REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Día de Muertos: Fiesta, explosión de los sentidos y reverencia


Martha Chapa

El Día de Muertos es una festividad muy importante en México, e incluso se vincula a nuestra identidad cultural, además de ser reconocida en todo el mundo.
Evocaré hoy entonces las costumbres de estas fechas, en especial nuestras tradiciones gastronómicas.
Se trata de fiestas sincréticas, (pagana y religiosa), en la que se honra a los difuntos que “regresan del más allá a comer y convivir con los vivos”. Creencias remotas, que vienen desde los tiempos prehispánicos, y luego, como muchas otras, han sido aprovechadas con fines confesionales al ser modificadas por la religión católica.
Se celebran los días primero y dos de noviembre; en donde el primer día es dedicado a los niños y el segundo a los adultos, e incluso hay quienes festejan desde el día 31 de octubre que se supone, es la noche en que llegan las almas a los hogares donde vivieron.
En estos días, lo más común son los altares y ofrendas donde se ponen los alimentos y bebidas favoritos de las ánimas a las que están dedicados. Ahí, se coloca la comida y no se toca hasta el día siguiente o hasta la hora que se piense que los muertos ya han comido. La instalación de la ofrenda puede llevarse días, dependiendo del tamaño y del grado de dificultad que se propongan. En todo caso, un altar, puede ser desde una mesa hasta verdaderos escenarios con platones llenos de toda clase de alimentos regionales, frutas, atole y hasta bebidas con alcohol además de flores, velas, agua, e imágenes de los difuntos a los que se les dedica la ofrenda. Y también dependiendo de la región de México de que se trate y de los gustos de quien se honra.
El color es fundamental y predominan los alimentos de tono amarillo-naranja, como son las mandarinas, tejocotes, naranjas, mazorcas de maíz ya que también se tiene la creencia de que estos, por su color intenso, junto a la luz de las velas o veladoras, guían a las almas en su camino de regreso a casa. El agua sacia su sed, en tanto la sal para purificar el alma, así como la comida para calmarles el apetito.
Podemos entonces decir que nuestras culturas americanas le dan importancia al sabor, el color y el aroma, así como a la vitalidad que implica una reflexión y por igual, en otras culturas significa que el buen tiempo viene para las cosechas otoñales.
Para nosotros, es siempre un tiempo de festividad, recogimiento y nunca exenta de devoción, música y danzas. Pero anteponiendo el respeto a quienes nos han dejado antes de nuestra partida, sin que se advierta miedo, sufrimiento o temor, sino más bien reverencia y alegría.
Celebremos entonces a nuestros difuntos queridos, de manera simbólica, fraternal, cálida y esperanzada.