REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

¿Comala es destino?


Hugo Enrique Sáez A.

“México es una tumba abierta, y todos sus habitantes
son hijos del cacique, la piedra que funda el desierto.”
Julio Ortega

-¿Cómo dice usted que se llama el pueblo que se ve allá abajo?
-Comala, señor.
-¿Está seguro de que ya es Comala?
-Seguro, señor.
-¿Y por qué se ve esto tan triste?
-Son los tiempos, señor.
Juan Rulfo


Un pueblo en que no cesa el dolor por 43 almas espectrales que quieren enterrar con verdades históricas contrarias a la evidencia del crimen. El escenario de Pedro Páramo es una ficción que nos persigue como profecía de las tragedias que azotan a las nuevas generaciones. Así, en la novela de Rulfo se refleja una antigua leyenda sobre los propietarios de haciendas: habrían hecho un pacto con el diablo que les autorizaba a despojar de sus pertenencias a los indios. (“Como quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y es de él todo ese terrenal.”) Quizá el demonio simbolizaba las acciones de violencia y corrupción que acompañan a la riqueza arrancada con impunidad a los más débiles. Hoy me pregunto si se han extinguido esos autócratas dueños de la vida y de la muerte, si las empresas inmobiliarias han venido a sustituir el latifundio, si estar acosados por la muerte significa permanecer vivos, si esos personajes políticos ignorantes de la televisión son botargas animadas, si los crímenes brutales que informa la prensa son el montaje de una película de horror, si los medios simulan un país inexistente para que lo habiten los sueños despiertos.
En este ambiente de opresión se prohíben la inteligencia y la honestidad. En su lugar reina el cinismo: “sé que estoy violando la ley, y no me importa”. Es peligroso pensar y denunciar la extrema crueldad con que se trata a los desheredados y a quienes denuncian el enriquecimiento ilícito de la élite montada en instituciones públicas y de sus cómplices empresarios. Se imponen el atropello de pueblos y personas ante la ausencia de justicia y legalidad, el minucioso relato de la mentira para encubrir a los poderosos, la desnacionalización de recursos vitales como el agua, el predominio de los intereses monopolísticos, el pisoteo de las libertades de expresión, la persecución y asesinato de opositores.
Se han esfumado los últimos vestigios de la revolución con el secuestro de los estudiantes de Ayotzinapa y la posterior criminalización de quienes los buscan. Su escuela, fundada por Moisés Sáenz en 1920, iba orientada a formar cuadros que llevaran la educación a los sectores más vulnerables de la población rural. Hoy los peones capturados en el campo reciben un trato tan ominoso como los peones acasillados de las haciendas porfiristas. El término “democracia” se usa con el mismo sentido que Orwell atribuía a la “neolengua” del Gran Hermano de 1984: se borraba de la mente de la población el significado de palabras como “libertad” o se la empleaba como su antónimo.
Cierta voz profética se apoderó de Vasconcelos cuando dijo que el Partido Nacional Revolucionario (PNR) de Plutarco Elías Calles (hoy Partido Revolucionario Institucional -PRI-) era una especie de Porfirio Díaz colectivo. En su libro La sucesión presidencial en 1910 Francisco I. Madero había lanzado una dura crítica al entonces presidente eterno por haber concedido permiso a los Estados Unidos para ocupar la bahía Magdalena en Baja California al tiempo que condenaba la acción de los monopolios nacidos al amparo de capitales extranjeros. El 18 de abril de 1910 Francisco I. Madero se entrevistó con el general para informarle que se presentaría a las próximas elecciones presidenciales, decisión que fue recibida con escepticismo y burla por Díaz. Transcribo a continuación párrafos de una carta que Madero envió a su 'adorada mamacita' en la que relata dicho encuentro. Transcribo algunos párrafos con apostillas que destacan cierto paralelismo entre aquella situación y la actualidad.
“La impresión que me causó el Gral. Díaz es que está verdaderamente decrépito (¡el régimen actual, también!), que tiene muy poca vitalidad; acostumbrado a que todo lo que él dice sea aprobado servilmente (en 2015, ¿inclusive la privatización del agua o la expulsión de Carmen Aristegui de la radio?) por los que le rodeen, no vacila en contradecirse de un momento a otro, y, sobre todo, parece que tiene la monomanía de hablar de sus guerras (en 2015, ¿de sus reformas?). A mí me causó la impresión de estar tratando con un niño o con un ranchero ignorante y desconfiado (¿sería un antepasado del sobrino de Montiel o de Fox?)”.
“Estoy seguro de que en su juventud (con respecto al PRI, léase la época del general Lázaro Cárdenas) tuvo inteligencia mucho mayor que la que representa en estos actuales momentos; pues si no fuese así, sería imposible que hubiese efectuado la obra que le conocemos (el IPN y la UNAM se las apropia el PRI en sus spots). En presencia de él, permanecí el mismo de siempre y la verdad es que no tomé en serio lo que me dijo, pues en tono socarrón le recordaba yo, a cada momento, que me había dicho lo contrario momentos antes (¡!). De la cuestión política comprendí que no se puede hacer nada con él, que está empeñado (¡cuánto em-peño!) en seguir adelante su programa. Yo le dije que, por mi parte, nosotros seguiríamos igualmente el nuestro. Se trató igualmente de la orden de aprehensión contra mí y me dijo que tuviera confianza en la Suprema Corte, a lo cual contesté con una franca carcajada, diciéndole que no tenía ninguna confianza en la Suprema Corte (¡y eso que no estaba Medina Mora!)”. (Epistolario de Francisco Madero)
Al despedirse, Porfirio Díaz le expresó a Madero: 'Seremos tres los candidatos a la presidencia. Usted, el señor Zúñiga y Miranda y yo.' Zúñiga y Miranda era un abogado pintoresco que solía presentarse como candidato independiente a las elecciones presidenciales, con un carácter más bien simbólico. En las épocas del partido “casi único”, entre las décadas de 1950 y 1970, había personas que depositaban su voto por Cantinflas.
En fin, el descarado autoritarismo y la soberbia sin límites del dictador continúan acechando en un país sin legalidad posible, con un gobierno subordinado a las grandes empresas transnacionales, amarrado a la complicidad de su burguesía contratista y a la forzada lealtad de una clientela obtenida con recursos públicos. El resultado de esta dominación es una organización política estratificada que culmina en el poder omnímodo del presidente, quien es responsable en última instancia de conceder cuotas de poder sin el balance del contrapoder que supone una democracia.
En las elecciones el PRI obtiene un tercio de los votos de la población, comicios que se celebran con un significativo número de ausentismo a las urnas. Un porcentaje elevado del sufragio a su favor proviene de fraudes, acarreos, presiones, amenazas, compra de voluntades con dinero o bienes. Con esa proporción de ciudadanos sumisos se arroga el privilegio de gobernar con un autoritarismo ciego y destructor.
Al cruzar una bocacalle vi una señora envuelta en su rebozo que desapareció como si no existiera. Después volvieron a mover seis pasos y mis ojos siguieron asomándose al agujero de las puertas. Hasta que nuevamente la mujer del rebozo se cruzó frente a mí.
En los días que corren, fueron desaparecidos 43 jóvenes con total impunidad, desaparecen conflictos de interés en que están involucradas las máximas autoridades federales, desaparecen fondos públicos para sufragar viajes faraónicos a Europa, desaparecen un programa radial de noticias que investiga la verdad, desaparecen el delito de prostitución cometido por un psicótapa cacique urbano, desaparecen la propiedad de bienes naturales que otrora pertenecían a la nación. ¿Quieren desaparecer la nación?