REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 07 | 2019
   

Confabulario

2014: El año que murió la risa


Salvador Quiauhtlazollin

2014: año de reformas que supuestamente colocaron a México en primer plano mundial. Un año de intensos huracanes, inseguridad, desapariciones forzadas y ciclones brasileños apagados en su propia cancha. Doce meses de marchas interminables, casitas blancas, penales robados y un mexicano que desafió la gravedad. 365 días que cierran el otoño del patriarca y ven nacer a nuevos reyes. 52 semanas en las que cantamos éxitos frívolos con coros de una sola palabra como Timber, Happy, Fancy y Rude. 2014, el año que murió la risa y no maduró la esperanza.
A pocos días de iniciado el 2015, éste es mi balance PERSONAL de lo que sucedió en el 2014. Repito, es mi MUY PARTICULAR análisis. Espero que lo aquilaten, critiquen, nieguen, aplaudan, ridiculicen, vilipendien, despedacen o comenten. Pero lo importante es que ustedes también aporten el suyo. Y aquí va:
El topónimo que marcará el 2014 es claro: Ayotzinapa. El bestial crimen (que justamente ha causado condena mundial) evidencia claramente dos terribles fallas. La primera: la inutilidad absoluta de la guerra calderonista contra las drogas. Un movimiento que debió ser de salud pública convertido en una maniobra militar, sin ningún plan concreto y que servía como propaganda, sólo podía desembocar en lo que presenciamos atónitos: El fortalecimiento incontenible de los grupos criminales. Un pantano de complicidades que ha corrompido todos los niveles sociales, cooptado los membretes que se anuncian como partidos políticos y alimentado la megalomanía de funcionarios de ínfimo nivel, que no dudaron en ordenar atrocidades convencidos del respaldo brutal de los grupos delincuenciales. Un caro error de juicio que le ha causado al país más muertos que Sendero Luminoso al Perú. Muchos debatirán la calidad moral y jurídica de las víctimas de esta “guerra”, pero lo claro es que esos decesos han quebrado el espíritu nacional de manera más nociva que todas las sublevaciones post revolucionarias juntas.
La segunda gran falla corresponde enteramente al gobierno de Peña Nieto: La inacción causada por la sorpresa, la torpeza absoluta para ofrecer una respuesta, ya no digamos sensata, sino inmediata, a la masacre que dará nombre al sexenio. Vamos, hasta Fox, cuestionado por algo infinitamente menos grave, pudo articular un “¿Y yo por qué?”. Obnubilado por el triunfalismo prematuro de sus reformas aún inacabadas, el presidente se dejó rebasar por las circunstancias, y su lamentable intento de enarbolar la bandera de la indignación resultó al nivel de la adolescente de escuela católica que usa minifalda con tanga roja para apantallar a un tenorio de huarache.
Por cierto, nunca un presidente ha sido objeto de tanto escarnio en la intimidad como lo es Peña Nieto. Ni siquiera Echeverría. Los chistes florecen y los insultos en las redes sociales resultan candorosos por lo ígneo que pretenden ser. La falta de ingenio es compensada con la repetición ad nauseam, como el habla de esos peladitos que remachan incansablemente las siete únicas groserías que conocen. Lo anterior no dejaría de ser anecdótico y divertido, si no fuera porque los que conocemos la Historia sabemos que esos picos negativos de la figura presidencial le cuestan mucho al país: En 1972 todos pendejeaban al presidente, cuatro años después estalló la crisis que enterró al Milagro Mexicano. De la misma forma, los chistes de De La Madrid no evitaron la crisis de 1986-1987. El escarnio que se hizo de Vicente Fox poco ayudó a superar un crecimiento cero. Y dudo mucho, muchísimo, que alguien del gabinete actual tenga siquiera un plan de reserva para compensar la deteriorada imagen del Ejecutivo. Aclaro que no pienso que NO SE MEREZCA LOS INSULTOS, pues ello depende únicamente del que ofende: es quien de esa forma deja clara su posición respecto a lo que piensa. Lo que me preocupa es lo que ha quedado patente en este sexenio: que ante problemas grandes o pequeños, lo único que hay es la clonación del discurso triunfal, la sonrisa irónica o el regaño de una esposa que se pretende ofendida porque se duda que haya ganado honradamente unos surrealistas honorarios.
¿Puede el 2015 mejorar? Por supuesto. De inicio, estamos lejos aún de ser un Estado fallido (la prueba es que ustedes están leyendo esto en una red social impensable en Sierra Leona). Sin duda, sería yo un necio o un estúpido si aseverara que vivimos el “mexican moment”. Para nada. Pero creo que el pacto social puede ser reformado, no por visión o buena voluntad de las fuerzas políticas, sino por simple conveniencia. El único escollo es que para detener el maremoto delincuencial, México tendría que atreverse a realizar el experimento social más importante del siglo XXI: la legalización de las drogas. Claro, eso no podría hacerse este año que inicia, pero SÍ podríamos comenzar la discusión seria. De entrada, éste es mi voto de confianza y mi modesto exhorto para que se inicie.
Y en cuanto a la falta de visión del gobierno actual, no es algo irremediable. Finalmente, William Clinton inició su gobierno de tropiezo en tropiezo, y terminó siendo el presidente estadunidense con el mayor crecimiento económico y la más notable baja del crimen de la segunda mitad del siglo XX. Aunque sin duda, un gabinete INTELIGENTE, unos INTELECTUALES DE VANGUARDIA y unos ASESORES DE PRIMER NIVEL le ayudaron mucho. Y Mónica también puso su granito de menta.


Feliz Año Nuevo 2015