REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2018
   
06-03-2012 
"Sílfide de asfalto".
Autor: Luz María Cortez Moguel
SÍLFIDE DE ASFALTO.

La noche revela la existencia de un solitario navío inundado de esa vida irrefrenable en cuanto imprevista, sorpresiva; perfumada por el destino, pródiga en paisajes y ensueños como olas. Ese pensamiento ha visitado la isla de una sílfide confinada al asfalto y tan hastiada de él, que un día voló hacia otro paraje y arrebatada por la encrespada marea de sangre en el azaroso y fugaz gesto de una mano volátil posada sobre la suya, retornó a su implacable naturaleza; entonó cánticos y ejecutó la irrepetible danza de una sacerdotisa protectora del aire y sus conjuros. Urdió redes invisibles a otros; no para unos ojos a quienes el destino obsequió la vida en el vértigo y vuelco de ese momento tenaz contra el olvido. Pero el amor es más vívido en la renuncia involuntaria y sabiendo que sus testigos en la frágil y terrible batalla entre titán y semidiós aguijonados, no cederían, nubló los ojos de la sílfide con el espejismo del engaño; ella enmudeció y olvidó su danza, para volver al asfalto.
Hoy una mano apresa el aire buscando su sílfide y un pensamiento busca, en otro extremo del mundo, una mano a la cual asirse; mas todo será cieno, hasta que nadie se afane y el destino se desinhiba, salga de sí, y en su cruel naturaleza decida unir para nutrir la vida plagada de huellas invisibles, siempre presentes en que se teje la historia de la humanidad hecha de ensueños.
Cuando parece que sólo ha permanecido esa memoria etérea y desesperada en que la otrora realidad se torna irreal, la férrea voluntad inspirada en el mágico fuego humano de la estrategia, amarra un pedazo del destino en la envoltura mundana, marcada con la fecha y la hora en que fue presenciado un frenético baile de sílfide enajenada, tan lejos y tan cerca de sí… baile de amor y renuncia; de vida y su disfraz mortal. Muy lejos, alguien mira las fotos de un día soleado, mientras su corazón late en un batir de alas, que será llanto hasta que la claudicación incite al destino y sus caprichos, propiciadores de encuentros. En el entretanto, lame su herida en el trozo de orgullo macerado por la letra en un papel, que es testimonio… Alguien debe saber que las sílfides danzan cuando los indicios se queman para ofrendarlos a la esperanza de que se nutre y a la tristeza en la plenitud del amor.

LUZ MARÍA CORTEZ MOGUEL.