REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 12 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Las constelaciones visuales y poetas del arte contemporáneo - Conversación con Miguel Ángel Muñoz


Delia Pérez

Miguel Ángel Muñoz nació en Cuernavaca, Morelos en 1972, estudió historia en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, y realizó la maestría y doctorado en Historia del Arte en la UNAM. Desde hace un par años forma parte del Seminario de Cultura Mexicana. Es poeta, historiador y “crítico de arte” -no le gusta el término- . Muñoz acaba de publicar el libro Constelaciones de la mirada (Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2014), donde reúne ensayos críticos sobre arte contemporáneo y los problemas estéticos que plantea la percepción de la obra de arte. Se presentan críticas expositivas y perfiles narrativos e históricos de artistas clave de las últimas cinco décadas, así como revisiones historiográficas de algunos de los movimientos artísticos del siglo XX (informalismo, expresionismo abstracto y arte conceptual). Poeta, lector voraz y exigente. Viajero constante, interminable, que ha encontrado en París, Marrakech, Madrid, Barcelona, Viena, Praga, Lisboa y Perpiñán, sus ciudades no sólo recurrentes, sino “preferidas”, aunque no niega su pasión por el Caribe: Puerto Rico, Panamá, República Dominicana, Jamaica -“un paraíso”- dice Muñoz… Ha traducido al español la poesía de Yves Bonnefoy, John Berger, John Ashbery, Adonis y Albert Râfols-Casamada. Además es autor de importantes compilaciones de textos históricos de Gutierre Tibón, José Hierro y Rubén Bonifaz Nuño, Rafael Canogar, estos tres últimos sobre historia de las formas estéticas. Su libro anterior fue El instante de la memoria (Editorial Praxis, México, 2013), donde traduce y recoge la poesía de sus ocho poetas más cercanos, más próximos no sólo a su poesía, sino que todos tienen en común en tema recurrente en la obra de Muñoz: la pasión por el arte. Sus textos se publican prácticamente en todas las publicaciones: suplementos, revistas y diarios, no sólo de México, sino de América Latina y España.
Las constelaciones de la mirada es su libro reciente, un proyecto más a la trayectoria, ¿cómo define este nuevo proyecto editorial?
- La idea fue de Bernardo Ruiz, director de publicaciones de la UAM de reunir una parte de mis ensayos dispersos. Los textos que ahora presento, tras una criba más severa si cabe que en momentos pasados, mantienen una “cierta” secuencia cronológica que considero lógica puesto que de este modo fueron pensados y publicados en su momento. Tuve la idea, en una primera lectura, de ordenarlos en razón de los motivos a los que en alguna medida responden, pero enseguida la abandoné, para dejar su propia historia a cada texto.
La mirada del artista es siempre transgresora e incluso subversiva desde el punto de vista del tiempo. Las entrevistas las hice en diversos momentos y recogen un panorama múltiple de arte contemporáneo. Tarea nada fácil. Además, el artista se aventura a diseccionar capa a capa las convenciones que controlan o determinan la presencia sensible del objeto más trivial. En el caso de ensayos o entrevistas sobre artistas como Richard Serra, Eduardo Chillida, Antoni Tàpies, Joan Hernández Pijuan, Josep Guinovart, Juan Genovés, Roger von Gunten, José Luis Cuevas, Ricardo Martínez, Roberto Matta, Ignacio Iturria, Rafael Moneo, John Berger, Rubén Leyva, Rafael Canogar, Albert Râfols-Casamada o Luis Feito, fueron creciendo con el tiempo, pues tuvimos múltiples intercambios de ideas, correspondencia y sugerencias, que llenaron páginas y páginas interminables.
¿Sientes qué hay debate abierto entre lo moderno y lo contemporáneo? Te lo pregunto pues tu eres un poeta apasionado del arte moderno: Picasso, Tàpies, Klee…
-Al margen del debate de la modernidad o de la posmodernidad, que parece protagonizar la escena artística contemporánea, coexisten hoy diversos acercamientos a la obra de arte todavía vigentes y activos, que nos sitúan a una distancia apropiada para entender las calidades estéticas que la singularizan. Figurativo o abstracto, instalación o fotografía, de contenidos narrativos o gestuales lo cierto es que, entre nosotros, el arte prosigue su camino incierto con la condición de siempre. Para el artista, el laberinto planteado en cada nueva obra poco tiene que ver con los debates del gusto contemporáneo y menos todavía con la publicidad que los espolea. Esta visión demuestra que el arte que se produce en las últimas cinco décadas del siglo XX ha minado cualquier noción de arte puramente visual. Las instalaciones, los performances y los trabajos en video, pintura, fotografía y escultura muestran su carácter híbrido.
¿Consideras que el lector de Constelaciones de la mirada debe tener un conocimiento amplio del arte, para entender tus visiones estéticas?

-No. El lector, que conoce esta diversidad, se siente invitado a responder también con modos de mirar plurales; a pasear, sentir la experiencia de una obra en la que los sentidos están implicados; a leer y mirar, a entender y describir una teoría que se cobija bajo una instalación o una fotografía, o a sentir una mirada poética en la que sobrevuelan los significados. Por ello, hemos convocado a estos creadores que reducen la belleza al placer de ver, oír y tocar. Cada uno posee un lenguaje plástico sorpresivo por su refinamiento e incisividad formal. Poussin, el pintor filósofo, llamaba delectación al objetivo que persigue la contemplación de toda obra de arte. Algo de lo que esta afirmación inquietante puede significar es una de las numerosas interrogantes que el lector y espectador curioso debe plantearse frente a las voces de los creadores que he seleccionado. Con ello demuestran que, a pesar de un mercado que impone la dinámica de marcas y signos múltiples como calificativo último de originalidad, el artista se define todavía por la curiosidad versátil que permite renovadas sorpresas y propicia inesperados descubrimientos.
¿Cómo calificarías lo que llamamos de manera habitual las vanguardias del siglo XX?
-En las primeras tres décadas del siglo XX se dan los movimientos más interesantes e importantes, y curiosamente más en los lugares de la provincia europea: cuanto más alejados estaban de París, más vanguardistas eran los artistas. Justo en eso aparece un primer movimiento moderno. Obras que no se pueden simplificar reduciéndolas a un catecismo, como sí se pueden simplificar los trabajos de la vanguardia, creados por artistas individuales, como Picasso, Gris, Braque, Klee, Beckmann, Derian…
¿De esas tendencias artísticas cuáles te parecen hoy claves para entender lo qué pasa hoy día?
-Creo que lo fundamental son los artistas, lo más importante para mí como historiador y desde luego, como un poeta que ve y escucha el arte. El único movimiento considerable es el cubismo. Es lo más grande que nos dejó el siglo XX. Los demás son manifestaciones periféricas. Y figuras clave para mí son Picasso, Gris, Matisse, Braque, en el ámbito francés; y el genial escultor español Julio González, que es para mí una figura fundamental. Sin olvidar, una figura única: Marcel Duchamp. Recuerdo que Octavio Paz me decía que para él Duchamp era la contraparte de Picasso, pues también cambió los derroteros de la modernidad. Y sí, Paz tenía mucha razón. Por otra parte, hay otra tradición, la de lo fantástico y lo grotesco, en la que indagan Chagall, Ernst, Mondrian, Balthus, Dalí y Joan Miró. Que son también artistas “revolucionarios”; es decir, que cambiaron el rumbo de las vanguardias.
Al juzgar el siglo XX te muestras más partidario de las figuras aisladas que de los movimientos. ¿Opinas lo mismo del arte actual?
-Mi aproximación al arte actual es exclusivamente por figuras. Los mecanismos de difusión del arte actual están terriblemente condicionados por intereses de mercado. Esto enmascara su realidad. Con todo, me interesan mucho pintores como Gerhard Richter, Robert Rauschenberg, Ràfols-Casamada, Rafael Canogar, Tàpies, Scully; fotógrafos como Chema Madoz, Robert Frank, García Alix, Tracey Moffalt, Duane Michals, Nan Goldin; creadores como Bill Viola, Louise Bourgeois, Cristina Iglesias, Gabriel Orozco, Francesc Torres, Jenny Holzer, Rebecca Horn, Anselm Kiefer, Tacita Dean… Son artistas que han cambiado y revolucionado el arte, sin ellos, no podríamos entender mucho de lo que pasa hoy día. En México siento que hay buenos artistas, pero que tienen una fecha de caducidad, aunque no sigo mucho el arte mexicano. Me explico: Teresa Margolles, Belsabé Romero, Gabriel Kuri, Carlos Amorales, Abraham Cruzvillegas, Demián Ortega…, son artistas con poco interés para mí. Las llantas de Romero o las mantas y muros de sangre de Margolles, tienen caducidad estética pronta. Son proyectos destinados a una bodega de algún coleccionista rico o a las de un museo, que va a tener que buscar algún lugar en sus enormes bodegas. Gabriel Orozco, es un caso aparte, algunas obras son excepciones, otras… Es un heredero directo de dos grandes artistas conceptuales, y sobre todo, es de los pocos artistas que ha entendido a Joseph Beuys y a Marcel Duchamp. Y de la pintura… Me interesa la abstracta, como la de Alfonso Mena, Miguel Ángel Alamilla, y alguna figurativa, como la de Francisco Toledo, Rubén Leyva o José Villalobos. Y jóvenes como Patricia Henríquez, César Flores, Jorge del Àngel, Fernanda Deschamps, Sandra Pani, Marisa Boullosa, Alejando Díaz, Francisco Quintanar, que han van construyendo una propuesta interesante.
A tu juicio, ¿cuál fue el último gran movimiento del arte moderno?
-Sin dudarlo, creo que fue el informalismo. Es el gran movimiento internacional. Se dio en Europa y Estados Unidos, donde recibió el nombre de expresionismo abstracto. Hay artistas clave, fuera de serie, como Antoni Tàpies, Josep Guinovart, Antonio Saura, Rafael Canogar, Manolo Millares, Pierre Soulages, Tal-Coat, en Europa, o estadunidenses, como Pollock, Willem de Kooning, Motherwell, Rothko, Franz Kline o Cy Twombly. El interés por la materia coincidía con una rebelión contra la forma. Lo que siguió ya forma parte de la posmodernidad. La disponibilidad frente al pasado caracteriza la modernidad. Se ha pensado que la modernidad era la época en la que la creación artística estaba más determinada por la contemporaneidad, pero no es cierto. Por ejemplo, el escultor románico está mucho más determinado por su tiempo porque no conoce otra cosa. La modernidad es histórica. Se caracteriza por la disponibilidad de un pasado cada vez más amplio y cada vez más rico si lo sabemos entender.
Una última pregunta ¿Cómo ves el panorama actual de la poesía en México? ¿A qué autores jóvenes lee?
-Es muy arriesgado dar nombres porque en vez de complacer a los que nombras, ofendes a los que dejas fuera. Además que la miseria de algunos intelectuales no tiene límites, si los mencionas o no. Lo mejor es no dar nombres En México nos ha tocado la lotería con la poesía, sobre todo en el XX, que fue y es en algunos casos magistral: López Velarde, José Gorostiza, Villaurrutia, y desde luego, Octavio Paz. Con una base tan buena, el valor poético surge inmediatamente en las nuevas generaciones. Por eso el siglo XX ha tenido en todas las generaciones buenos poetas, y sigue ocurriendo. Los poetas que ahora tienen 40 o 50 años ya son maduros y hay varios nombres magníficos. Y desde luego, hay cosas en el arte y la poesía de mi generación que no me interesan en lo más mínimo. Ahora todos quieren becas, triunfar rápido, sin una cultura sólida… En fin, me da tristeza por ejemplo mi estado Morelos, donde no veo claro nada: ni el arte, ni la poesía, ni la edición. Es un estado que poco a poco se va perdiendo en sus infiernos de los grupos de poder. Es una lástima, pues ahí crecí mucho al lado de Gutierre Tibón, Ricardo Garibay, Vlady, Leonel Maciel, Vicente Gandía, Roger von Gunten… que fueron y siguen siendo mis maestros. De ellos aprendí la pasión y la disciplina por el arte. Extraño ese tiempo, ese recuerdo memorioso -como decía Borges-, por lo demás que se queden con su mediocridad de pueblo: con sus becas, con sus pleitos y sus mediocres funcionarios culturales, que sólo sirven para negar la historia de la gente que ha vivido por construir la cultura del estado de Morelos… Me da lo mismo.
¿Duro con Morelos que es tu origen, no? Te pregunto ¿no te gusta la creación reciente?
-No espero nada… Hace unos meses escribí un ensayo sobre cómo viví Cuernavaca -texto que se publicó en diversos medios nacionales-, y decía que Morelos se convirtió en un suburbio del Distrito Federal, lleno de conflictos, carencias, topes, baches, tráfico, gringos y chilangos. Un centro zapatista al servicio de terratenientes. Un hito de Historia trastocado en muy pocos años. La revolución industrial nos pasó por encima. ¿Qué poco queda de ese pasado? Habría que pensarlo bien… Me gusta ir a Cuernavaca, nací ahí, crecí ahí y aún tengo infinidad de historias que me ligan a mi pasado, a mi presente y, desde luego, a mi futuro. En cada regreso descubro partes de mi inocencia tiradas por ahí: en la casa de mis padres, en los callejones, en el centro, en los colegios donde estudié. Pero hoy tengo una relación mórbida, que me acerca y me aleja. Me aterra el presente y me fascina el pasado. Es un péndulo constante. Me atrae y me rechaza. Lo curioso es que mucha gente siente lo mismo. ¿Qué me pasa o qué le pasa a Morelos conmigo? No lo sé. Prefiero callar. Lo único cierto, es que soy el único que fundó una revista literaria Tinta Seca que tiene 23 años y 125 números publicados, y poner a publicar a Guterre Tibón y Ricardo Garibay hasta Juan Goytisolo y Rafael Sánchez Ferlosio -ambos premios Cervantes; de ilustrar con Rafael Coronel o Vicente Gandía hasta Antoni Tàpies o Miquel Barceló, ¡ quién lo dice?: Y fui el primero en convocar hace más de 15 años a Soledad Loaeza, Carmen Aristegui, Santiago Creel, Néstor de Buen, Sergio de la Pena, Ikram Antaki, Adolfo Sánchez Rebolledo, Jaime Augusto Shelley, Santiago Genovés, Hugo Argüelles, Jaime Labastida… un número de intelectuales que venían por vez primera a Morelos, y fue Tinta Seca quien los convocó… Y hoy qué hacen tantos burócratas de la cultura, tantos seudopoetas, seudoeditores… nada.