REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
12 | 12 | 2019
   

Letras, libros y revistas

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David A Figueroa Hernández

Alfonso Reyes: caballero de la voz errante*. Al hacer mención de la literatura mexicana contemporánea, sin duda podemos traer a colación escritores representativos como Octavio Paz, José Emilio Pacheco, Carlos Pellicer o Carlos Fuentes, sin embargo, existe uno que merece atención especial, nos referimos al maestro Alfonso Reyes.
Alfonso Reyes, hijo del destacado General Bernardo Reyes, ha sido un estandarte de la literatura mexicana e hispanoamericana; a lo largo de su vida encontramos diversos trabajos literarios, periodísticos, poesía, traducciones, correspondencia personal y diplomática. Sin duda, una vida dedicada a las letras y a la literatura que consagró a Alfonso Reyes para ser considerado el más grande literato mexicano. Tal vez lo único que le faltó ganar fue el premio Nobel.
Ciudadano del mundo, Reyes comenzó a una edad temprana con una educación cuidada por su culto padre, en el que las enseñanzas en las artes, la esgrima y las lecturas como Cervantes, Goethe y los clásicos griegos, harían de él un joven que encontraría en el servicio diplomático el camino de su larga vocación gubernamental y, en la literatura, su forma de vida cotidiana.
Designado como secretario segundo en el servicio diplomático enviado a España por el gobierno del General Victoriano Huerta, Alfonso Reyes, aprovecharía esta circunstancia para realizar amistades que lo acompañaran a lo largo de su estadía posterior a la caída del dictador mexicano y tras la cual, él permanecería en la madre Patria durante varios años hasta ser designado como diplomático -nuevamente- durante el gobierno del General Álvaro Obregón.
Así, Reyes visitaría España, Francia, Argentina, Brasil y, por supuesto, de regreso a México (donde él mencionaba ser “exiliado en su propio país”), sin embargo, sus relaciones personales y oficiales, lo llevarían a mantener amistad con personajes destacados de la literatura hispanoamericana como José Augusto Trinidad Martínez Ruiz “Azorín”, Eugenio D’Ors Rovira, Miguel de Unamuno, Gabriela Mistral, Jorge Luis Borges, María Zambrano, Luis Cernuda, Jesús Silva Herzog y Octavio Paz, así como figuras incólumes como Alfonso Caso, Jaime Torres Bodet, Pedro Henríquez Ureña, Enrique González Martínez, Carlos Pellicer y Daniel Cosío Villegas, entre otros. En algún momento, todos y cada uno de ellos definieron la vida de este gran intelectual mexicano autor de obras de gran representatividad como Visión de Anáhuac, Ifigenia cruel y Cuestiones estéticas y que el Fondo de Cultura Económica reuniera en 26 tomos de Obras Completas todos sus escritos (sin tomar en cuenta la mayoría de la correspondencia personal y dos tomos más de correspondencia diplomática que editaría la Secretaría de Relaciones Exteriores).
Promotor de nuevos talentos, el gran admirador de Mallarmé y Goethe, Alfonso Reyes siempre mostró un dedicado trabajo para apoyar a las jóvenes promesas nacionales y extranjeras, tal como los escritores españoles que, exiliados de su país, buscaron refugio en México. Reyes también apoyó decididamente la Casa de España en México que a la postre se transformaría en El Colegio de México y la creación de una editorial vanguardista como lo ha sido el Fondo de Cultura Económica. En ambas, su participación fue fundamental para edificar dos enormes portentos de la cultura nacional.
Finalmente, su trabajo diplomático también estuvo asociado a un cariño especial por México, cuando el servicio exterior representaba más que una carta político-burocrática, una labor cultural y hasta turística de un país creador de grandes colosos de la literatura nacional.

*Alfonso Reyes: caballero de la voz errante. Adolfo Castañón. Academia Mexicana de la Lengua/Juan Pablos Editor/UANL. 2012, 580 pp.

dfigueroah@yahoo.com.mx