REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2018
   
01-08-2014 
La realidad no me basta
Autor: Ricardo Guerra
Ricardo Guerra
@Ricardoguerrap
¿Qué nos asegura que mañana saldrá el sol? Sin embargo, vivimos como si a diario fuera a hacerlo, incluso antes o después de nuestra existencia.
Nos hemos acostumbrado (o está en nuestra naturaleza) a los amaneceres y anocheceres, pero: ¿nadie se harta como yo?
¿No están hasta la madre del día y de la noche, el día y la noche y cuánta lata se pone de frente? ¿Pero si no es eso, qué sería? Es ahí dónde está el embrollo; no me siento cómodo exigiéndole más a la realidad sin saber qué le estoy pidiendo... En mi naturaleza está el no ver más allá de lo que conozco, ¡vaya condena!
Pero la esperanza la mantengo firme, como un roble, porque si siento hambres es debido a que existe comida, sí mi espíritu tiene necesidad de más, porque no le basta la realidad, significa que sí existe algo que lo llene, pero nunca sabré que es: porque no lo conozco.
Tengo sueños muy alocados, remolinos de cajeta que se transforman en piezas de ajedrez que se vuelven escaleras de una velada de baile y elegancia. ¿Locura? (Según mi psiquiatra entre más alocados son los sueños la mente es más sana) Cuando despierto esa parte de mí que grita ¡quiero más! Se llena un poquito.
Por eso escribo, pero hasta las palabras tienen su límite, no caben en su pellejo como bien dijo García Márquez; pero una detrás de otra de la forma correcta pueden desbordar realidades de otros mundos, hacerlos posibles.
Los libros que recuerdo con más añoranza me llegan a la mente igual que los acontecimientos vividos más importantes. La carta a Rocamadour de la Maga en Rayuela de Cortázar, la ascensión de María en Cien años de Soledad. Sí, la literatura es la única que puede salvarnos de ese vacío que si no se alimenta te carcome hasta el borde del suicidio, y lo digo por conocimiento empírico.
Espero nunca dejar de ser ese niño que antes de acostarse quiere que le cuenten cuentos, grandes historias. Al menos los libros, leerlos, cuidarlos, conseguirlos... es un buen pretexto para vivir, de los pocos que tengo.
El otro es escribir. Pero uno no escribe porque lo decide. No se trata de querer, yo escribo para no traicionarme. Cuando pasan temporadas en que no creo ninguna historia, me siento vacío, que todo es una perdedera de tiempo. Los escritores no eligen ser, sólo son. Nacen con un apetito diferente, nada diferente al del hombre de negocios, pero están hambrientos de algo que no existe y se tienen que inventar.
Sólo la literatura puede salvarnos de nosotros mismos y nuestras frenéticas crisis existenciales.
Los libros son como los amigos, hay que saber elegirlos. Cada vez que tomamos una decisión clausuramos infinitas posibilidades en donde pudimos haber labrado el laberinto de nuestras vidas ¿qué feo, no?
Escribimos y leemos para combatir la realidad que nos asfixia; no para escapar como lo hacemos con el alcohol, las drogas y las películas palomeras. Las letras son una protesta inmortal y contundente: ¡El mundo en el que vivimos no nos basta!