REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

Rosario Castellanos somos todas


María Helena Noval

Dividida entre la consciencia de los mandatos sociales que nos han sometido a las mujeres a lo largo de la historia y el profundo anhelo de una relación de pareja satisfactoria, Rosario Castellanos (1925-1974) nos legó una serie de textos que no pierden vigencia a luz de la noción de transtextualidad.

1.
Pienso en la pobre Rosario escribiendo Mujer que sabe latín y la leo desesperada en sus cartas personales. Está dividida, fragmentada, rota. Y esto es así no sólo porque le tocó abrir brecha como mujer dedicada a la cultura en una época pacata y en medio de una relación de pareja que se tornó una perenne herida abierta, sino porque la leemos desde una práctica que desborda la página de papel, incide en la vida política y al mismo tiempo nos lleva a “vivir la cultura” de manera transdisciplinaria.
Es decir, nosotras no leemos a Castellanos como la leyeron sus contemporáneas, o como la leerán nuestras nietas, a pesar de que como veremos al final de este breve ensayo, todas somos Rosario.
Esta complejidad de su lectura tiene que ver primero con la intertextualidad 1 generada por las industrias culturales que producen libros como pan caliente, pero también con las prácticas de consumo del lector contemporáneo, el del lector de la era digital afecto a los llamados textos expandidos de la www. En la época en la que todos los medios cuentan, el 'aura' de la obra literaria se ha desinflado, dando paso a la posibilidad de la deconstrucción y resignificación de lo literario, en aras de generar otras posibilidades discursivas.

2.
Por la potencia de su lenguaje y la lucidez de sus pensamientos escritos, por la agudeza de su mirada y lo filoso, a veces terrible de sus palabras, es muy fácil quedar atrapadas en el discurso 'castellaneano' y en el colmo de la emoción confundirla con una vocera posmoderna de los discursos de género. No obstante, muchas lágrimas tuvo que derramar esta magnífica escritora que contribuyó a romper esquemas y mandatos sociales tan miserables, como aquél que le impidió a la artista profesionalizarse, hasta entrado el siglo XX.
Publicado inicialmente en 1973, Mujer que sabe latín 2 plantea que la igualdad de la mujer con el hombre se da sólo en teoría “mientras dura la vida transitoria en este valle de lágrimas”, porque ésta está siempre sujeta a quien funge como cabeza de familia, léase padre, hermano, esposo, cuñado. El ideal femenino de la cultura occidental, dice Castellanos, presenta unas constantes que tienen que ver con la pureza, la fidelidad, la devoción a los hijos, la laboriosidad en la casa y la prudencia para administrar el patrimonio que le dejan poco espacio para ejercer la posesión del propio cuerpo como lugar de goce y de inscripción de identidad, Definitivamente, 'Ser Santa no es cosa de juego'. (imagen)
Mujer que sabe latín es una declaración de hechos realizada desde la investigación filosófica y literaria que hoy se considera fundacional en la literatura de género junto con otras formas de representación significativa o lenguajes artísticos de su autoría -ensayo, poesía, cuento y teatro-, que contienen un llamado al respeto y al amor propio.
En sus páginas declara tener 'habitación propia' porque ya conquistó un espacio que será el de nosotras, quienes nos dedicamos a la cultura profesionalmente, y en cambio ser “casi una persona” porque también conoce las limitaciones que nos impone una sociedad chata y moralizante. Sus breves textos abordan la imagen ambivalente y mítica de la mujer, su reciente participación en la educación formal y presenta los casos de Natalia Ginzburg, Virginia Woolf, Doris Lessing, Betty Friedan, Corín Tellado, Silvina Ocampo y Ulalume González de León, entre otras. Sus antecedentes o “ante-decentes” son Sor Juana, los atrevimientos de Santa Teresa, El segundo sexo de Simone de Beauvoir (1949) y A room of own´s own de Virginia Woolf (1928).

3.
Por otro lado, están las cartas que le escribió a su marido, el filósofo Ricardo Guerra (1927-2007), prologadas por Elena Poniatowska 3, epistolario tradicionalmente considerado como literatura marginal por los académicos puristas, a pesar de que allí es en donde accedemos a su yo íntimo.
En este sentido y desde la práctica de la intertextualidad 4 a la que me he venido refiriendo, es necesario destacar que se ha señalado la presencia de Poniatowska como coautora desde su papel de editora, porque además de seleccionar y ordenar las cartas, influye en la lectura de las mismas, al destacar la autoculpabilidad de la escritora chiapaneca cuando reaccionaba ante circunstancias dolorosas.
Como la correspondencia siempre implica fragmentación por la interrupción de la secuencia temporal propia de este medio de comunicación y porque sólo contamos con las cartas de ella y no las de él 5, la lectura de las mismas tiene que ser cautelosa. Con dicha reserva, la fractura del ser concebido desde la propia capacidad de análisis se torna un punto de arranque a nuestro favor. ¿Qué se gana con esto? Si tenemos suerte, integrar a una escritora completa, sagaz, rotunda, a una poeta, que pueda prestarnos palabras para expresar lo propio.
Es verdad que leyendo estas implorantes misivas Rosario se presenta ante nosotros como un monstruo adolorido, es verdad que el verbo “desamar” se actualiza con ella más que con ninguna otra escritora contemporánea y que esto la conecta con estereotipos tan infames como los que dictan que el amor cura todos los males, el amor es el conjuro de la soledad, el matrimonio es la base de la felicidad o, que hay que 'poner los besos al sol para enviárselos calientitos al amado en turno.' (imagen).
Según el ensayo citado y otros que se encuentran en la red, los discursos amorosos utópicos están presentes en la obra de Rosario Castellanos a manera de inferencias que nos permiten un análisis muy puntual de la idea del amor de pareja en nuestra época.

4.
Casos como el de Antonieta Rivas Mercado y José Vasconcelos; Frida Kahlo o Angelina Beloff y Diego Rivera, Inés Arredondo y Tomás Segovia demuestran que inteligencia, lucidez y capacidad de observación no necesariamente son virtudes que se ejercen las 24 horas del día, al mismo tiempo.
¿Quién de nosotras no ha sentido 'la otra cara de la muerte, también llamada soledad' por la propia Rosario, al mismo tiempo que ha expresado su sentir con respecto a la igualdad de derechos?
Tal vez si entendemos que amor es discurso en sus varias posibilidades -dolor, reclamo, enamoramiento, erotismo-, podamos dar mejor cuenta de los fragmentos del YO.
Escribe Rosario en “Trayectoria del polvo”:
Aquí me quedaré llorando / como el fruto derribado a pedradas / de la copa del árbol y su sustento. // Ya nunca podrá amar ni aún en el sueño / porque una voz insobornable grita / y su grito vacía mis entrañas: / “El amor es también polvo y ceniza” 6.
Y en “La casa vacía”:
Adolescencia gris con vocación de sombra / con destino de muerte / las escaleras duermen, se derrumba / la casa que no supo detenerte/. 7
Pero junto a estos gritos desgarradores y su lento avance hacia la muerte, como si fuera un 'Féretro panzón' (imagen), nos abre la puerta hacia la consciencia. Describe la indignidad perpetrada por la cultura androcéntrica, al tiempo que ofrece el ejercicio de la escritura como método de resignificación de la vida femenina y se pregunta por otro modo de ser en su poema “Meditación en el umbral”:
“Debe haber otro modo que no se llame Safo / ni Mesalina ni María Egipciaca / ni Magdalena ni Clemencia Isaura… / Otro modo de ser humano y libre. / Otro modo de ser.” 8

5.
“Álbum de Familia” (1971) 9, es un cuento sensacional, una especie de autorretrato, en el que Rosario Castellanos incluye la consciencia integradora del yo. En dicha narración se desdobla en varias mujeres escritoras, para dar cuenta de las fragmentaciones que vive como mujer dedicada a la cultura, pero también de la construcción de un ser exitoso llamado Matilde Casanova 10, quien para recibir un importante premio literario manda llamar a sus antiguas discípulas, todas diferentes representaciones de ella misma: periodista, diplomática, escritora, asistente. En esta contundente narración el personaje describe la dolorosa y paralizante construcción de la persona (recordemos el significado de esta palabra: máscara), dedicada a la cultura que fue la propia Rosario: “Su rostro, cuyas facciones resultaban siempre borrosas en las fotografías …había acabado por obedecer a una representación, tan tenazmente reproducida, desdibujando los rasgos, hasta no dejar sino una superficie disponible, una especie de tierra de nadie, un sitio en el que les estaba prohibido entablar batalla a los antagonistas encarnizados, irreductibles que convivían en la persona de Matilde, esta neutralidad facial que en ciertos años llegó a asumir un aspecto de parálisis, terminó por resolverse en el gesto hierático de los indios de quienes Matilde, ya desde antes se había proclamado la descendiente orgullosa.” 11

6.
Como conclusión podemos decir que leyendo desde la noción de paradoja, aprovechando las prácticas actuales de lectura, podremos encontrarnos con Rosario Castellanos más completa, con aquella mujer que razonaba y sentía al mismo tiempo que se percataba de las contradicciones propias de nuestra rara especie, o mejor dicho de la complejidad que representan la vida intrapsíquica y las relaciones humanas.
La vida es una cosa y su opuesta al mismo tiempo y podemos vivir la contradicción desde la consciencia, porque 'Quien no cambia muere' (imagen). Desde esta perspectiva y en tiempos de tantos psicologismos que buscan resolver el desamor, Rosario Castellanos se torna lectura indispensable porque contribuye a desbaratar esquemas simplistas de pensamiento. He ahí el milagro del arte: produce efectos en nosotros los lectores.

NOTAS
1 El término lo propone la crítica literaria y psicoanalista Julia Kristeva en 1966, para explicar que los escritores se basan en otros escritores y que los lectores al leer lo hacemos siempre pensando en otros textos. De esta manera, Kristeva le da una vuelta de tuerca más a la noción de influencia y a la propia historia del arte como rama del conocimiento.
2 Rosario Castellanos, Mujer que sabe latín. Fondo de Cultura Económica, México, 2012. 5ª reimpresión. El título hace referencia a un dicho popular que termina así: “…ni tiene marido, tiene buen fin”.
3 Rosario Castellanos, Cartas a Ricardo. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1996.
4 Cfr. Santos Jiménez Noé, Rosarios Castellanos y el discurso amoroso entre la fe y el matrimonio: (http://espartaco.azc.uam.mx/UAM/TyV/12/222505.pdf ) y Burrola Encinas, Rosa María. “Cartas a Ricardo: el discurso de la utopía amorosa”:
(http://bvirtual.ucol.mx/consultaxcategoria.php?categoria=1&id=7277).
5 Dichas cartas las dejó en manos de su amigo Raúl Ortiz y Ortiz y fueron publicadas con el consentimiento del propio Ricardo y su hijo Gabriel.
6 Rosario Castellanos, Poesía no eres tú. Fondo de Cultura Económica, México, 2012. 6ª reimpresión. (Letras Mexicanas). P. 26.
7 Ibídem, p. 55.
8 Ídem p. 325.
9 Rosario Castellanos, Álbum de familia. Joaquín Mortiz, México, 2012.
10 Casanova es un apellido que relacionamos desde la intertextualidad como sinónimo de seductor, hombre promiscuo y amante inescrupuloso. El término viene de las Memorias de Giovanni Japoco Casanova, publicadas en 1852, notables por el vívido recuento que hace de su vida galante. En este sentido, el hecho de que Castellanos haya empleado para la protagonista de su cuento el mismo apellido habla de una intención de dotarla de características similares a las del personaje masculino. Al leer esto así, estamos echando mano de la semiología y la llamada “paratextualidad”, aquellas facultades interpretativas que nos permiten incorporar significados más allá de los presentes en la lectura textual.
11 Ibídem, p. 82.