REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

María (ya no voy a decir lo guapa que es, no voy a insistir en que tiene un cuerpo que me hace viajar por todo lo viajable, no diré que su boca y sus besos saben a aguamiel, a néctar de frutos prohibidos ni mucho menos diré que sus manos son las más juguetonas con las que me he topado en mi larga vida) María, digo, me puso en mi mesa una ringlera de caballitos de tequila, del blanco, del que raspa, del que al tomarlo se le salen a uno las ganas de pelear, de echar bala, de robarse a otra María en la ancas del caballo blanco y a pelo irse a la sierra morena; y luego en el molcajete lucían espléndidos unos chiles toreados, unas rajas de queso Cotija, unas suculentas rebanadas de aguacate, y envueltas en una gruesa servilleta cuatro tortillas de máiz (sí, como decimos en el rancho: máiz) morado. Y mi adorada María me dijo que este día habían preparado en MI OFICINA unas verdolagas con quelites y unos frijoles charros que no tenían “abuela”, dijo. Yo, feliz, como lombriz, feliz, pues esto me hace sentir lo vivo que estoy, y más lo soy, viendo el ajetreo cotidiano de María, y claro, le atinó usted, lectora insumisa y viva, ese movimiento de caderas, ese desplazarse por entre las mesas me produce “calosfríos ignotos” (RLV dixit). Ella, la muy mexicana amiga, sabedora de sus dones, sabedora de lo que tiene, conocedora de mis debilidades, más se agachaba y aquellos pechos, paricutines mórbidos, me hacían apurar con anhelo y con una alegría lúdica, aquellos tequilas que más me incitaban a tenerla cerca de mí. Total, yo esperaría a que ella terminara su turno. Esperaba con paciencia monolítica a que el reloj desgajara las doce de la noche, para llevarla a buscar el lado oscuro de la luna, para conducirla a la caverna designada para recibir a los amantes nocturnos, para abrazarla con toda la pasión que Baco y Cupido juntos me han dado. Y jugar con ella, juntos, tan juntos que podemos escuchar el crujir de nuestros huesos, y ver, ensimismados, incrédulos, la rotación de las estrellas y contemplar el vuelo de los abejorros y contar las caricias y los besos que nos damos y sentir el palpitar de las pieles y sentir sus roces que producen destellos eléctricos…
En fin, termino esta aventura, aventura que corremos María y yo, cada miércoles. Sólo un día a la semana. Así que imagínense ustedes, lectoras insaciables, tener que permanecer al alba, despierto, anhelante, y viendo con sufrimiento samaritano correr las horas y los días, ver pasar los jueves y los viernes, los sábados y los domingos, y ver el frío desfile del lunes y el martes, eso, de creerse o no, es un martirio, pero como yo ya estoy habituado a tales sacrificios corporales, pues me someto, lo acepto y lo asumo con todas la responsabilidad que el marxismo –sí, dije bien, marxismo- me ha dado. Vale.
Y ahora, pisando la tierra, que escucho en la rokola a Jorge Negrete y no a los Rolling, ahora que veo en la pared una foto de Zapata flanqueado por Villa y por Ricardo Flores Magón, ahora que en mi escritorio están las reseñas del asalto y la muerte de los hermanos Serdán, y que a un lado está el México a través de los siglos, me digo que ese México ya se fue, que ese México de mis recuerdos está enterrado por la ignominia priista y por la infame derecha que se ha entronizado en este país. Y ahora lo que tenemos es un México entregado a los intereses extranjeros, un México que ya nos es nuestro, que se nos ha ido de las manos, que ha sido vendido a trozos y a trazos por los presidentes en turno. Ya la tierra es propiedad de las trasnacionales y las minas son de uso exclusivo de chinos y canadienses y los esclavos son los mineros mexicas; los mares y las playas pertenecen a los grandes consorcios hoteleros que son propiedad de multinacionales y los peones y los servidores y los barrenderos y las mucamas son los mexicanos. Ah, y si algunos de estos obreros se atreve a protestar, si osa levantar la voz de democracia y de libertad y de patriotismo, será apabullado por los policías, judiciales y soldados y la cárcel será su dormitorio. Y jueces y ministerios públicos lo acabarán de hundir en las mazmorras. Sí, la soberanía es un cuento chino, el honor es producto de la compra y de la venta. El dinero es el mandamás, el dinero mueve al mundo. Así, que mejor voy a guardar a Zapata y a Morelos y a Marx muy adentro de mi escritorio, sí, no vaya a pasar un soldado o un guarura y me tilde de “comunista” o me endilgue el “terrorista” categórico y me dé balazos o me someta a un juicio sumario o me “desaparezca” en Iguala. Y si esto sucediera, ¿qué pasaría entonces con María…? Dilema shakesperiano; ser o no ser…
Trato de ser… de amar… de vivir con la enjundia de Zapata y de Morelos… En fin, muchas cosas están por pasar en este pobre país… mientras a terminar la ringlera de mis tequilas y echarme unos tacos de nopal y de chile y de aguacate… Vale.