REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

TRANCO I
Este Tranco se lo brindo -por algo fui un torerillo de mojigangas- en mitad de la plaza y de cara al sol y con montera en mano y siendo las cinco de la tarde a mi amiga Naty.
Y empiezo con el primero de la tarde: escuchaba a Pedro Infante cantar que “…yo soy quien soy y no me parezco a nadie…” Y esas palabras, ese cántico, me llevaron a pensar en esa moza, en esa “mujer que conserva el embrujo de los ojos moros…” Sí, lectora insumisa, le ha atinado usted yo pensaba -como lo dije al principio- en Naty Mistral. Porque ahora, con el paso de los años, me he dado cuenta de que ser uno mismo y no parecerse a nadie cuesta trabajo, ser auténtico es tarea de romanos, ser verdadero en la vida no es cuestión cualquiera, para serlo hay que haber trabajado duramente, estudiado sin descanso, ser disciplinado como Sócrates y como Ortega y Gasset. Para ser uno mismo, como lo es Naty, como ella ha logrado serlo en su dura profesión, sólo lo puede decir quien ha tenido una vida entera, una vida de estudio, una vida plena y pura como una orquídea mañanera y como el chorro de agua de las fuentes que engalanan los jardines. Ni más ni menos.
Y me voy a las banderilllas y trato de gallear un poco.
Porque luego cuando Infante dice que “…no me parezco a nadie…” Y que conste que la amistad que le profeso a Naty no me ciega en mis calificaciones, y por lo tanto, y tampoco lo digo yo, lo dice el público, lo dicen los miles y miles de oyentes que la han admirado: que Naty no se parece a nadie. Y eso también indica otra verdad: la enorme calidad de su voz y de su presencia y de su arte y de su prestancia y de la forma en la que engalana sus interpretaciones, que como los lances de Lagartijo y de Manolete, quedan allí, permanecen fieles como campanadas de Covadonga. Sí, amigas mías, amigas del alma, Naty no se le parece a nadie. ¡Vaya un ole por eso! ¡Vaya un solo de tambor! ¡Vaya en su honor un cante cantao por Manolo Caracol!
Y regreso al ruedo: cuando Lara lanza al aire español su “Mujer que conserva el embrujo de los ojos moros…” Oiga usted, tal parece que el músico mexicano pensaba en la Mistral para afirmar tal verdad, para decirle al mundo que ese embrujo de esos ojos, sólo unas cuantas favorecidas de los dioses pueden portar. Sí, los ojos de mirar profundo, de mirar sin escondidos dobleces, de mirar de frente y decirle al mundo su verdad artística, hacen que su portadora los luzca por los rincones del mundo en donde ella, Naty, se ha presentado. Y le pido el permiso al Juez de Plaza para decir que su color de piel, que al verla nos induce a los hombres a pensamientos non santos, y su cara que dice más cosas de las que uno pueda pensar, la hacen modelo de Julio Romero de Torres, la hacen parecer una pintura de Sorolla.
Y esta madrileña ilustre nació nada menos que en la calle del Águila, justo donde nació el patrón de Madrid, San Isidro. ¡Ah, entonces algo de suerte le ha dado esta nacencia! Sí, suerte, pero debo aclarar que la suerte está allí, tranquila, muy modosita, sí, pero sólo la pueden tener aquellas mujeres que llevan consigo una carga enorme de disciplina y, como lo he dicho, de trabajo y dedicación.
Y va un toro de regalo, Naty, como Quevedo, como Tirso, como Lope, como Federico, ama la palabra, la palabra que es la expresión del alma, la palabra que es la manifestación plena de espíritus libres. Y a la palabra le rinde ella el homenaje debido, en sus cantes, en sus personajes teatrales y en su charla. La palabra en Naty es música, es historia, es anécdota, es plática, es pincelada de Goya en la mesa de la sidra asturiana.
Total, amigas, hay que tomar ejemplo de quien hace de la vida un poema, de quien hace de la amistad un lance de Sánchez Mejías, y hace del diario vivir un canto inacabable. A escuchar sus canciones que le salen del alma. Es la invitación honesta que hago.
Vale. Abur.