REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 07 | 2019
   

Confabulario

Nosferatu


Gerardo Ugalde

La triste noche de estrellas azules vigilan y protegen al tren de pasajeros rumbo a la ciudad. Envueltos por grises nubes que resaltan sobre el negro terciopelo que es el cielo, aviones comerciales realizan su vuelo ante la luna.
Un vagabundo se encuentra recostado. Sin pensar, descansando. Presenciando sus pulmones el aire helado del sereno, exhala con dolor produciéndose toses sanguinolentas.
Por la madrugada, cuando la ciudad reposa -una ciudad nunca duerme- y los perros callejeros se convierten en guardianes de la noche; el fuego en la punta incandescente de un cigarrillo; la luz mortecina de un bulbo; o mutar la sangre en gasolina, es el oleo secándose sobre el lienzo, convirtiendo todo en el refugio de cualquier abandonado.
El vagabundo no descansa. Su alma necesita vivir en conflicto. Algunos viven en la ciudad permanentemente. Otros trotan por los caminos en busca de… no se puede saber qué piensan. Es oscuro el cráneo donde habita su cerebro. Delirio es lo que necesitan en vez de aire. Bebiendo alcanzan lugares remotos, donde el hombre teme llegar. Un mundo habitado por criaturas inconcebibles; pesadilla constante que sólo puede ser aplacada por el dulce olor del removedor de pintura. Cuando se llega a ese estado la muerte no es más que el nirvana. La incertidumbre deja de existir. Ser zombi es posible, los haitianos lo descubrieron con el tiempo. Tarde o temprano un explorador encontraría la manera de matar el alma.