REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 02 | 2018
   
06-07-2016 
Recuerdos
Autor: Emilio Guzmán Gutiérrez
Recuerdos.
Se camina, corre, respira, espera y se vive. Se recuerda, anhela, desea decepciona y se muere.
Es esta tan solo una ciudad como cualquiera, que se asfixia a diario cada vez más, una ciudad nacida a los pies de un gigante, un gigante dormido pasivo que mirara la destrucción de su cuerpo, callado, paciente esperando el momento de despertar. La lava de su corazón se ha petrificado y así como ese gigante se siente él.
Es otro día en este teatro, una grotesca función donde la pobreza aflora, su ciudad se pudre y el indiferente ante todos los problemas lo único que desea es aferrarse a su recuerdo, solo eso un recuerdo ante el abismo del olvido.
Recuerda sus palabras, que son una curiosa y dolorosa remembranza.
-¿a quién no le rompen el corazón?- pregunto ella
Su pregunta lo desconcertó de una manera impetuosa, antes de que pudiera articular alguna palabra o pensar en alguna respuesta. Ella agrego con la seguridad de quien ya ha terminado con cualquier hálito de ternura, olvidado cualquier recuerdo de aquellos besos, los caminos que recorrieron juntos, las risas, sonrisas, abrazos, promesas, muestras de afecto, aquellas platicas sin sentido que sin más contenían lo que ambos temían y añoraban, los momentos de felicidad que pasaron juntos, los secretos que compartieron y los crearon.
Pero también el dolor que se provocaron, las decepciones, las preguntas sin respuesta, las promesas rotas.
Ella lo miro con cierta lastima o quizá un toque de pena disfrazada de compasión, ya que no es lo mismo la pena que la vergüenza ni compasión con amor. Tal vez no solos percibió eso en su mirada su voz tenía un tono de ira y dijo:
-A mí me lo rompió un idiota
Como si estuviese dando una explicación a un extraño como si estuviese dando una explicación a un extraño o a un niño, mejor dicho un niño extraño.
Con esa simple frase, en ese preciso instante, en ese doloroso y lento segundo acabo con todo lo que quedaba de pie dentro de él.
De nada sirvió todo lo que sabía, lo que conocía o las cosas que creyó saber. Las cosas que habían vivido, porque nada lo había preparado para algo así. Ya que nunca se había sentido de esa manera tan extraña y sencilla a la vez.
Esa última frase que pronunciaron aquellos hermosos labios explotó y tuvieron el eco de una granada de fragmentación con la misma devastación como la que se ve a diario en las noticias, era inevitable como todo en la vida. Su padre le decía “No te aferres a nada, porque todo cambia, todo pasa, todo termina, todo se olvida.”
Se detuvo y no se atrevía detenerlo a tomarla del brazo y robarle un último beso, o simplemente decir un argumento que más bien hubiese sido un reproche a destiempo. Imagino eso pero el amor no es como en las películas y el amor no es propiamente algo concreto. No tenía sentido, ya nada lo tenía. No pudo decir una vez más lo que había dicho muchas veces y no había expresado nunca.
Y fue aún más terrible aquella descarga que la memoria y el cerebro dirigieron a su corazón porque sabía que tenía razón Al final él no tenía ningún derecho de lastimarla y sin embargo lo hizo. De cualquier manera las palabras palidecen y pierden su sentido, en cambio el dolor siempre es nuevo.
La miro mientras continuaba su camino, con su manera tan particular de andar y el vaivén de sus caderas; en ningún momento aminoro su marcha, ni se detuvo a mirar hacia atrás. ¿Para qué si solo vería a un hombre con cara de perdido?
Lo que él no supo fue que ella caminaba sin rumbo, igual de perdida y haciendo acopio de todas sus fuerzas para que sus piernas no le traicionasen y se derrumbarse, estrecho su pecho entre sus brazos haciendo un movimiento como si quisiera cubrirse del fio, no era el frio lo que quería alejar, deseaba trasmitirle a su corazón la calidez de sus delicados miembros, caminaba por inercia y mirando al suelo mientras sus cabellos fueron los únicos pañuelos que cubrieron sus lágrimas, ni siquiera ella estaba segura de hacer lo correcto, pero nunca nadie sabe si ha hecho el bien o mal al romper un corazón porque no hay una manera amable de hacerlo. Contuvo el deseo de volverse a mirarlo. Su aturdido pensamiento solo podía pensar en una pregunta y dar más preguntas como únicas respuestas ¿Por qué?
Así se quedó él con la certeza de que ya nada era posible, se dio cuenta de que él fue el culpable, su arrogancia se escondió en algún lugar y el orgullo herido se alejó cojeando con una herida mortal a resguardarse dentro de él ¿Qué le quedaba entonces? Su corazón maltrecho se preparó para el olvido y quizá sea la capacidad de olvido lo que nos sostiene y nos destruye, lo que nos permite recorrer los días que conforman una vida, lo que destruye una historia, la historia. Lo que se desvanece de inmediato para dejarnos sólo su añoranza.
Y quizá sea todo y a la vez nada.
Perdió de vista su silueta, al fin volvió al mundo real, a ese mundo que gira y gira y no se detiene para preguntar ¿Cómo te encuentras? ¿Necesitas que me detenga para darte un respiro? No, no es el mundo es más bien la vida y el tiempo.
Él continuaba allí de pie sin saber qué hacer, el viento se hizo más fuerte y el rumor de un rayo llego a sus oídos, sonrió y no fue por felicidad, fue una de esas sonrisas amargas que a veces hacemos como una especie de reflejo para disfrazar el dolor.
Su mano no titubeo ni un instante para llegar al bolsillo de su gastada chamarra, saco un cigarrillo y rebusco en sus bolsillos para encontrar el encendedor. Su mente estaba en otra parte, camino a algún cementerio como un cortejo fúnebre para enterrar un recuerdo que a pesar de haber sucedido hace algunos minutos, él tenía la impresión de haber presenciado una mala comedia hace años. Se sentía ajeno a su papel en el reparto y su cuerpo ya no era el suyo.
El cigarro se posó en sus labios de la misma manera en que una mariposa se posa en alguna rosa, enseguida lo encendió con un movimiento brusco y quemo las alas de la mariposa.
Se dio cuenta de que ya era tarde, para volver a casa, pero no importa lo único que deseaba en ese momento es que el cigarro se consuma lentamente y el humo alivie su nostalgia, porque con cada bocanada de oxígeno que pierde, gana una enorme sensación de bienestar.
Una gota cayó en su zapato, menos mal pensó la lluvia me vendría ahora y comenzó a caminar en la dirección opuesta
Pero se equivocó no era la lluvia, las nubes aún estaban distantes, aun así nadie se atrevió a decir lo evidente.