REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 02 | 2018
   
06-07-2016 
LA CASA DE NADIE.
Autor: Jesús Manuel Crespo Escalante

I
La casa tiene ese misterio subjetivo de otros días. Se cuenta de una joven morena como su guardiana. Muchos piensan que la cuida desde hace más cuatro años, pero nadie sabe realmente la verdad. Aunque pareciera un invento de la gente del pueblo. Hay rumores casi a diario, llegan uno tras otro usurpando al siguiente. Rumores que vagan siempre en la memoria del mal pensado. Por ejemplo Rosaura, ha visto a la joven morena brincarse la barda todos los días, para entrar a la casa, y, también la ha visto salir de la misma manera. Mario tiene una tiendita enfrente, asegura por las noches se le ve a la joven hacer la limpieza.
Comenta.

- Suele desempolvar los floreros a media noche, mientras tararea alguna canción.

Rogelio piensa que la joven morena es una bruja, o una puta bruja.
Él blasfema, sonríe, se burla, y fuma la mitad de un cigarro.

- Brujería negra, estoy completamente convencido. ¿No le has visto los ojos?
Tiene la mirada de un toro de libia.

Yo la he visto un par de ocasiones cuando me dirijo al trabajo. Déjeme decirles que no tiene absolutamente nada de bruja. Al contrario, es bellísima.

Cabizbaja en su andar va matando hormigas, borrando el tiempo con sus conteos largos, pareciera que no tiene otra cosa mejor que hacer. Fíjense que no tiene nada de especial, aunque tenga la cara de enojo, y ande con el mismo vestido siempre.

Me ha correspondido con su indiferencia, devolviéndome la mirada, silenciosa, poco amable, nada coqueta.
Yo digo, ciertamente, que las cosas no pasan por algo, y que no todas las palabras se las lleva el viento. Más en este pueblo absurdo, lleno de pendejadas y leyendas.

II
Hoy la casa tiene un anuncio “Se venden arreglos florales a ochenta pesos “.
Rosaura con toda la ingenuidad del mundo, segurísima de su imaginación constante. Nos hace saber lo terrible de no tener esposo o esposa para joder y jodernos.

- ¿Supiste?, se llevaron a la joven morena por la policía.

Mario detallo ociosamente el chisme.

- Es cierto. No hubo necesidad de usar la fuerza… Ella misma subió a la patrulla.

También escucho cuando la policía le decían a la joven morena.

- Señorita, recibimos una llamada anónima, en donde nos informan que usted trafica con animales chinos.
- ¿Animales chinos?- contesto sorprendida.

De alguna manera, nos envolvemos ideológicamente, porque un misterio subjetivo puede llegar hacer una realidad insatisfecha. Después de todo, no hay nada de fantástico en la casa. Ya no tiene ni una gota de misterio, ni siquiera parece casa de pueblo, mas bien, tiene un toque urbano, como fraccionamiento de ciudad, donde circulan miles de hijos de su madre… pocos hijos sin su padre, pero todos, pensando en el trabajo, en las deudas, o en lo que no será, o ya fue… Circulan escuchando música para sordos. A la casa no le falta nada.

III

Hoy la casa luce como el primer día. Aparentemente deshabitada. El portón es verde nuevamente. La barda se ha decolorado por completo.

A la nalgona de Rosaura no se le va una.

- La joven guardiana lleva dos días desaparecida.

Con ese vano argumento convocaron urgentemente a una reunión vecinal. Extrañamente Mario y Rogelio aceptaron. A mi no me quedo de otra.

Embelesados por algunas cervezas. Impregnados por el perfume de la curiosidad, nos reunimos en casa de Mario hasta deshoras de la madrugada… hasta continuar con todas las difamaciones posibles. Cada personaje sostenía lo dicho con anterioridad. De mi parte descarté todas las hipótesis, difamaciones y chismes, simplemente, porque carecen de sentido...
Ya con el alcohol en el corazón, subiendo y bajando, vomitamos cada quien sus respuestas. Fuimos interrumpidos por un breve silencio… donde pensantes, arrogantes, definimos en un trago lo que nos tocaba. Cada uno encendió un cigarrillo…era la consecuencia impávida de una alusión que no tenía otro camino que ser resuelta.

Fue cuando dimos la palabra a Rogelio.

- Este asunto se tiene que resolver hoy mismo…Así, así, sin más preámbulos… Uno de nosotros tiene que entrar a la casa.

Suspicazmente me jodieron.

- Presta mucha atención…Ya sabes lo que tienes que hacer.
- ¿Entendiste?-. Repusieron todos-.
- No es nada de otro mundo, te vuelas la barda, y ya. – Finalizó Rogelio.



Todo estaba listo.

El frente de la casa parecía una lapida fantasmal. Era el comienzo de todas las suposiciones
humanas.

Como precaución di un pequeño vistazo a la casa. Asome lentamente la cabeza. Parecía normal. Había un sillón mecedora, flores puestas en cubetas con agua, jaulas con loros, y una manta aterciopelada color negro cubriendo otras plantas… De reojo observe el banderazo de Rogelio. Tome impulso, y antes de decir… ya me hallaba en la terraza. Total oscuridad como bien lo supuso Mario. Di un último vistazo antes de tomar camino, encontrándome con la sorpresa de las cubetas vacías y las jaulas sin loros.

- ¡Qué extraño!- No le di importancia.

Pero que tal la sombra de un ser espeluznante. Que tal la silla mecedora moviéndose bruscamente. Que tal la puerta entre abierta, y ahora, totalmente abierta. Es mi sombra… Es el viento… Es mi imaginación… Es todo, menos eso.

Con la voz quebrada por el miedo, y tiritando de frío, entre cautelosamente a la casa. Iba contando mis pasos, pendiente de cada movimiento, fijándome en todo… iba incrédulo en cada descubrimiento. Por un instante, sólo por un instante, brotaron de algún sitio unas risitas burlonas.

- Es el viento. –Me dije temerosamente.

El chirrido de la puerta hizo que pensara en dar marcha atrás pero inimaginablemente ya no podía moverme. La vista me era escasa. Los huesos me temblaban, no solo de miedo, sentía que el alma se salía de mi cuerpo. Entonces aparecieron. Eran dos seres horripilantes… tenían los ojos ensangrentados, las manos llenas de cicatrices, los huesos deformados… El primero me miro fijamente. El segundo me dio la bienvenida.

- Tu debe ser el próximo.

Seguía inmóvil… Se escuchaban las risitas con más fuerza. El segundo ser insistió.

- Es un honor.

Un aire fresco hizo que despegara mis pies del piso, impulsándome, poco a poco. Ya flotaba, frágil, inmune, con una frescura deliciosa… quise gritar, patalear, moverme… inútilmente.

- No te preocupes, Tóbal. -Se escucho a lo lejos.

En la sala una voz adormecedora hacia retumbar las ventanas. En respuesta se escucharon terribles gritos, y llantos desconsolados que a adornaban la casa como una marcha nupcial. Recorría flotando suavemente, viendo cadáveres por todos lados. Había gatos blancos y perros negros. Había loros desplumados, flores fúnebres. Había búhos colgados de la muerte.

IV

Seguía incrédulo y asustado. Fui flotando hacia la luz.

El patio estaba rodeado de mujeres desnudas. Todas con un mechón rojo en la frente. Sí. Mujeres de ojos azules, esbeltas, blancas, de senos firmes, caderonas… Mujeres que al verme sonrieron de una forma espantosa.

El primer ser aúllo ferozmente.

- Ya es hora, Tóbal.

Aterrice brutalmente en el piso quedando consciente. Se escucho el coro feminista de una ópera inédita. Quise levantarme para salir corriendo, o volando, pero ya tenía el cuerpo totalmente paralizado. Aquellas mujeres veneraban mi caída con risas diabólicas.
Alcance a escuchar que usaban números pares como clave, creo que para comunicarse. Todo era relativamente poco creíble, estúpidamente bochornoso. En eso, abrí los ojos… Al levantar la vista, me encontré a la joven morena totalmente desnuda; flotando. Usaba en la espalda una capa de seda, color morado. En el antebrazo izquierdo le colgaba una canasta de flores, ¡Hermosísima mujer!. Me balbuceaba por momentos frasecitas tales “ich lib dich, ich lib dich, ich lib dich”. Sus ojos saltones contenían una especie de furia. Sus gesticulaciones eran preciosas, hasta cierto modo, angelicales. Nos miramos sin piedad uno del otro… por un par de segundos… para luego entonar juntos esta oración.

Si esto es un sueño… debe de ser un sueño mecánico.
Si esto es una muerte… debe de ser una de las muertes más ridículas.
Si esto es un enigma… debe de ser un enigma de medio tiempo.

Caí desmayado, esta vez para siempre.