REVISTA DIGITAL DE PROMOCI脫N CULTURAL                     Director: Ren茅 Avil茅s Fabila
23 | 07 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Enrique G贸mez Carrillo: Promotor del haik煤 en Iberoam茅rica


脕ngel Acosta Blanco

Las cr贸nicas de Enrique G贸mez Carrillo
De la interesante obra que produjo Enrique G贸mez Carrillo (Guatemala: 1873-Par铆s, Francia: 1927), la de las cr贸nicas es de las que aportaron datos diversos, no s贸lo sobre la cultura oriental en general, sino acerca de peculiares transcripciones de distintos relatos, leyendas y mitos a manera de fuentes documentales, asimismo estas 煤ltimas tienen la peculiar caracter铆stica de poseer una complexi贸n concesiva y un desenvolvimiento narrativo, lo que las acerca a lo que hoy conceptualizamos como microficciones.
Es a finales de junio de 1905, cuando nuestro relatador viaja del famoso puerto de Marsella a Jap贸n. Su motivo fue captar el esp铆ritu del momento de aquel lugar, el cual se encontraba en circunstancias de posguerra victoriosa contra Rusia. Los canales de enunciaci贸n fueron los peri贸dicos El Liberal y La Naci贸n, en consecuencia, uno de Madrid, otro de Buenos Aires. Estas v铆as permitieron a los modernistas locales informarse durante cuatro meses de los aconteceres de la civilizaci贸n asi谩tica isle帽a, lo que a la vez proporcionaba a esos poetas hispanohablantes cierta actitud equiparativa entre escritores y creativos europeos interesados en el universo japon茅s.
Gran parte de las cientos de cr贸nicas realizadas por Enrique G贸mez Carrillo, est谩n impresas en los libros titulados: De Marsella a Tokio (1906), Sensaciones de Egipto, la India, la China y el Jap贸n (1906), La Rusia actual (1906), El alma japonesa (1907), Grecia (1908), Notas de Oriente (Turqu铆a) (1912), Jerusal茅n y Tierra Santa (1912), La sonrisa de la Esfinge (1913).
De las que constituyen mayor importancia, no s贸lo dentro del conjunto escritural del guatemalteco, sino en espec铆fico para nuestro tema, est谩n en el libro El Jap贸n heroico y galante. Dicho trabajo fue estampado por primera vez por Editorial Renacimiento, en Madrid, en 1912. No obstante, para estas fechas, tambi茅n galos, brit谩nicos y estadunidenses, desde un inter茅s pol铆tico, econ贸mico y militar, contaban con sus respectivos informantes, cronistas y esp铆as, pues ya hab铆an realizado proyectos documentales de todo tipo, varios inclusive alrededor del arte y la literatura. El mismo Enrique G贸mez Carrillo, quien estaba bien informado antes, durante y despu茅s de sus viajes, nos comenta desde estas cr贸nicas que, por ejemplo, en Francia e Inglaterra, exist铆an traducciones de aut茅nticos pergaminos cl谩sicos del Jap贸n.1 Esta variedad de documentos, junto con la lectura de los m煤ltiples libros de viajes de escritores como Theodere Dreiser, Pierre Loti, Percival Lowel, Rudyard Kipling o de los estudios e investigaciones de autores como Lafcadio Hearn, Basil Hall Chamberlain y Paul Louis Couchoud, etc., sirvieron a G贸mez Carrillo para enriquecer sus cr贸nicas japonesas que dentro de algunas de ellas muestra la existencia de cancioncillas y jaikus, lo cual ayud贸 a interesar e informar tambi茅n a otros modernistas hispanoamericanos.
De la actual propagaci贸n de El Jap贸n鈥 (Ediciones del Viento, Espa帽a, 2009)2, podemos notar que dicho manuscrito est谩 determinado por catorce relaciones, todas caudalosas en datos y descripciones, retratos y dibujos, citas y referencias; m谩s el cuidado ret贸rico y narrativo -pensados para un p煤blico culto y para un enunciatario en general curioso, nunca para un receptor masivo e indiferente, por el contrario, selecto- es escrupuloso, vivaz y atrayente. Los relatos evidencian a un viajero moderno y sibarita, incluso a un indubitable poeta que hurga lo que se le presenta, pero por encima de todo apunta la mirada y pluma hacia el detalle en busca del primor y del arte, donde encuentra jaikus y tankas, y por consiguiente con ello dispuesto a cautivarnos con mundos reales, antes bien distantes y ex贸ticos para el momento, atrayentes y profundamente milenarios y humanos de un pa铆s que se occidentaliza con base en la industrializaci贸n y consumo: el Jap贸n.

El jaiku japon茅s, seg煤n Enrique G贸mez Carrillo
En el cap铆tulo IX, dedicado a 鈥淟a poes铆a鈥, Enrique G贸mez Carrillo hace especial atenci贸n a la 鈥渓iteratura versada鈥, es donde adem谩s de describirnos sus apreciaciones en torno a los 鈥渢ankas鈥 y los 鈥渘agautas鈥, lo hace tambi茅n sobre los 鈥渉aikais鈥.3
Al respecto de la l铆rica en general nipona, el guatemalteco la constituye como artilugio de 鈥渞et贸rica tir谩nica y complicada. [Donde] las figuras po茅ticas y las licencias gramaticales son invulnerables鈥4. Asimismo comenta que los clis茅s y ripios son milenarios escaparates tradicionales, cuyos principios ser谩n la base de la 鈥渋nventiva鈥; es decir, m谩s que inventiva, para crear un actual poema hay que satisfacerse de las frases existentes: 鈥淟a rutina es una regla invariable. As铆 como nadie se atreve a atentar contra la majestad del Mikado, nadie toca a los engarces sagrados del verso鈥.5 No bien, los rasgos de originalidad, autor铆a y el 鈥測o鈥, son vislumbrados por Carrillo como conceptualizaciones distintas en comparaci贸n con los de Occidente.
De los tres principales tipos de poemas que 茅l identifica, dos muy breves y uno extenso, se anticipa en la investigaci贸n y estudios literarios y nos orienta a identificarlos de la siguiente manera:

Una tanka, hoy como ayer, y ma帽ana como siempre, ser谩 un poema de cinco versos alternados de cinco y siete s铆labas, de manera que, en total, tenga treinta y una s铆labas de un modo exacto e invariable. El haikai, m谩s breve a煤n, se compone de un verso de cinco, uno de siete y otro de cinco. En cuanto al nagauta o gran poema, es una composici贸n de dimensiones indeterminadas, pero de forma fija. Sus versos son cinco y siete, con uno adicional de siete al t茅rmino.6

Aunque no s贸lo en el cap铆tulo dedicado a la poes铆a, a lo largo de las dem谩s cr贸nicas van cit谩ndose traducidos tankas, jaikus y otras cancioncillas breves; las cuales como en todos lados del mundo, hablan del pasado, hablan sint茅ticamente de alguna historia ocurrida de amor, desamor, drama, virtud o dicha, 茅stas al mismo tiempo son de dominio p煤blico por 鈥渪鈥 razones que el pueblo, o en algunos casos s贸lo en determinados sectores (arist贸cratas, cortesanas, guerreros, viajeros o marineros, etc.), se conservan de forma esmerada y tradicional. Aqu铆 hay que acotar dos cosas con sentido aclaratorio para nuestro tiempo, que muy probablemente de lo siguiente desconoci贸 Enrique G贸mez Carrillo. El jaiku del que este autor hace menci贸n en sus cr贸nicas es el referido al tradicional hasta el siglo XIX llamado 鈥淗okku鈥, el cual procede como extracto del tanka, quedando la tercina con versos medidos de 5, 7, 5 s铆labas, este terceto es el que los jaijin elaboraron con tan esmerado arte objetivo y naturalista y, muy pocas veces, subjetivo-emocional, entre los siglos XVI con Arakida Moritake (1472-1542) y los siglos XVII, XVIII y XIX con Matsuo Bashoo (1644-1694), Yosa Buson (1715-1783), Kobayashi Issa (1773-1829) y Daigu Ryookan (1758-1831); entonces al jaiku que se refiere G贸mez Carrillo es al que dichos jaijin elaboraron de manera versal y con medida m茅trica. Sin embargo, la mayor铆a de los interesados del conocimiento del jaiku japon茅s adoptaron el nombre que Masaoka Shiki (1862-1902) propuso (鈥淗aiku鈥), refiri茅ndose con ello al que 茅l mismo experiment贸 al romper la medida m茅trica y realizar las tercinas con verso libre. La otra acotaci贸n es lo siguiente: aunque Enrique G贸mez Carrillo hace brevemente alusi贸n al axis anal贸gico de la producci贸n y de la vida jaikuista con las situaciones temporales, no le otorga el relieve adecuado. No bien, dentro de su elecci贸n traductiva nos deja de muestra el siguiente texto:

Para todos los hombres
la esencia de ensue帽o
es la luna de Oto帽o.7

Otro dato que apunta es la imposibilidad de poder traducir los jaikus, en s铆, la poes铆a en general japonesa es intraducible. Nuestro autor se centra en dos fundamentos en los que en la actualidad de alguna manera s铆 podemos estar de acuerdo. Uno, es porque las obras est谩n dise帽adas por un tratado evocativo, tendencioso, sugerente, y no son estrategias de creaci贸n de im谩genes que caractericen una idea, como lo es en el caso occidental, origen por el cual nos valemos mucho por s铆miles y met谩foras, y en el caso de los poetas modernos (simbolistas y modernistas) de signos, s铆mbolos, 铆conos, im谩genes concretas o abstractas. Otro motivo es quiz谩 por la raz贸n de que la mayor parte de la ret贸rica nipona termina en vocal, por lo que queda limitada en su complejo r铆tmico y sonoro, pues las combinaciones en puras vocales limitan a muy escasas posibilidades musicales. Al respecto nos comenta G贸mez Carrillo: 鈥淟a poes铆a japonesa no ha tenido nunca esa suavidad y esa m煤sica. La rima no existe en ella, y su ritmo mismo es muy ligero鈥.8 De esto t茅cnico, no discutir铆amos contra Enrique G贸mez Carrillo. Sin embargo habr铆a que tener presente en cuanto que la poes铆a de los jaijin no tiene como principio realizar un artilugio sonoro con base en las propias palabras en el sentido gr谩fico-fon茅tico, sino una imagen objetiva de la naturaleza, cuya posible sonoridad, o cualquier relaci贸n con los sentidos, nos la proporcione la imagen misma mediante su narraci贸n impl铆cita de sucesos, por lo que adem谩s de lo mencionado por nuestro cronista quiz谩 el jaijin no tiene deparo primordial de la aparici贸n t茅cnica de la sonoridad.
As铆 pues y a prop贸sito de la no traducci贸n del jaiku, conviene aqu铆 hacer menci贸n de otro argumento que puede completar o reforzar la propuesta de G贸mez Carrillo y, que a la vez, nos vuelve a ense帽ar el esfuerzo por interpretar y difundir los jaikus japoneses, tanto en M茅xico como en el resto de Hispanoam茅rica; dicho punto de vista proviene del vanguardista Manuel Maples Arce, quien dice lo siguiente:

La poes铆a japonesa reclama el compenetrarse de sus relaciones con la vida misma de este pueblo [del Jap贸n], y el sentir que los poemas mantienen una 铆ntima relaci贸n con el paisaje, las leyendas, las creencias religiosas, los sitios y personajes c茅lebres, los s铆mbolos que, por ejemplo en el pino y el bamb煤, perennemente verdes, encarnan la larga vida; los ciruelos y cerezas son emblemas de la esperanza y de la primavera, del ruise帽or, de la poes铆a; y en la emoci贸n fugitiva de una hora, de un lugar, de un recuerdo experimentado hace tiempo, tienen un car谩cter durable que se mantiene de generaci贸n en generaci贸n.9

Este acierto se produjo con mejor tino entrada la primera mitad del siglo XX. Ya varios esfuerzos lo permitieron. Maples atiende m谩s certeramente parte de la tem谩tica propia del jaiku tradicional, aunque tampoco aclarar谩 si es poes铆a subjetiva o no, si es poes铆a de im谩genes objetivas y concretas o no, de situaciones naturales.
En lo que coinciden es no s贸lo en subrayar la tradici贸n del jaiku en Jap贸n, sino en se帽alar el intento configurativo de poder sugestivo que los jaikus logran tener al captar esos momentos referenciales del 鈥減oeta鈥 y que los muestran como si fueran una pincelada para sus interlocutores:

En una rama seca
he visto un cuervo.
Esta noche tengo miedo.10

G贸mez Carrillo, no obstante, mediante dichas cr贸nicas aprovecha para aclararnos c贸mo la poes铆a es todav铆a parte total en la vida japonesa de comienzos del siglo XX. El gusto por el arte de la esmerada y paciente hechura de las escrituras enanas es visible en el contexto oriental, por lo que el jaiku, la miniatura gr谩fica y los bons谩is hablan del culto a la compresi贸n sem谩ntica, a la popularizaci贸n de la forma breve, a la concisa y pulcra belleza. Esto es quiz谩 lo que a m谩s de un modernista despert贸 la complacencia por crear o imitar o recurrir a tan aristocr谩tica, pero afable, arquitectura; es decir, nada m谩s o nada menos que el logro de la pisca ling眉铆stica estilizada que para nosotros corresponde a lo po茅tico, a la poes铆a.
Tanto en Espa帽a, como en Hispanoam茅rica, el jaiku tambi茅n es una de las emisiones chiquitas que se experiment贸 mucho en el quehacer cultural de la literatura en lengua espa帽ola, teniendo cierta efervescencia a partir de los a帽os veinte, del siglo XX, con hacedores jaikuistas como el mexicano Jos茅 Juan Tablada, el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade, el guatemalteco Flavio Herrera y el espa帽ol Rogelio Buend铆a, hasta concluir los a帽os sesenta, como primera fase de su construcci贸n y producci贸n en espa帽ol. Y en estas dos pasadas d茅cadas, resurgiendo de manera paulatina, donde muchos escritores siguen los preceptos de Enrique G贸mez Carrillo, otros m谩s, generando enlaces y mezclas con otras miniaturas po茅ticas. Siendo esto todav铆a la continuidad de nuestro modernismo literario iberoamericano.

NOTAS
Por ejemplo se documentan algunos de los siguientes: Sinkociotoki de Tchikafusa; Anuario del Yosiwara, de Jipensha Ikku; Las lindas mujeres que son po茅ticas en el Yosiwara o Albun de Masanobu y, por si fuera poco, menciona que exist铆a del editor Yakohama, 茅ste, afincado en Par铆s, el proyecto de publicar dos c贸dices enciclop茅dicos, 茅stos en verso y de m煤ltiples tomos: Manyoshuu (siglo VIII) y Kokinshuu (siglo X), etc.
2 En 2010, la editorial Renacimiento (Espa帽a), mediante su colecci贸n 鈥淟os viajeros, n煤m. 10鈥, tambi茅n ha publicado El Jap贸n heroico y galante, aunque conformado por 17 cr贸nicas y, a la vez, ah铆 mismo rescata el pr贸logo que Rub茅n Dar铆o hizo para el libro De Marsella a Tokio (1906).
3 Aqu铆 el autor usa el t茅rmino propuesto por los franceses: 鈥淗aikai鈥, y no el que propuso a finales del siglo XIX el japon茅s Masaoka Shiki (1867-1902): 鈥淗aiku鈥. Esto quiz谩 tambi茅n muestre la inseguridad por usar un t茅rmino u otro no identificado o establecido todav铆a en el mismo Jap贸n y recurrir a las voces autorizadas de europeos.
4 Enrique G贸mez Carrillo: El Jap贸n heroico y galante, Espa帽a, Ediciones del Viento, 2009, (Colecci贸n Viento Sim煤n, n煤m. 43), p. 98.
5 Ibid., p. 99.
6 Idem.
7 脡ste y el siguiente jaiku son traducciones de Enrique G贸mez Carrillo, seg煤n este autor, ambos corresponden a textos populares de origen campesino japon茅s del siglo XVII: Ibid., p. 112. (En la actualidad hay traducciones que se las atribuyen a Bashoo; es probable que Carrillo los haya compilado del saber popular o de la transmisi贸n oral)
8 Ibid., pp. 102-103.
9 En 鈥淭anka y haiku鈥, de Ensayos japoneses, M茅xico, Ediciones Cultura, 1959, pp. 80-81.
10 Ibid., p. 112. Y posteriormente citado por D. Keenen: 鈥淚I. La poes铆a japonesa鈥, en Op. Cit., p. 56.