REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
13 | 08 | 2020
   

Confabulario

Instantaneas del fin del mundo


Jorge Villaruel

Let them sleep who do not know
The final day is here T
he very last
And we leave at dawn

Laibach; B Mashina

Perdida
Sigo frente a la ventana, sucia de moscas, cerrada, sin aire en la habitación, mirando el camino que va lejos de aquí, por donde Jordán se fue hace varios meses, con un rifle de caza, a luchar por las tierras.
Llevo dos horas de este día sentada frente a la ventana sucia de moscas. Ayer estuve veinticuatro horas continuas sin moverme, un día antes también. Siete días enteros así, esperando a que venga Jordán o la muerte.
Llevo todo este tiempo sin parpadear, sin comer, sin orinar, sin beber y sin moverme, mirando por la ventana sucia de moscas, esperando que alguien venga de regreso por ese camino que sólo va y no viene nunca, y que se pierde lejos de acá.
Así llevo desde hace no sé cuántos días, mirando por la ventana sucia, llena de moscas, con los ojos bien agarrados al camino, esperando que algo pase, que sobrevenga Jordán o la Muerte y yo pueda proseguir mi existencia. Y ya empiezo a cansarme. Y me he sentido cansada desde hace no sé cuántos días, no sé cuántas tardes, no sé cuántas noches, desde que recibí el telegrama ése: “Señora Clotilde Arriaga de Caire. Nuestro más sentido pésame al notificarle la muerte de Jordán Caire”.


Topsy
Solamente las paredes blancas me conocen y me platican
Todas las noches de todos los que han visto llegar hasta aquí
—Cuervo de Poe, Paredes Blancas

La encontré vagando temblorosa por los inmensos corredores. Le gusta escaparse de todo aquello que la atemoriza, pues entre paredes blancas no sólo escucha las voces, sino que también las puede ver.

Cena de Navidad
Papá, Mamá, Hermano Mayor, Hermana Intermedia, Hermana Menor. La cena se sale de control al acusarse todos sus culpas, hasta que Mamá arroja al suelo la caja de esferas que sobró, luego, Hermano Mayor toma unas esferas del árbol y las rompe contra la mesa, seguida de Hermana Intermedia, que aplasta los regalos a sillazos; Papá y Hermana Menor arrojan figurillas del nacimientos contra la pared; Mamá levanta sobre su cabeza la figurilla del niño Jesús, y la arroja contra el suelo. Al final, todos juntos la emprenden a patadas contra los fragmentos del niño y ríen. Ha sido una buena cena familiar. Repitámosla el año que viene; y la próxima vez, traigan a los niños.

El gato en la bolsa
Un hombre vagabundea con una bolsa de plástico. En la bolsa, un gato. El hombre golpea la bolsa con un palo. El gato chilla. El hombre tiene razón: su mujer amaba más al gato.

Plumas
Caminaba sobre Reforma. Eran cerca de las tres de la madrugada y ningún taxi se atrevió a detenerse. Hacía frío, pero me pareció agradable cruzar hasta el camellón central y caminar bajo los árboles que parecían más despiertos a esas horas.
A unos metros de mí, bajo la pálida iluminación pública, algo se movió. Me acerqué a inspeccionar. ¿Qué será? Tenía la forma de un hombre, pero cubierto de plumas negras y grises. ¿Un hombre alado, emplumado?
Di una palmada para llamar la atención de la criatura, si criatura era (se movía; debía estar vivo), y miles de pájaros emprendieron el vuelo; ante mí sólo quedaba el cadáver putrefacto de una persona.

Pop Fantasy Gore
Pedazos de Him y Rasmus flotaban en un charco de sangre enlodada.
La cosplay-niña se arrancaba el cabello, desesperada, las lágrimas con sombra de ojos chartreuse, el maquillaje embarrado de rostro.
La cosplay-niña se arrojó al suelo, sobre los fragmentos de sus idorus. Un dedo, un cacho de pie, un codo, varios dientes, una nariz y una lengua, pero ningún ojo.
—¡Perdónenme! —gritó la cosplay-niña anegada en llanto— ¡No quise hacerlo!
Recolectó los pedazos y los guardó en la bolsa biodegradable de plástico negro, con el resto de pedazos de otros idorus que había logrado reunir, y se marchó al refugio (Hotel Tokio). La loly-niña de cabello verde trató de consolar a la cosplay-niña con un beso en la mejilla llena de rouge. Juanitochan se unió al abrazo, y pronto lo siguieron los otros chicos del club —Fue mi culpa —sollozó la cosplay-niña, secándose las lágrimas verdes con el borde del vestido bermellón. Su liguero se había aflojado, y sus camaradas le ayudaron a llegar al estrado, donde colgaba una cruz podrida sin rastro de dios.
Pero pronto iba a dejar de estar vacía.

Crónica de una Luna de Miel

—¿Lo hacemos?
—Sí, hagámoslo.
Y cometieron suicidio.

Oleaje
Una noche, cuando ya no quedaba ningún ser humano en el mundo, los mares golpeaban con fuerza las playas. Las aves y reptiles que vivían en ese desolado planeta no conservaban recuerdo alguno del paso del hombre por la Tierra.
Y los mares mantenían su característico movimiento, tan continuo que parecía vivo. Y esa noche, las olas arrastraban entre la espuma una botella de coca-cola.

jorgevillarruel.blogspot.com.