REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 02 | 2018
   
01-08-2014 
Historias Varias: Evoluciones
Autor: José Antonio Quiroz Pineda

Los humanos somos seres intelectualmente superiores a todos los demás en La Tierra. Eso nos ha permitido desarrollar armas artificiales con las que podemos matar fácilmente a cualquier ser vivo conocido sin importar que ése nos supere increíblemente en fuerza, agilidad o velocidad. Sin embargo, ¿ya por poder es correcto hacer?

Si la respuesta del lector fue “sí”, entonces supongo que no tendría algún problema con que un día una hipotética especie de extraterrestres con tecnología avanzadísima llegara a este planeta para cazarnos. “Si pueden hacerlo, está bien”, tendría que decir el aludido para ser congruente.

Ahora bien, el fondo de esta discusión, creo, va más allá de temer o no que en un futuro nos den una cucharada de nuestra propia medicina. Más bien, es aceptar que una evolución armamentística debe estar acompañada por una evolución de pensamiento para evitar daños innecesarios.

Seres “superiores” que acaban con vidas por diversión usando artefactos contra los que sus víctimas no tienen oportunidad de competir (como los rifles), no pasan de bárbaros cobardes con armas. Y es que siendo la supervivencia el fin último de los demás seres vivos habría que dejar que ésos defiendan su existencia en su ecosistema, enfrentando retos a su medida.

Por otro, lo humanos deberíamos ocuparnos más por desarrollar nuestras capacidades en vez de por alardear sobre nuestro poder como especie.



Como habitante de la Ciudad de México, uno está acostumbrado a ver grandes contingentes caminando a lo largo de avenidas importantes y gritando consignas políticas; uno está a acostumbrado a ver marchas que sirven para nada y poco más.

La anterior es una aseveración atrevida y para defenderla sólo pediré que el lector se imagine a un hombre de traje rodeado de un gran ejército que cuenta con armas poderosas. Delante de los soldados hay muchas personas irritadas que exigen que el hombre de traje realice una determinada acción. En cierto momento el impopular sujeto alza la voz y dice “¿Y si no lo hago qué?”. Ahora los desarmados civiles se miran entre sí con muecas de confusión e, importantes, retornan a los mismo reclamos de hace un momento…

A estas alturas, pienso, los gobernantes ya han de hacer chistes sobre las marchas.