija al instante, la madre de Zelmi tomó a la niña en brazos mientras esperábamos que parara el sangrado. Al instante traté de ayudar a parar la hemorragia tenia preparados que calmaban los sangrados y reanimaban a quien estaba herido, y entre Yuritzi y yo logramos detenerlo.
Cuando ella se desvaneció, se ocultaron los rayos del sol. La noche comenzaba, vi a través del ventanal como la luz se ocultaba en fugases rayos del padre sol.
Pronto escuche la voz de los espíritus y de mis dioses como hablaban con la luz tornasol que se reflejaba en mis ojos y casi quemaba mis retinas una paz infinita me cubrió de repente. Voces en mis oídos transformaban mis pensamientos, fui a ver a mi hija tan solo unos instantes y estaba dormida; en su rostro tranquilo me encontré reflejado y supe al fin que amaría a esa niña incondicionalmente.
No duró mucho mi estancia con Ixtli, Zelmi por las altas calenturas tenía delirios pero estos eran exactos y parecía la crónica de un futuro venidero.
Comenzó poco a poco primero hablaba de un animal enorme que caminaba sobre las aguas ayudado de telas blancas con grandes cruces; las cruces están cubiertas de sangre y sacrificio de hombres y mujeres que conspiran e intrigan entre ellos sus lenguas de cuchillos que cortan con el veneno de una serpiente.
Son hombres que vienen del otro lado del mar de ese lugar donde hay otros hombres a los que conocemos, con esos que hemos compartido nuestro maíz pero los primeros vienen con la muerte como suelo que pisan y nos traerán dolor y sufrimiento.- tranquila dije al fin; debes descansar… - pero ella interrumpió y abrió los ojos que habían perdido su color.
Sus ojos antes color avellana ahora eran de un gris intenso entendí entonces que estaba en otra dimensión… Yuritzi que estaba ahí se asustó al ver los ojos de Zelmi. Al limpiarle el sudor – ¡calma! – le dije pues de un salto se encontraba cerca del umbral de la puerta. – debe ser por la calentura que sus ojos se ven distintos. – Zelmi miró directo a los ojos a Yuritzi – no dejes que Tlalzolteotl se lleve a mi nieta.-y la piel de Yuritzi se hizo china del sobre salto. Supe que no podía reanimarla y que el resultado de la pérdida de sangre solo podrían solucionarla los dioses si es que, esa era su voluntad.


IV

La fiebre subió como espuma y no pude con ninguno de los preparados que tenía lograr que bajara a un nivel normal. Pase una noche en vela junto con Yuritzi. El cansancio era como la pesadez con la que el sol de media tarde, azota cuando estás en la selva… pronto, el desenlace de la languidez de Zelmi fue obvio deliró por toda la noche y parte de la mañana decía cosas fantasiosas, después de un rato Yuritzi dejo de temer por lo que le decía; dijo tantas cosas que fueron verdad… presagios de muerte y de sal confundía a su hija con su nieta y era tal la insistencia: que pronto Yuritzi le contestaba al paso lo mismo, - no dejes que Tlalzolteotl se lleve a mi nieta – decía Zelmi angustiada con los ojos en blanco. – ya descansa necesito que con el rocío de la mañana vuelvan nuevos bríos para tu alma –
- pero prométemelo… los espíritus de mis antepasados me han advertido, en este suelo hay hombres que no pertenecen a ninguno de los pueblos que conocemos. Y ellos nos impondrán un nuevo dios y perderemos la guía nuestros dioses nos dejarán de escuchar… ya pronto, entre las aguas llegarán hombres hasta nosotros… deben irse de aquí niña; no se queden hasta que esos hombres lleguen y no los confundan con nuestro pálido profeta, pues las intenciones de estos hombres no son las del profeta. Si no las de muerte y destrucción de nuestro pueblo. – Zelmi decía entre lamentos. – si te duermes y te portas bien, te prometo que no moriré antes de traer al mundo a tu nieta pero por ahora tu eres la que tiene una hija y debes reponerte para ella. Toma un poco de agua y ya duérmete tu compañero esta aquí conmigo, ya tu madre cuida a tu hija y será mejor que duermas para que la alimentes.-
Mi mujer se me fue apagando con el sereno de la noche, para la mañana su piel ya había perdido todo el color y la frialdad de su Cuerpo me hizo entender que la mancha negra que veía sobre ella desde el momento en que la encontré en el umbral del santuario se trataba de Tlalzolteotl.
Mucho me temo que el profeta que guía a mi pueblo no sea yo, pues desde ese día que me encontré por la mañana completamente solo y con mi hija entre mis brazos es que llegaron a mí las palabras de los dioses, códices del destino de mi pueblo…