REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 11 | 2019
   

Confabulario

La segunda venida de Cristo


Gerardo Ugalde

El hijo de Dios viaja por el túnel del Espacio-Tiempo, en busca de la tierra que los protestantes nombran Liverpool. Como muchos de nosotros desconocemos el por qué de su funcionamiento, el túnel del Espacio-Tiempo (con sus respectivas cuatrocientas diecisiete puertas) Jesús llega a caer en la ciudad de Nueva York. Encontrándose con una figura extraña, casi mística. Se desconoce el año, todo Times Square está bañada en dextrometorfano. Al salir de uno de los portales, Jesús se apea junto con esa casi mística figura.
-¿Dónde puede encontrar a John Lennon?
-No lo sé, yo también lo buscó.
-Cierto, ya te reconozco. Jesús tiene acceso a los archivos de “las acciones humanas futuras.” -Te llamas Champan.
-Si, y ¿tú quién eres?
-Jesús.
-Estás en el momento equivocado- Chapman se rasca la espalda baja, o al menos así lo percibe Jesús. En verdad está revisando su arma, el contacto entre su mano y el mango lo excita.
-¿Quién no lo está en estos tiempos?

II
Corre el año de 196… y los Beatles todavía realizan giras. En algún lado de no sé dónde, John Lennon ebrio, drogado o haciéndose el gracioso, ofende a los defensores del hijo de Dios.

III
Jimi Hendrix se encuentra en una habitación con su Fender Estratocaster negra; repasando algunos acordes mientras escucha el “Sgt. Pepper Lonely Heart Club Band.” De repente una figura vestida con un zarape mexicano entra por la ventana.
Hendrix quien ya estaba algo paranoico por las toneladas de marihuana que horas antes había fumado, da unos pasos hacia atrás para tomar impulso, y golpear a Jesús.
-¡Mierda! Esta hierba ha de tener algo raro, porque tú te pareces a Jesús.
-Me gustan las representaciones renacentistas. ¿Ha visto a John Lennon? ¿Sabes dónde puedo localizarlo?
-¿Por qué el zarape? Jimi bajaba lentamente la guitarra para dejarla recargada en un diván, da unos pasos hacia donde se encuentra el tocadiscos y levanta la aguja. ¿Buscas a Lennon?
-Si, tengo que hablar con él.

IV
En un blanco, pintado en su totalidad de blanco, John Lennon se encuentra acostado en el suelo completamente desnudo. Observa una mariposa negra que contrasta con toda la habitación. En su cabeza, en la de Lennon, no en la de la mariposa. Una tonelada de palabras se convierte en imágenes para luego despedazarse en chispazos de genialidad sobre un papel.
A través del universo que existe en su mente; no puede dejar de contemplar la mariposa que reposa en la pared. Una auténtica Roschbach que lo analiza constantemente. Muerte y confusión. Luego la nada. Cree ver a Dios con un rostro sin ojos.
Se pone de pie para contemplarla mejor, alza su mano derecha donde un inmenso Rolex de oro marca las 7:13. Al momento de tocar a la mariposa, ésta cae sin vida en sus manos.

V
-Todo era blanco y negro. Yo caminaba al filo de un acantilado, con la luna vigilándome, simulando ser el ojo de un inmenso cíclope. Las olas reventando en la playa. De repente el suelo se acaba. Y estoy cayendo por un interminable abismo. No puedo gritar. Abro la boca, pero de ella no sale sonido alguno.
-Entonces eso es la heroína-Jesús se rascaba la barba, con la misma mano toma cerveza que Jimi le convidaba.
Ambos caminaban por un largo pasillo de paredes grises, el suelo completamente blanco y un techo infinito.
-¿Dónde diablos estamos, Jesús?
-En el cielo.
-¿Podemos ver a Dios?
-Jajaja, a Él no le gustan las visitas. Los dos caminaban hombro con hombro debido a la estrechez del corredor.
-Jesús ¿Voy a ir al cielo?
-Claro Jimi, tú no te preocupes.

Final
Y mientras caminaba por las aceras de la intranquila Nueva York, Jesús reflexionaba que de nada había servido esforzarse. Pateaba latas y pisaba preservativos con sus pies descalzos. Ir a la tierra no satisfizo sus necesidades.
A la distancia una sombra salía de una limosina. Era Lennon, al fin había dado con él.
-¡John! ¡Hey John! -gritaba Jesús, usando sus manos como bocina.
En ese instante el tiempo se detuvo, el destello de cuatro relámpagos alumbró la calle.
Jesús no hizo nada al respecto, volvió por donde vino.
Recordó a Lázaro y exclamó:
“Entre Lázaro y Lennon, Barrabás merecía ser resucitado”.