REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2019
   

De nuestra portada

México, donde ya nada será igual


Benjamín Torres Uballe

“En el país nada podrá ser igual después de Ayotzinapa”, sentenció el rector de la UNAM, José Narro Robles, el pasado miércoles 15 de octubre. Palabras que pueden interpretarse como un lapidario diagnóstico que describe a la perfección el tamaño y peligro de la turbulencia por la que atraviesa nuestro país y que podría, --incluso-- obligarlo a aterrizar de emergencia.
La onda expansiva por los asesinatos y desaparición de los alumnos normalistas alcanzó niveles impensados, tanto en el territorio nacional como en varias partes fuera de nuestras fronteras. Ante ello, resulta indispensable separar las reacciones naturales y justificadas de las familias afectadas --cuyo dolor e indignación están excluidos del escrutinio--; de las inadmisibles y sí muy condenables acciones de las provocadas por quienes, bajo el cobarde anonimato, se han hecho presentes para causar desorden, violencia, y generar daños en el patrimonio de terceros y de edificios públicos, los cuales, al final, son pagados con los impuestos que con gran esfuerzo aportamos como sociedad.
Hemos visto, a través de diferentes medios de comunicación, el salvajismo de grupos infiltrados que se ocultan tras máscaras, pasamontañas, paliacates y que se comportan como auténticos salvajes, conducta que no es la de los compañeros de los 43 estudiantes desaparecidos, corresponde más bien a profesionales de la violencia y la anarquía, subordinados a fuerzas interesadas en la desestabilización del gobierno del presidente Peña Nieto.
De inmediato surgieron los oportunistas, esos voraces mercenarios que aprovechando cualquier pretexto, por intrascendente que éste sea, como aves de rapiña buscan lucrar y beneficiarse sin importar el cómo. La Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación en Guerrero (CETEG) se unió sin dilación a las agresiones y quema del Palacio de Gobierno en Chilpancingo, así como al cierre y toma de casetas. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que desde hace tiempo manda en Oaxaca, no dudó en “subirse” a la causa de los estudiantes de Ayotzinapa sólo para contaminarla, pues su movimiento magisterial es repudiado por la mayoría de la sociedad.
Para abundar con los ejemplos, el miércoles referido, estudiantes realizaron un mitin frente a la sede de la Procuraduría General de la República (PGR) en la ciudad de México, para exigir el esclarecimiento del caso Ayotzinapa, sin embargo, colados enmascarados hicieron pintas y destrozaron ventanales del edificio, desvirtuando el legítimo propósito de la protesta. ¿Quién los mandó?, ¿con qué propósito?
Insistimos en que las protestas y manifestaciones para que aparezcan los normalistas desaparecidos son absolutamente justificadas y necesarias; estamos totalmente de acuerdo con ellas y con el hecho de que la sociedad, sanamente, se adhiera para exigir justicia, una justicia que en México no se ha caracterizado por ser precisamente pronta y mucho menos expedita.
Bien harían las familias, amigos, y compañeros de las víctimas y desaparecidos de los normalistas en no permitir que sus demandas se contaminen por aquellos que sólo pretenden usar su dolor para obtener botín y raja política, a quienes les tiene sin cuidado que para lograr sus propósitos tengan que incendiar al país.
Asistimos a un momento muy peligroso para México, donde perniciosamente hoy convergen en un explosivo coctel: violencia, provocación, corrupción e impunidad, amén de pobreza, desempleo y, sobre todo, lo que más lastima a los mexicanos: la falta de una correcta aplicación de la justicia.
Por eso es relevante el discurso de Peña Nieto en el sentido de que en el caso Iguala-Ayotzinapa “no habrá impunidad, el Estado mexicano hallará y aplicará todo el peso de la ley a los culpables”. El Ejecutivo sabe que esto es un parteaguas en su gestión, más aún, una prioridad de Estado como lo manifestó, así que, por lo tanto, no hay margen para el error y se requiere de un manejo sin demora, además de fino y exacto para solucionarlo.
Cabe enfatizar y detenerse en la cantidad de frentes abiertos que demandan de toda la pericia y sensibilidad política del gobierno federal: Ayotzinapa, IPN, crimen organizado, lento crecimiento de la economía y 53 millones de pobres, todos parecen muchos y graves; lo son, mas tienen solución, si es que hay voluntad política para llevarla a cabo. Por lo pronto, se puede empezar resolviendo con atingencia el que hoy ocupa por necesidad la prioridad en la agenda nacional y del que está plenamente consciente el Presidente --tanto, que el mensaje fue claro y directo--: “estos lamentables hechos son un momento de prueba para las instituciones y la sociedad mexicana”. Sin duda que lo son… pero en especial para él y el PRI.