REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 05 | 2018
   
06-03-2012 
El día especial
Autor: DALILA FRAGOSO TEJAS
La tía Nena salía en las mañanas antes de que rayara el astro rey. No importaba que fuera verano o invierno, a veces por el cambio de horario y otras porque el sol estaba muy lejos. Había días en que se sentía muy fuera de sí, parecía que el mundo estaba en su contra y que llevaba su vida a las patadas. Ese en particular era un día de esos. En el camino, un taxi se le cerró, mas tarde el chofer de una camioneta particular le pinto huevos porque una cuadra antes ella prendió sus direccionales y se pasó al carril de baja por donde iba la camioneta, el de la camioneta quería ir más rápido y rebasar, lo cual hizo después de insultarla.

Era un modelo antiguo, desde que lo vio se prometió que iba a ser suyo, pasaron tres años antes de que eso sucediera, pero finalmente hicieron buena mancuerna, claro que con algunas modificaciones, la caja de velocidades, el motor, una pintadita, y mucho amor de su parte. En realidad ese negro modelo 89 apreciaba a la tía Nena.

Lo conoció a través de sus métodos raros, la tecnología al servicio de los sentimientos, así era la tía Nena. Se vieron por primera vez en un café de franquicia, donde la comida era verdaderamente asquerosa, pero ese día el sándwich le supo a gloria y las papas tenían un sabor especial. Él le dijo que las cocinaban con knor suiza, a ella le gustaron.

Cuando llegaba al colegio la tía Nena se transformaba y se le olvidaban por completo sus traumas con los otros colegas del volante. También se le olvidaba que se sentía terriblemente fea, se le olvidaba que sentía tener una panza de vaca y que su cuerpo no era el que más le hubiera agradado para ella, -aunque se los digo yo, era realmente atractiva- se le olvidaba que cada día que pasaba se sentía más fuera de lugar, más vieja, menos oportuna en esta vida. Se le olvidaba que sufría de hambre y sed, porque prefería cumplir con los horarios de los demás que sentarse a comer o tomarse tranquilamente un agua, que tenía sueño por desmañanarse o por dormirse muy tarde ordenando su trabajo, se le olvidaban las presiones, su familia, sus sueños, sus otras obligaciones, se le olvidaba todo, y se entregaba al arte de estar frente a sus muchachos, esos adolescentes que a pesar de que eran muchos y que algunos de ellos debieron ser realmente intolerables, nunca tuvo malos sentimientos con ninguno, tal vez no los amaba a todos, pero siempre los apreció y cada uno tenía un lugar especial en su corazón y en su tiempo, aun cuando algunos la odiaran.

El negro fue el coche en el que aprendió a manejar, le pareció siempre un instrumento delicado, aprendió la fuerza que necesitaba para acelerarlo, para frenarlo, la respuesta que obtenía a cada movimiento, supo reconocer cada ruido, cada ronroneo, y siempre que sentía que algo no estaba bien, -algo no estaba bien-. Nunca manejó otro coche, por lo que nunca supo comparar el suyo.

El era un hombre delgado, de apariencia tierna, varonil, muy tranquilo y muy precavido. El le dijo antes de conocerla personalmente, que encontrar una mujer que valiera la pena, era como encontrar un garbanzo de a libra. Seguramente usó otras palabras, pero lo del garbanzo, estoy seguro que sí lo dijo, la tía Nena era extremadamente detallista en algunas frases y nunca las olvidaba. Tampoco olvidó que él mencionó que no tenía ninguna prisa ni ninguna necesidad de una relación en ese momento y que no la estaba buscando, también ahora es posible que tergiverse sus palabras y no cite correctamente, sin embargo, esa es la idea que la tía Nena tenía clara. Además la tía Nena compartía su nueva ilusión con una amiga que él tenía y a la que veía simultáneamente y de la cual ella nunca quiso darse el tiempo ni el espacio ni el derecho de preguntar nada.

El negro era el compañero que la escuchaba cantar y que la veía llorar, el negro y su cangrejo rojo de peluche fueron sus compañeros de todos los días, ninguno de los tres necesitaba mediar palabra, entre ellos se comprendían. Nunca se abandonarían, habían pasado muchas cosas y siempre terminaban juntos.

Salio con él varias veces, pocas en realidad, una vez fueron a caminar largamente y la tía Nena para apaciguar su nerviosismo se tomó litro y medio de agua casi al hilo, claro que los efectos hicieron estragos en ella, que ensució sus pantalones, pero casi no se notó porque eran azul marino. Tuvo ganas de llorar por el ridículo, pero no percibió ninguna reprobación de parte de él, se echó en sus brazos por primera vez, sintiéndose mejor. Otro día fueron a pasear al jardín de los coyotes, y lo mas hermoso fue llegar por la avenida Miramontes y pasar debajo de un arco de jacarandas y hacer caminar al negro sobre una alfombra morada. Ese día las ratas que vieron en el parque eran grandes y gordas. La feria pasó por sus vidas solo con unas cuantas vueltas.

Ella fue quien lo besó por primera vez… -me sentía como conejo!-. Siempre nos hicieron reír los comentarios y comparaciones que la tía Nena hacía sobre sí misma; algunos eran dolorosos, pero ella siempre se reía. Tenía ganas que él la acariciara tiernamente, pero como no sucedía, ella lo besó, fueron los mejores besos en largo tiempo.

El siempre le dijo las cosas que necesitaba saber, pero a ella no le gustaba oír. El era divorciado y lo más importante en sentimientos y tiempo serían sus hijos. Estaba enamorado de ellos y aún cuando deseara una compañera tenía claras sus prioridades. El tiempo sería breve, no habría excepciones.

Cada vez que ella hablaba de otro coche o de vender ese que tenía, el negro dejaba de funcionar, no encendía. Ella lo consentía, besaba el volante, le hablaba muy tiernamente como si tratara de convencer a un niño de no hacer una travesura… finalmente el negro cedía.

Espero mucho al amor de su vida, cada día que pasaba la espera era desesperante, sentía al tiempo como un elemento que erosionaba su ser y destruía poco a poco la ilusión de compartir cosas, no sabía exactamente qué, pero tenía una carga muy pesada en el pecho. Nunca quiso cargarla en otra parte, o dejarla un rato abandonada por ahí, siempre la llevó doliéndole justo debajo de la garganta. Era como un cáncer de sentimientos agolpados en lágrimas, en silencios, en desesperanza. Siempre se preguntó por qué tenía que hacer méritos para que la quisieran, por qué siempre tenían los demás que estar seguros de que podían confiar en ella, nunca sintió ser querida simplemente por ser quien era, tal vez nunca sintió confianza de sí misma, necesitaba reafirmarse a través de los demás. Los únicos instantes en que no le interesaba ser valiosa, era cuando daba clases, porque se entregaba a tal grado que no importaba el resto del mundo.

El tuvo el detalle de enviarle una foto donde estaba con sus hijos. Ella no se sorprendió al verlos, reconocía en ellos la energía juvenil y los rostros adolescentes y traviesos que veía todos los días en el Tecnológico, podrían ser tres de sus alumnos, y por sus edades, también podrían ser sus hijos.

Las siguientes veces los besos no esperaron, las caricias se volvieron parte de la conversación, las manos entrelazadas la hacían sentir única, especial, agradecida, feliz, hasta deseada y bonita. Las miradas eran tibias aunque en momentos translúcidas y un poco vacías de los colores que ella quería, pero los sentimientos no estaban todavía en los labios de él, sino en el pecho de ella, debajo de la garganta.

El negro sintió el afecto de sus manos una noche antes, ella fue por shampoo y lo lavó, quedó perfectamente negro y brillante, parecía que el carro respondía con una cierta belleza a los cuidados que ella de prodigaba.

Al salir ese día del Tecnológico volvió ese espantoso nerviosismo y ansiedad que frecuentemente la embargaba, una prisa extraña, un malestar con algo, con ella, con todo, con nada. A veces era tal su ensimismamiento que, cuando caía en la cuenta, no sabía como había pasado las calles, como se había incorporado a las avenidas.

El regalo que él le hizo la conmovió mucho, a ella le gustaba la poesía, pero en labios de él era diferente. Sentía que las palabras y los ritmos tomaban un color calido y particular. Le gustaba besarlo, aunque a ella le hubiera gustado que él tuviera mas tiempo, no para estar físicamente juntos, sino para sentirse viva. A veces se la pasaba pegada al teléfono, lo ponía cerca de su cama, y la vencía el sueño esperando escuchar el timbre o recibir un mensaje en el celular, pero fueron más las noches que espero y se durmió en silencio.

Esa mañana entró de Santa Fe a Constituyentes, venía escuchando la radio, los clásicos de Universal Estéreo. Por el retrovisor vio un trailer, venía bajando. El coche se aceleraba con la pendiente y por las curvas y la tía Nena se había dado cuenta que si pasaba sobre algunas imperfecciones del pavimento el negro se salía de control.

El es un hombre especial, ella se dio cuenta que empezaba a sentirse muy cómoda con él, no es que antes no le agradara, quiero decir que la tía Nena era rara, se enamoraba rápido, pero se volvía a enamorar en el camino, una y otra vez del mismo hombre, le llegaban oleadas de amor, como ataques espasmódicos cada vez más intensos. Había llegado el primer golpe fuerte y empezaba a tener miedo de sentir y perder, pero pobre tía Nena, ya había perdido otras veces, se estaba acostumbrando a eso y ya casi lo esperaba. A veces parecía convencida de que el amor romántico no existía, se cansaba en el proceso de convencer a su pareja de que valía la pena quererla, en fin, la tía Nena tenía tantas cosas que dar pero nunca supo como ni a quien, ni en que medida. Solo sabía que le dolían las emociones, que le daban choques eléctricos debajo de la garganta cuando se sentía perdida, dándole lástima a la vida, en este mundo de granito, como bien le había dicho uno de sus libros preferidos.

Le gustaba bajar por Constituyentes por el carril de la derecha, no muy rápido y ni un solo día de los que bajo por ahí, dejó de leer la indicación de tránsito que decía, "circulación continua no se detenga". En la radio se escuchó una de sus canciones favoritas. Las primeras veces que la oyó, no entendía la historia, pero le gustaba. Una vez, sin darse cuenta le dio un sentido a la letra de la canción y se apasionó por ella, cada vez que la programaban en la estación, le subía de volumen al radio del coche para cantarla y que todo se llenara de esa triste emoción que la letra y la melodía le transmitían.

Goodbye To You My Trusted Friend
We´ve Known Each Other Since We
Were Nine Or Ten
Together We´ve Climbed Hills And Trees
Learned Of Love And Abc S
Skinned Our Hearts And
Skinned Our Knees …

La tía Nena pensó en nunca decirle a él que lo quería, siempre le diría que lo amaba, pero sentía que si lo hacía ahora, a él le parecería apresurado, no quería que creyera que mentía, que no lo sentía, no quería que le quitara el valor a sus palabras y deseos, no quería volverse a quedar vacía, deseaba que la magia no desapareciera nunca, él le parecía un hombre que necesitaba el amor en gotitas.

El trailer estaba detrás de ella. En esa parte de Constituyentes hay un paradero de camiones, a veces está despejado el camino, pero otras veces causan problemas de trafico. Ese día era de los problemáticos. Ella tuvo que frenar porque quedó detrás de una serie de camiones que parecía que no se moverían nunca. El trailer también frenó, pero por la distancia a la que estaba y sobre todo a la velocidad que venía decidió pasarse al carril de junto para no estancarse con los otros camiones.

Lo que deseó durante muchos años de su vida, fue tener un compañero, una pareja, siempre dijo que no importaba si era poco el tiempo que durara esa relación, pero quería de manera precisa algunas cosas: Quería sentirse querida, quería no sentir que la negaban o que no podía abiertamente demostrar su cariño, quería dormir con él, no quiero decir que quería tener sexo, me refiero al simple hecho de dormir con alguien, de estar en la noche con su pareja e ir a la cama juntos, abrazarlo, quedarse tibiamente perdida entre sus brazos o cerca del cuerpo de él. Soñaba con levantarse por las mañanas e imaginó muchas veces que mientras él se bañaba ella planchaba su toalla, para que estuviera calientita y suave para cuando él se envolviera en ella. Se inventaba menús para sorprenderlo y que resultara un placer comer juntos, planeaba visitas a museos, caminatas por las calles, idas a teatros o conciertos con él, anotaba en su libreta de pendientes imaginaria, todas las conversaciones y temas que le gustaría desarrollar en sus ratos libres, cuando estuvieran tirados en la arena o cuando caminaran por una arboleda, o al ver la lluvia desde una ventana, siempre tomados de la mano. Se imaginaba y se proponía hacer de su vida en pareja una novedad de tiempo en tiempo, porque quería terminar de envejecer al lado de ese compañero tan añorado, tomados de la mano siempre, yendo juntos a todos lados, siendo uno solo.

La tía Nena observó la maniobra del trailer, era demasiado grande e impidió el paso de otros carros, el espacio estaba abierto, el trailer aceleraba por la pendiene, ella se decidió y aceleró al modelo antiguo para incorporarse el segundo carril, sin embargo el negro nunca reaccionaba a la velocidad del pensamiento de la tía Nena. Por el retrovisor, vio como se encendían las luces del trailer, y simultáneamente, escuchó cómo le gritaban desde los camiones detenidos, una palabra que le molestaba mucho. Hundió el pie derecho en el acelerador, pero el negro siempre se tomaba su tiempo.

Un día de pronto él le dijo que ya no quería verla, que era mejor que terminara todo. Ese día si sonó el teléfono, aunque la conversación fue breve, de todos modos la tía Nena no pudo dormir como muchos otros días, solo que la razón ahora era el desconcierto y la sorpresa. No hubo explicaciones y ella no las pidió, deseaba solamente que el tiempo se detuviera unos cuantos instantes para poder ver todo con calma.

Quedó poco que reconocer del negro, su volante le perforó el estómago y tal vez reventó los pulmones, rompió sus costillas, su cuerpo manchó y deformó el tablero, un fragmento del cristal del parabrisas cruzó su frente, parecía que el tiempo finalmente se había detenido, el trailer no se detuvo. El negro quedó con dos llantas arriba, el silencio fue absoluto, solo se oía el patético y fuera de lugar sonido del claxon del negro, y unos segundos después, bajito, casi imperceptiblemente el susurro de una melodía

Goodbye my friend It s Hard To Die
When All The Birds Are Singing In
The Sky
Now That The Spring Is In The Air
With The Flowers Everywhere …