REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2018
   
03-02-2017 
Metamorfosis
Autor: Miguelina Reyes Hernandez
Metamorfosis.

Ayer…

-¡Las llamas amenazan con llegar hasta nosotros, cada momento el calor es mas intenso! Mis frágiles hojas, asustadas, se repliegan de miedo: en tanto, yo, trato inútilmente de resguardarme bajo ellas! De pronto, apare Manuel gritando:
-¡ Aquí, vengan a ayudarme, hay que proteger estos cafetos que son los que ya están a punto de recolección!
Todos se abocaron a ayudar a Manuel a sofocar el incendio con cubetas y trastos llenos de agua, y después de un rato de esfuerzo, lograron salvarnos. ¡Uf! Que susto, otro poco y no la contamos, recordaba con mis hermanos el incidente, mientras disfrutamos en esa tarde los últimos destellos de sol, donde el rojo de nuestro ropaje luce en todo su esplendor. Mañana inicia la época de recolección, y después al beneficio.
¿Quién dice que las plantas y los frutos no sentimos? ¡Claro que si, porque somos seres vivos! Y aquel día del incendio, quedo en mis recuerdos como el momento mas espantoso que viví. Pero no todos la vivencias que tuve son desagradables, recuerdo cuando unas manos suaves y tersas me acariciaban con cariño limpiándome de plagas y bichos que pudieran hacerme daño: eran las manos de Manuel, el humano que me cuidó durante todo ese tiempo en que crecí, junto con mis hermanos en esta hermosa y bella región de las altas montañas del estado de Veracruz, famosa por su exquisito y emblemático café, orgullo de propios y extraños. Ha pasado el tiempo, y en el beneficio de Ixhuatlán nos seleccionaron para continuar con el siguiente proceso, que es el despulpe. ¿Qué será eso? Ante la duda, permanecí a la expectativa, pero cuando me toco pasar; ¡Sentí cosquillas, muchas cosquillas! casi me ahogo de la risa, al sentir como me despojaban de mi ropaje color granate, hasta quedar totalmente desnudo. Ahora si, a secarnos en el sol. ¡De haber sabido traigo mis gafas y mi bronceador! Me sentí como turista en una playa en época de vacaciones. Mi tono de piel va cambiando poco a poco, de un color verdoso a uno obscuro: escucho que ya estamos listos para pasar al siguiente proceso que es la tostadora. ¿Dolerá mucho? Espero que no, aunque ahora soy fuerte y me cubre una cascara resistente de color café. Por momentos me preocupa cual será mi destino. Estoy dentro de unos sacos de ixtle, apretado, con mis hermanos, ¡Casi no puedo respirar! Por momentos siento que me asfixio, hasta que por fin llegamos a nuestro destino. La tostadora. ¡Si tan solo me hubieran avisado del calor tan intenso que iba a sentir, me habría traído un abanico! En este proceso empezamos a despedir un aroma especial, exquisito, el hombre que vigila la tostadora, periódicamente corrobora que el dorado se lleve a efecto con la mayor precisión. ¡Por fin estamos listos! Ahora la ultima parte, antes de salir al mundo. El artefacto que nos transforma en sutil y aromático polvo, poco a poco nos convierte en lo que somos ahora. La palabra mágica que saboreamos a cualquier hora, en cualquier momento. En soledad o acompañados …en un exquisito café.


Hoy…
Es una noche fría de invierno. La cita, en un conocido y concurrido café de la ciudad: Primero llega él: figura gallarda, y mirada intensa, vistiendo una gabardina color café. Se ubica en una mesa del fondo: al poco rato llega ella, esbelta, con el cabello color avellana, suelto, que le cae sobre los hombro;; caminando con la agilidad y gracia de una gacela. Viste un abrigo negro de lana. Yo estoy allí, en medio de los dos. Soy parte de una historia de amor, también es el final de mi paso por esta vida, pero valió la pena la metamorfosis. Soy testigo del reencuentro de dos almas solitarias, que se toman las manos, en torno a un aromático y exquisito café.


Autor: Miguelina Reyes Hernandez.