REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 02 | 2018
   
03-02-2017 
Asalto nocturno
Autor: David Estopier
ASALTO NOCTURNO
David Estopier

Para los espíritus débiles parece que nuestra ruina es inevitable [1]
Creo que en 1979, escuché por primera vez el cuento El pájaro feo. Lo recuerdo muy bien, me encantó. Mejor dicho nos encantó. En ese tiempo asistíamos al teatro de acuerdo a nuestras posibilidades económicas, es decir, poco. Así, fuimos a dar con el grupo de teatro El Galpón. Ellos se presentaban en diversos foros. En una ocasión Daniel y yo tuvimos la suerte de ver representados magníficamente algunos cuentos de Eraclio Zepeda. Fue una grata sorpresa, nos los llevamos puestos. Días después durante una reunión, entre risas y guitarras, luego de la insistencia de algunos que ya habíamos visto a Daniel reproducir lo que vimos en el teatro, él tomó la palabra y repitió la historia, contó y actuó casi íntegro el cuento de El pájaro feo. Morimos de risa con su capacidad ―que hasta ahora conserva intacta―, de contar de forma alegre las cosas. Esas fueron lágrimas de risa. Lloré con ganas, lloré de risa.
Pasaron días, años, seguí con aquellos cuentos guardados en el corazón. Son una prenda que llevo puesta. No me separo de ella mucho tiempo. Hay cuentos que me han servido de ejemplo, otros que me sirven de compañía. Quienes escriben cuentos se envuelven en la vida y la vida les abre más vidas, se vuelve una elipse interminable que hace soñar:

Abro las manos:
En mis venas, la luz de mi sangre es llama.
Soy el primero, el último,
El primer Adán que se cortó las venas
Para ver su corazón lleno de palomas.
Soy Adán en busca de pájaros, de hierbas, de raíces…[2]

Escribir compromete, tomar un compromiso no es sencillo. Cuando se escribe desde el corazón se piensa muy bien en las palabras. A veces no salen tan bien pero al menos sé que si se escribe desde adentro sí se piensan y no solo eso, se sienten. Algunos incluso van más allá, tienen el valor de decirlas a voces aunque en ello vaya la vida. Cuando alguien pone su empeño en darse todo nos enriquece. Dice Silvio y dice bien “hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir”[3] y eso hizo por ejemplo Don Belisario Domínguez; le costó la lengua y luego la vida. Se entregó al acto de asumir su compromiso de escribir y decir.

Si cada uno de los mexicanos hiciera lo que le corresponde la Patria estaría salvada.[4]

En el mes de enero de 1953, bajo la presidencia de Adolfo Ruíz Cortines, se instituyó la medalla Belisario Domínguez para condecorar a quienes por su virtud sirvan a nuestro País y a la humanidad.
Esa medalla la recibió también, entre otros el poeta Jaime Sabines, me viene precisamente él a la memoria porque era chiapaneco al igual que Belisario Domínguez y porque el lunes 12 de diciembre del 2015 recibí con agrado la noticia de que Eraclio Zepeda la recibió también.
Al igual que don Belisario se brindó por sus creencias como muchos valientes lo han hecho, Eraclio Zepeda se ha brindado a nosotros, no solo como gran narrador de cuentos sino como poeta, cara poco conocida del autor, que nació, por cierto, en la misma tierra de Oscar Oliva, Zeferino Nandayapa, Rosario Castellanos, Amparo Montes y como ya dije Belisario Domínguez y Jaime Sabines, entre otros ilustres mexicanos. Vaya lugar de la Patria;


Soy un hombre que vive con el viento,
con el pájaro, con la nube, con la noche.
Vivo con todo lo que busca
un espacio preciso, en donde
anidar el espíritu lleno de gritos.
Tengo un espíritu ancho de universo
y a la luna enredada entre mis nervios
Soy libre:
leopardo encuevado en las mañanas;
jabalí que se pierde en el crepúsculo.
Viento soy [5]

La fuerza de los cuentos de Eraclio Zepeda es innegable, lo puedo constatar cuando digo que se nos grabó de primera vez el cuento El pájaro feo y lo trajimos tan a la mano que meses después, no conforme con decirlo en reuniones, Daniel llevó la narración a un foro público dos veces, fue un éxito, ahora lo recuerdo bien. Es como si lo viera pararse frente a más de 80 personas y hacer que rieran de nuevo como yo. Nos pusimos el cuento para toda la vida.
Durante la clase de literatura en la Preparatoria número 9, la gran profesora Elsa Cano escritora de la sección cultural El Búho que se mantuvo desde 1985 hasta 1999, como una sección por demás crítica y valiente en el periódico Excelsior, me contó alguna vez que le cortaron la lengua a Belisario Domínguez y se la enviaron como trofeo a Victoriano Huerta. No pude retener mi tristeza frente a ella. No me dio ni me da pena decirlo. Le agradecí la verdad. Dura e incómoda, triste e irremediable.

…El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir…[6]

El lunes 15 de diciembre del 2014, por la noche me conmoví, no lloré, pero sé que las lágrimas se quedaron aquí, adentro, frescas; intactas por tanta emoción, tanta nostalgia, tanto recuerdo de un solo disparo de palabras cuando escuché por la radio la noticia. Me llegó de un golpe la explosión de muchos de los relatos. Recordé que en el año 2009 y también por la noche, al terminar de presentar en Casa Lamm mi libro Equilibrio y camino, Jacobo me regaló una colección de cuentos de Eraclio Zepeda, ¡treinta años después el asalto nocturno del recuerdo reavivo al cuentista! La niña Zapa, El caballo viejo, El encantador de serpientes y otras maravillas. Los he disfrutado muchísimo.
Apagué la radio, lo demás fue lo de menos. El lunes me asusté por el asalto nocturno de la duda. Me fijé que traigo puestos los cuentos, confirmé además que no me los quiero quitar. Me pregunté si el pasado existe.










[1] Discurso de Belisario Domínguez (1862-1913) del 23 de septiembre de 1913.
[2] Oscar Oliva (1937). La hora de los soles antiguos (fragmento) tomado del libro La voz desbocada. Página 68-69. Fondo de cultura económica. México 1960.
[3] Silvio Rodríguez. Canción La era está pariendo un corazón.
[4] Belisario Domínguez (México 1863-1913)
[5] Poema de Eraclio Zepeda tomado de la página: http://elespejodepiedra.blogspot.mx/2011/04/la-espiga-amotinada-poesia-y-humanismo.html
[6] Rosario Castellanos (Chiapas 1925- Tel Aviv 1974). Fragmento del poema Destino