REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

“Actuamos moralmente para no despreciarnos a nosotros mismos” Entrevista con Ernst Tugendhat


Miguel Ángel Muñoz

Barcelona. España. Ernst Tugendhat (Brno, República Checa, 1930) es uno de los autores más influyentes del pensamiento filosófico actual y ello porque no se ha limitado a profundizar en la tradición alemana de la filosofía, sino que ha diversificado sus intereses creando, así, un diálogo entre diversas presuposiciones metodológicas. Después de sus estudios de filología clásica (Stanford, 1945-1949) y de filosofía (Freiburg, 1949-1956: Münster, 1956 -1958), fue profesor ayudante de Karl Ulmer en Tübingen. Ha sido profesor de filosofía en Heidelberg (1966-1975), colaborador en el instituto Max-Plack de Starnberg (1975-1980), profesor en la Universidad de Santiago Chile. Su formación filosófica europea la termina con una tesis doctoral sobre Aristóteles, y da marcha a un trabajo de habilitación docente sobre Husserl y Heidegger. Entre sus libros se encuentran Lecciones de filosofía analítica del lenguaje, Autoconciencia y autodeterminación, Problemas de la ética, Lecciones de ética y Diálogos con Leticia. Con motivo de la publicación de su libro El libro de Manuel y Camila. Diálogos sobre ética, en el cual Tugendhat incursiona por vez primera en la divulgación filosófica.
“El libro no ofrece – dice Tugendhat- , en momento alguno, recetas. La moral no es un tema del que se puedan ofrecer reglas de uso de fácil aplicación. Presenta reflexiones sobre los aspectos centrales de la moral, como el aspecto mutuo o la autonomía. Temas que son lugares comunes dentro del discurso filosófico, pero que no están tan claros para los actores de la moralidad, es decir el ciudadano mismo”.

La mayoría de sus libros son de alguna forma sólo para especialistas, ¿por qué ahora dirigirlo a un ámbito que no tiene nada ver con la academia?
-Mi principal motivación surgió de la insatisfacción con el proyecto de Mathew Lipman para introducir la docencia de la filosofía en la educación primera, y que se encuentra en su libro la filosofía no va a la escuela, el cual, a mi parecer, deja las cuestiones demasiado abiertas. De ahí que había que aclarar las cosas, y aunque he profundizado en gran parte de los problemas morales a los que se enfrentan los adolescentes, pude hallar otras dificultades, como la de los derechos humanos, que trabajaré en un libro futuro.

¿Cómo se desarrolla en el ser humano el comportamiento ético?
-La moral, seguramente, no es innata. Es algo que se aprende y que hay que justificar, y ésta se justifica recíprocamente.

¿Es necesario su justificación en una sociedad moderna como la que vivimos hoy día?
-Creo que hay que justificarla porque la moral restringe nuestra libertad. Para explicar la necesidad de justificar la moral basta con pensar en la situación de un niño que pregunta a sus padres por qué tiene que hacer tal o cual cosa o por qué reaccionan los padres tan negativamente ante un tipo de acción del niño.

¿Considera posible intentar esas justificaciones para la moral cuando se han perdido sus referentes trascendentales.
-Desde luego. El ejemplo del diálogo entre padres e hijos nos permite observar cómo es posible hoy día la justificación. Ante la pregunta del niño, los padres pueden, en primer lugar, hacer referencia a algún fenómeno religioso, a lo que el niño puede contestar preguntando por qué hay que creer en Dios. De este mundo continuarían las preguntas hasta llegar a la necesidad de una justificación recíproca. Los padres se sienten mal si no puedes justificar antes tus hijos determinado comportamiento o determinada prohibición. Esto ya demuestra que, en general, se cree en la necesidad de una justificación.

Pero, ¿cree que dicha justificación no es una violación a nuestra libertad?, ¿o considera que es de cierta manera un egoísmo colectivo?
-Sí, creo que la base de la moral es el egoísmo. Me parece un prejuicio pensar que la moral es un asunto de desinterés. Yo distingo entre el “altruismo espontáneo” y el “altruismo normativo”. El primero es algo innato, unos lo tienen más que otros, pero todos tenemos esta tendencia, así como como tendencias contrarias, tendencias violentas. Sin embargo, este primer altruismo no puede ser motivo de moral, ya que no tiene ninguna instancia de normatividad, de deber. El altruismo en sentido de desinterés existe sólo en lo que llamo el altruismo espontáneo, es decir, si una persona se sacrifica por otra. Pero también puede hacerlo por un sentido moral, porque cree que es correcto nada más hacerlo. En este segundo caso no creo que se pueda afirmar que hacer una cosa es importante sólo por el hecho de que es moral hacerlo. Esto no tiene sentido.

Entonces, ¿por qué nuestra sociedad actúa moralmente?
-Para mí, la moral se basa en los efectos recíprocos de posible indignación. Este efecto tiene que ver con el aprecio y con el desprecio. Podemos despreciar a una persona por múltiples motivos, y también porque no está actuando moralmente. Esto implica que la persona misma se puede despreciar a sí misma, es lo que se llama el sentido de la culpa. Yo diría que el motivo de actuar moralmente es que uno tendría que despreciarse a sí mismo si no actuara a sí. Actuamos moralmente para no tener que despreciarnos a nosotros mismos. Y esto es un tipo de egoísmo.

En algunos de sus libros aborda el tema de la relación moral- ética desde el punto de vista de la filosofía, ¿Qué autoridad tienen los filósofos para tomar parte a favor de unos valores y estar en contra de otros?
-El filósofo nunca debe buscar una situación de autoridad, sino sólo dar razones. Creo que el mayor logro del filósofo es intentar convencer.

Entonces, ¿podríamos decir que es posible educar para la autonomía sin ofrecer valores o contenidos concretos?
-Los contenidos morales entendidos desde el punto de vista pertenencia, a una determinada continuidad, me parece mal. Pertenecemos a las tradiciones, pero hay que educar para que estemos abiertos a otras tradiciones, a otros modos de pensar. Creo que una persona con una curiosidad natural, una curiosidad que los niños tienen en grado mayor que los adultos, tiene una disposición más abierta. Yo, por ejemplo, en la actualidad estoy estudiando música oriental, y me doy cuenta de que el público considera que lo oriental es lejano y extraño, pero de sus profundas tradiciones podemos aprender cosas, del mismo modo que ellos pueden y casi deben aprender conocimientos técnicos como nosotros.

¿Cree, entonces, que somos susceptibles de adaptarnos a cualquier cultura y sólo tenemos sentido si nos desarrollamos como miembros de una cultura determinada?
-Me Gustaría expresar una frase inglesa que dice: “we are noy hard wired” (no somos de alambre rígido). No nacemos como los otros animales con ciertos comportamientos, sino que nos damos nosotros mismos los sentidos. Pero no hay que limitarnos sólo a desarrollar estas tradiciones, sino que hay que buscar otras culturas que llenen nuestras curiosidades.

Dentro de todos estos sentimientos y emociones hay siempre una razón, ¿cree que esto es algo emocional o simplemente racional?
-Para mí, las emociones son esenciales. Creo que hay una emoción específica que es fundamental: la indignación y su equivalente en relación con uno mismo, el sentido de culpa. Lo que se ha malentendido es que cuando justificamos una moral, lo que se está justificando, el hecho por el que se están dando razones, es el estar indignado en relación con ciertas normas. La emoción de la indignación u el contenido de las normas tienen que ir juntos.

*Esta entrevista es parte del libro Crónicas de la memoria, de próxima aparición. “Actuamos moralmente para no despreciarnos a nosotros mismos”.
miguelamunozpalos@prodigy.net.mx