REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 02 | 2018
   
01-08-2014 
La rueda dela fortuna de Helena Paz Garro
Autor: Carmen Julia Holguín Chaparro
La rueda de la fortuna (FCE)
de Helena Paz Garro

Tal vez…

En el aire se balancean
las alas del cielo,
las esferas veteadas,
un silencio de plumas
Entre las sombras del jardín huyen peces lunares

Tal vez uno abre el libro entonces y se sube a La rueda de la fortuna. Desde lo alto, la vida impregna el aire que se respira: por aquí “la música de un organillo que se desliza en las fuentes de piedra”, más allá “el rumor de las estrellas y la forja de donde baja la noche”, lejos “notas de música rebotaban en el aire” y cerca está “la presencia de todos nuestros dobles palpitando y riendo”. Hay alrededor, en el viaje de las páginas, en los espacios, las comas y los puntos, voces, gritos, carcajadas; reservas, nostalgias, un “aire llegado de los bosques de la infancia”, “hojas secas” que vuelan en viajes interminables y circulares. Hay una paz entre la algarabía de las palabras. Una paz en medio de la guerra de los otros, de la propia que se desgrana a versos, de la de aquéllos que dan vuelta a la hoja con sus temores sosteniendo los dedos; de la nuestra que atormenta los ojos con lluvias de siglos. Hay una paz quizá un tanto turnulenta que a una y mil voces estalla en mil colores mientras la rueda gira y gira y gira…aparecen al ritmo de la rueda peregrina una “pequeña serpiente verde”, un “grano de polvo amarillento”, unos “dragones rojos y anaranjados”, unos “crisantemos ocres”, unas “túnicas de azul”, un “cisne negro que despliega lentamente sus alas”, un gato “blanco como el gato de Alicia”…A cada vuelta una mirada nueva, una sensación distinta: el olor a mar que se adivina con sus “coronas de espuma fresca”, la visión de “hojas chorreantes de lluvia, de jardines perdidos y de puertas de oro que se abren sobre el cielo”, el recuerdo del amante “cuyos brazos son ríos frescos de la noche”, la idea de que basta “extender las manos para tocar los acordes preliminares de la música, la escena oscura y repentinamente luminosa en la que giran seres mágicos cubiertos de hollín o lentejuelas”. Cuando se acerca al fin de la aventura, uno se alegra de haberse atrevido a subirse a La rueda de la fortuna de una poesía que desde sus alturas y sus roces de suelo es capaz de hacerte un nudo en el estómago y conmoverte el alma…Uno cierra el libro mientras “del aire surge una rama de lilas como nube olorosa” y “un gato huye por la ventana”; un suspiro escapa del pecho y uno piensa

Tal vez hemos escapado
a este día
de trajes hechos en serie
y máquinas bien aceitadas.

Carmen Julia Holguín Chaparro

Los versos iniciales y finales deben ir en itálica