REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 07 | 2019
   

Confabulario

Elías lujurias Fajardo... Mi amigo


Benjamín Torres Uballe

CAPÍTULO I
Nos vimos en el centro del DF ya que coincidentemente atendemos clientes en la misma zona, al terminar las visitas nos dirigimos al 'Jekemir' a tomar un capuchino; no es para nada un sitio lujoso, más bien un tanto incómodo ya que el local es pequeño y las mesas están muy juntas, lo cual resulta de la fregada a la hora de chismear porque todo se escucha en las mesas próximas.
Sin embargo, la vorágine económica hace un buen rato que nos agarró de sus puerquitos a Elías y a quien escribe estas líneas, así que por lo tanto no podemos ponernos exigentes al momento de tomar café; debo además aclarar amigo lector, que mi célebre amigo posee un aura envidiable la cual ejerce un magnetismo sin igual sobre los meseros con 'capacidades diferentes' (léase puñales), cualidad de la cual debo admitir me beneficio, ya que nos atienden con inexplicable prontitud y eficacia, aunque a cambio debo disimular cuando ellos se intercambian miradas lujuriosas o se 'cogen de la mano', y le cobran menos de la mitad de la cuenta.
Bueno, sucedió que al término de disfrutar nuestro delicioso capuchino y comentar lo jodido que estaban las ventas, de que si la empleada de tal cliente está buenísima, o que la otra está re'cucha; nos dirigimos caminando a la estación Juárez del Metro para volver a nuestras respectivas casas; yo saqué de mi cartera 'Louis Vuitton' (no amigos lectores, no se hagan bolas, en modo alguno soy incongruente respecto a mi economía, la cartera es obsequio de mi ex, antes de que me mandara a la chin... por infiel, y todo, gracias a los consejos del pinche mostro), bueno, les decía que extraje el boleto, lo introduje y pasé el torniquete, cuando en eso veo a Elías con su tarjeta del INAPAM enseñándosela al policía para que lo dejara ingresar sin pagar, beneficio al que tienen derecho en la ciudad de México los adultos mayores de 60 años.
El shock de lo que yo presenciaba, era indescriptible, terrorífico, brutal; mis ojos lo veían, pero mi cerebro, y sobre todo mi ánimo se negaban a creer tal hecho inédito; de pronto el hijo pródigo de Cañitas, el terror de las domésticas de 'Tlane', el experto en concertar citas a ciegas vía telefónica, ese audaz que cuando no tenía pachocha en sus años de juventud, simplemente se metía al Cine Teresa a ilusionar a algún puñalón a cambio de varios billetes; al terror del 'Paraíso' y de todos los moteles de la zona de Indios Verdes y Calzada de Tlalpan, ése, el de los 3 diarios, había tornádose en mero despojo. Yo permanecía impávido, totalmente petrificado, aterrorizado. Era innegable, el mostro, mi entrañable amigo se había vuelto un viejillo, la humanidad lo había perdido para siempre.
Continuamos platicando puras babosadas, en lo que por cierto ambos éramos expertos, yo lo hacía de forma automática, realmente no estaba concentrado en la charla de 'Elías', a quien de pronto no sabía si anteponer el 'Don'. Se bajó en la estación 18 de marzo, y yo seguí a Indios Verdes, ahí tomé el deprimente guajolotero a mi casa; chingao, todo el trayecto pensativo, me valieron gorro los idiotas que se subieron a vender chicharrones, cacahuates, congeladas, chocolates, y hasta la gorda andrajosa que con su guitarra se echó unas rolas de Paquita la del Barrio, y a quien, en determinado momento sentí unos deseos irrefrenables y perversos de bajarla a patadas en las nalgas; caray... pobre viejillo, ya había dado indicios de declive, sin embargo la neta es que no le había hecho caso.

CAPÍTULO II

Desperté y deseé que todo hubiese sido una pesadilla, sin embargo, en brevísimos instantes caí en la realidad: para nada 'habemus mostrus'. Desde que nos conocimos hace ya más de 35 años hicimos clic para bien, es decir, nos acoplamos excelente para emborracharnos juntos; el pretexto era y lo es hoy, incluso, cualquiera, y cuando no lo había, pues leíamos en algún periódico la nota de ocho columnas y ése era el pretexto, sí... así de mamones.
Mi fogoso amigo siempre ha sido un aventajado alumno de 'Eros'; lujurioso como pocos en el planeta, y tras de una apariencia delicada, amable, exquisita, diría yo, como de metrosexual, amén de un hábil manejo del idioma español, eso sí, lo admito; solía engatusar desde inocentes empleadas domésticas, hasta expertas 'rompe catres', pasando desde luego por diversos travestis, cuya base de operaciones se encuentra hasta la fecha en el Periférico y Sor Juana, allá por el norte de la metrópoli, y quienes como homenaje, incluso, nombraron una posición sexual como la 'Monstriña' en reconocimiento al intelecto y destreza de Elías.
Testimonio fehaciente de mi dicho, es el hecho de cuando en una de sus famosas 'citas ciegas', y encontrándose en pleno faje con la dama en cuestión, (de la cual por razones obvias y en mi incuestionable calidad de caballero, no revelaré el nombre) ahí, en conocida discotheque de un lujoso hotel ubicado en Paseo de la Reforma, una dama de la Liga de la Decencia que se encontraba supervisando el lugar, le exigió a 'Elías' que se retiraran del lugar, lo cual mi amigo obedeció sin chistar para evitar un escándalo mayor, únicamente levantó del piso la ropa interior de su 'cita', y se fueron a continuar su 'labor' en un hotelucho de paso, por la zona de Buenavista, donde le daban crédito, y adicionalmente abonaban puntos a su tarjeta de cliente frecuente.
Nuestras parrandas se extendían en tiempo y espacio a lo más comodino, claro que sí. Pero no caíamos a cualquier antro, dicho esto en el sentido peyorativo, si no mire usted: mi primera tarjeta de crédito la estrenamos, sí, correcto, acertó: en el 'Nicte Ha' del añorado Hotel del Prado. Desde luego que la pasamos extraordinario oyendo a Toño Quirazco, y bebiendo San Marcos con sidral, aunque la méndiga cuenta tardé casi un año en pagarla en incomodas mensualidades; pero lo gozado quién nos lo quitaba.
Nuestro cuartel etílico durante varios años, también se ubicó en el bar de conocida cadena de restaurantes, ubicado en la Calzada Vallejo. Tomábamos peor que cosacos y además cantábamos todas las rolas interpretadas por el grupo musical que por cierto lo hacía bastante bien; recuerdo particularmente 'Camelia la texana', e invariablemente a Elías llorando y cantando 'Te voy a olvidar' de Juanga, después de la quinta cuba libre; nunca me lo ha querido decir, pero creo le recordaba a un chef al que amó mucho y que huyó con un lanchero del lago de Chapultepec, al que había conocido por Internet.
A mi mente llegó también la ocasión aquélla en que junto con otro amigo del trabajo nos íbamos a 'Oaxtepec', donde ya teníamos reservada una cabaña y nos dedicábamos a emborracharnos y a tener encuentros con ciertas 'señoritas' en Cuautla, a las que para variar, Elías alborotaba a más de una con la promesa, desde luego infundada, de contraer nupcias y convertirlas en la flor más bella de su pueblo natal, allá en Zacatecas.
En otra ocasión le cedí los derechos de una ex novia conocida como 'Mary la Loca' y, fiera como es él, consideré un hecho que presto la agregaría a su extensa lista de conquistas, sin embargo, para mi asombro, delicadamente ella lo bateó; este capítulo en su historia de play boy, no es sino ratificar aquel proverbio de 'al mejor cazador se le va la liebre', o lo que es lo mismo 'Al mejor Mostro se le va caperucita', por sagaz que sea.

CAPÍTULO III

Elías vivió días plenos como play boy internacional, y yo, debo admitirlo amigo lector, viví también colateralmente en esa burbuja de beneficios inconmensurables, y me explico: dada la fama de los '3 diarios' que pregonaba a los 4 vientos mi amigo, era a mí a quien buscaban para concertar una cita con él. Toda clase de seres conformaban el grupo solicitante: empleadas domésticas, viudas, feas, y muchos socios de la liga del tercer sexo. Por ello tenía que llevar un control preciso en Excel de todas esas citas, de las cuales nos dividíamos las utilidades.
Pero como todo exceso tiene su costo, después de varios meses de surtir tantos 'pedidos', empezaron las fallas en dichas entregas, y consecuentemente los reclamos airados, y a pesar de que le sugerí -como su manager que ya era de facto- la ingesta de la pastillita azul, ni así levantaba presión, por lo que de común acuerdo decidimos que 'el orgullo tlanepantleño' se tomara un amplio descanso en esos menesteres.
Los ingresos en su profesión de vendedor de biblias casa por casa, de plano no dejaban lo suficiente para mantener el ritmo de gastos acostumbrado en el café, los tacos de carnitas en Los Panchos, el pozole en La Casa de Toño, los tacos de canasta junto a la “W” y los caldos de gallina. Ante ello, elaboramos un plan 'B', consistiendo éste en aceptar citas muy específicas, que aportaran un modo decoroso de sobrevivir; algo equivalente a un Fobaproa, sólo que en el caso sería un rescate culinario, así es que le prometí una cita a la señora que vendía las tortas, al chef de la cafetería, al policía gay del Eje Central, y a la empleada gorda y fea de uno de nuestros clientes.
Todo marchaba digámoslo, más o menos bien, hasta que mi amigo empezó a buscar por su cuenta ingresos extras durante la celebración de la Marcha del Orgullo Lésbico Gay, a la cual fue disfrazado de Pedro Pica Piedra, con tamaño garrote en la mano; pero no contaba que se le iban a juntar dos pretendientes; el policía gay y el chef, quienes se lo disputaron a trancazo limpio y al final, entre ambos, lo dejaron pal'arrastre. Tardó dos semanas en cama para reponerse, y le tuvo que mentir a su esposa afirmando que lo habían asaltado unos malandrines al salir de una biblioteca.
Después de ese penoso incidente, se acentuó aún más ya la edad; no cumplía con los deberes hacia su mujer, la que desesperada llegó incluso a amenazarlo con hacer el amor con su vecino. Pero eso no era todo, extraviaba cada semana un teléfono celular, se llegaba a quedar dormido recargado en algún poste de teléfono, olvidaba donde había dejado estacionado su auto, se dirigía hacia el sur en lugar del norte.
Él, que llegó a ser lo más cercano al anticristo por su terrorífica maldad, ahora tenía la actitud de monaguillo de pueblo, su mujer lo madreaba con frecuencia, lo obligaba a lavar los trastes, ir por las tortillas, a 'lateralizar el dogy' , en fin, ya de aquel temible macho mexicano, no quedaba absolutamente nada.
Uno de los momentos más vergonzantes, fue aquél en el que la empleada del banco, una jovencita como de 18 años, le dijo que le daba tanta ternura; caray, yo me salí a carcajear a la calle, no podía creerlo, ¿dónde había quedado aquel caballero que inspiraba lujuria, pasiones desenfrenadas?

CAPÍTULO IV

Torpemente he tratado de encontrar una explicación a la decrepitud de mi amigo, sé que no la hay, pero francamente me resisto a aceptar lo que mi mente entiende ya claramente: sólo quedan despojos de ese gran figurín de fama mundial, ni modo, qué puedo hacer yo, simple y alcahuete mortal; el uso inmoderado de sus facultades don juanescas, de plano lo acabaron.
Recuerdo, cuando tal era su fama, que los moteles que se inauguraban en la metrópoli, le regalaban cortesías para que fuera de los primeros, y los recomendara, sabían que así tenían el éxito seguro; entre algunos de ellos recuerdo a: 'El caída libre', 'El paso a la noche', 'La gordas’city', 'the hermanos brothers inn', etc.; les cobrábamos además 5,000.00 pesos, ah, pero eso sí, nada de fotos, aunque él podía firmar algunos autógrafos a otras parejas.
Pero hoy ya no hay duda alguna de que engrosó las filas de la senectud; recién me acabo de enterar, que a hurtadillas acude a las sesiones de 'EVMD', (esposos viejillos mandilones desesperados), de donde ya, según tengo entendido, le han advertido de cancelar su inscripción, si continúa tejiendo durante las charlas, ¡hágame usted el cabrón favor!
Durante la época de su mayor esplendor, hubo necesidad de instalar una línea telefónica 01 900, para que sus admiradoras (y admiradores), llamaran si pretendían una cita amorosa con quien por aquellos días era también conocido como 'La Ráfaga de Cañitas'; los y las más afortunadas debían esperar en el mejor de los casos, unos tres meses para encontrarse con esa especie de ícono, de gurú sexual.
Pero yo que lo conocía muy bien, sabía que a pesar de su inimaginable fama de adonis, seguía siendo el tipo sencillo, carismático, amable, despistado, bebedor de chelas y cubas libres; terror también del café americano, aunque como buen 'latino', apegado a sus costumbres familiares y sociales, lo que, según creo, le privó de trascender a lo más alto del celuloide mundial; es decir, rechazó la oferta de una compañía productora de cine XXX, que le ofrecía un contrato en dólares por 2 años, y una cifra con varios ceros; le aconsejé que aceptara la oferta, pero se negó, con el argumento de que si se enteraba su mujer, que pertenecía a la 'Congregación de la Limosna Saqueada', lo podía no únicamente madrear, sino abandonar, hecho que por supuesto le horrorizaba hasta la paranoia.
El hecho es que, de repente -ahora caigo en ello- iniciaron los indicios de que era un prospecto muy avanzado para 'El Asilo Mundet'; por ejemplo, en vez de pedir en la cantina un tequila doble, ordenaba un atole y una guajolota, o se bebía el ron, sin mezclarlo con la soda, por lo que por poco y se asfixia, de no haber sido porque el chef del lugar le dio respiración de boca a boca, lo que derivó en que 'Lulú', la mesera del lugar le colocara el mote de 'El derecho', o también, cuando para una reunión en mi casa, ya no se acordó dónde era, y llegó después de dos horas, acompañado por un voluntario del 'Army Salvation', que disponía de GPS.

CAPÍTULO V

Como los grandes personajes de la vida, mi querido amigo no escapó a ese inevitable encuentro del no retorno con la tragicomedia; hoy en día carente de aquellas facultades eróticas que lo catapultaron a la grandeza, y a un tris de que lo ignoren todos aquellos que otrora se disputaban sus 'favores', se esmera en la quimera de lograr ingresos que según él lo pudiesen hacer nuevamente atractivo para las damas, transexuales, o 'lo que sea'.
Cierta mañana mi corazón sufrió un nuevo embate de angustia cuando por casualidad, y mientras me dirigía muy pantera en mi convertible rojo a una cita laboral, vi a Elías disfrazado de 'menonita' vendiendo quesos, en la avenida Juárez; francamente no daba el tipo, pues él es más bien compacto y moreno, no le hablé para no avergonzarlo; caray, qué tristeza, ya me lo habían dicho, aunque no lo creí; también me habían llegado varios correos electrónicos anónimos, donde me advertían de que lo habían pillado en un centro comercial como 'viene viene', y otro donde creían haberlo visto vendiendo paletas y congeladas a bordo de un bus; y más alarmante aún ése donde alertaban que juraban haberlo visto vendiendo discos piratas en el metro.

Pobre de mi querido amigo. Yo de noche en noche le visito para alentarlo, pero creo que pronto ya no lo haré más, casi siempre está dormido después de tomar su atole sopeado con una concha de chocolate, y exhausto, ya que su mujer le obliga a realizar los deberes del hogar. Además, como que su atrofia cerebral se agrava gradual pero inexorablemente. Una noche intentó venderme a su vieja, contrato de por medio, con el inverosímil propósito de comprar muchas pastillitas azules; desde luego que lo ignoré y le di un buen zape, sobre todo porque su domadora es mayor que yo 17 años, y es más mocha que el cura de mi pueblo allá en Galicia.
Esto amigo lector es apenas una probadita de las memorias de 'Mi Amigo Elías', las que serán publicadas en el próximo verano por la 'Editorial Alcahuete News'; hasta entonces suplico que sus burlas sean moderadas, en memoria de quien fue, y hoy no sólo no es, sino que no se 'haya' a él mismo.


BIBLIOGRAFIA.

Asociación De Moteles de Pasadena/Capítulo Valle de México.
Unión de Fabricantes de Condones Ultrarresistentes/Región Tlane.
Club de Travestis & Others, S.A. de C.V
Biblioteca de la Congregación de Ancianas del Mandil Inmaculado.
Gracias especiales al chef y al policía gay del Eje Central por su colaboración en la historia.

©Benjamín Torres Uballe