REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 11 | 2019
   

Confabulario

Yo que puedo saber


Edgar Aguilar Farías

Yo que puedo saber de las cosas que suceden, de los sucesos que ya sucedieron y de eso que a causa de lo que hicimos y estamos haciendo y forma lo que sucederá como una semilla que germina en el campo.
Mi nombre es Heriberto Gamboa y mi historia no es una historia. Nací en 1972 y mi vida era normal, monótona y de alguna manera me conformaba con ello, me dedicaba a las cuestiones atómicas en una época donde lo nuclear era ya un tema pasado de moda, pero me veían como el ingeniero atómico español mejor preparado, según unos americanos que me propusieron un trabajo que no pude rechazar.
En esa época, en secreto se hacía un acelerador de partículas basado en unos complejos planos soviéticos, cuando la unión soviética todavía existía. A mí me tocó ingeniármelas para entender lo que un libro hecho de croquis, bocetos, notas, fórmulas, dibujos y referencias como frases; tan grueso como un diccionario. Todo eso explicaba cómo armar esa máquina.
Pero la verdad sentía que era alguna clase de estafa de los comunistas. Las fórmulas matemáticas parecían ser congruentes, pero no así las instrucciones de construcción que eran de tres periodos distintos y por tanto unos tenían unas partes de más y otras de menos dependiendo de la tecnología de la época, aun así logramos armar una de esas máquinas con piezas más sofisticadas al ver que tales matemáticas eran acertadas conforme avanzaba el proyecto.
Así que llegó el día de probar todo, por cierto nos encontrábamos en un atolón en alguna parte de las micronesias, ni yo podría ubicarme si viera un mapa la verdad, pues todo es tan secreto, que los únicos teléfonos y la radio estaba siempre bajo llave y a desguardo.
Bueno, resulta que habíamos hecho la compleja máquina con esos peculiares planos soviéticos y entonces la echamos andar, nada paso, los instrumentos se volvieron locos por un minuto y luego puf, la normalidad.
Los altos funcionarios se fueron cuchicheando nuestro error, o cosas de estado, ni yo podría saberlo. Aun así esa noche me quedé revisando los datos y releyendo aquel peculiar libro, en unas páginas en ruso, que amablemente alguien me había traducido.
Según aquellas notas, el espacio mismo es una fuente de energía inagotable, pero con una peculiaridad, que ve su fin todos los días y su nacimiento en una “vuelta de rueda” infinita, por ello el tiempo es un estado de la materia pero no cósmico; eso decían las notas en repetidas ocasiones con otros sinónimos, pero era tan redundante la idea que en un determinado momento con las fórmulas y los algoritmos mezclados en una yuxtaposición de ideas, parecieran más los delirios de un demente.
Pasé a la última hoja, y no sé por qué, allí estaba una ecuación sumamente extraña que parecía contradecir todo el libro y abajo al pie decía en ruso “no lo use al revés”.
Era raro, tal vez el traductor se había confundido, yo qué puedo saber.
Pasaron los días y me empeñé en saber qué pasó, qué se hizo mal, pasé tanto tiempo revisando aquel acelerador, que luego resulté que no era, sino un extraño aparato que hacía algo a nivel subatómico, que no entendíamos; bueno pasamos mi equipo y yo rompiéndonos la cabeza, cuando llegó la noticia del fin de la Unión Soviética, el muro había caído y con ello las hostilidades del oriente comunista y el occidente capitalista y con ello el fin de este proyecto secreto.
Así que esa noche, luego de tanto tiempo peleando con ese aparato sin saber para qué era, lo contemplé por última vez antes de que llegara la orden de desarmarlo. Zumbaba, de hecho era lo único que hacía verdaderamente, zumbar y dar datos confusos. Caminé alrededor de ella y tropecé con los cables que alimentan la corriente; dos de ellos se desprendieron, pero la máquina seguía andando como si nada, y un ataque de curiosidad me invadió, entonces desconecté otro y otro hasta que ningún conductor estuvo conectado, pero aquella cosa siguió andando como si estuviera conectada.
Estaba a punto de llamar a los demás cuando aquel zumbido aumentó repentinamente, en un minuto un sonido zigzagueante y molesto rompió mis tímpanos, luego chispazos, aquí y allá, no del aparato que se derretía como si fuera mantequilla y la explosión. Quedé ciego por unos minutos. Me tiré al piso luego que un duro silencio llenó todo mi espacio y luego abrí los ojos y empecé a escuchar la selva. Al ver a mi alrededor todo estaba oscuro, la luna sobre mi cabeza en lo alto de la cúpula celeste y rodeado de sombras y vegetación
Todo ello me llenó de sorpresa, no estaba herido, pero llegué a pensar que había quedado lastimado del tímpano pues los sonidos me llegaban apagados como si fueran murmullos, me levanté y empecé a andar, confundido, cuando noté el alba de la mañana, el sol se alzó sobre las copas de los árboles y desapareció en un minuto, todo un día en un minuto, luego todo quedó estático, el tiempo estaba congelado.
No supe si gritar en ese instante solo cerré los ojos y me concentré en despertar pensando que era todo un sueño, pero luego el silencio, y al otro minuto ruido, de una ciudad, abrí los ojos y no supe dónde estaba, todo se movía a intervalos; primero en cámara lenta, luego acelerado, se detenía y continuaba lento o normal, para acelerar y volver a congelarse.
Me atreví a caminar, como un elemento fuera de la realidad, pues el tiempo parecía haber desaparecido para mí. Estaba en España, Madrid, España y era el mundial de 1982, cuando yo era apenas un pibe.
En ese instante era imposible para mí saber qué pasaba, pero si había retrocedido en el tiempo, también había viajado por el espacio sin ninguna ayuda, además todo a mi alrededor era como ajeno, el sonido era distante, confuso, las cosas, imágenes, todo se movía de aquí para allá sin ningún sentido y al parecer sin mí como si fuera un testigo del tiempo.
Se me ocurrió cerrar los ojos y regresar a aquel atolón de donde había salido y así sucedió regresé, pero aquel lugar dejó de ser el complejo secreto que era y solo era una isla desierta en alguna parte de la micronesia. Me concentraba por regresar pero solo cambiaba la isla, la vegetación, los animales, las épocas, era como ver una película filmada por distintos directores, mismo guión, pero distintos actores, distintos países, detalles que eran a simple vista perceptibles en su diferencia, pero no así en los sucesos, todo era redundante, repetido, variado nada más.
Fastidiado me concentré y así como la primera vez regresé a España, traté de buscarme, recordando mi vieja casa, a mis padres, pero aun cuando logré enfocarlos, detener de alguna manera el tiempo, ubicarlos en el espacio, no me vi, ni ninguna señal de que yo existiera o haya existido. Sabía bien que eran los años correctos, las circunstancias, etc. Pero yo no estaba.
Al final concluí que no había nacido, eso significó que no solo estaba fuera del tiempo del espacio, sino también de la existencia, me había borrado de alguna forma, o tal vez al salirme del tiempo saqué todo lo que era mío como cuando uno deja una oficina y se lleva todos los objetos personales y desecha todo lo que ya no le sirva, dejando un cubículo en blanco. Así yo he dejado de alguna manera la existencia misma y he acabado en algún sitio, o no sitio.
Me sentí deprimido ante tal hecho, pero tenía que hacer algo, si es que se podía hacer algo. Noté, que de alguna forma, en donde estaba, no existía en verdad nada parecido al tiempo, al espacio, alguna referencia de ambos; lo entendí, porque no sentía hambre, o frío, o calor o algo que me indicara que el tiempo estaba pasando, era estático, todo lo demás se movía en su existencia, yo no.
Luego recordé lo sucedido en la isla, como las plantas variaban y los animales cambiaban como si su evolución hubiera sido distinta. Hice una prueba como científico que soy y vi que al concentrarme llegaba a una variante del tiempo y el espacio donde me encontrara. Empecé experimentando en un sitio en concreto, en un hecho en particular; la final del campeonato de España en 1982. De alguna forma lograba llegar a una existencia donde los equipos a participar variaban; menos España, el país anfitrión, Italia y Alemania, quienes fueron finalistas de aquel mundial, todo lo demás era diferente, pero aun así jamás perdía la copa Italia, ni dejaba de ser su contrincante Alemania. Los números de goles siempre se alteraban, pero jamás en contra de Italia. De este suceso existen 400 alternativas, donde la 401 era que no hubo mundial, porque nada existía más que un planeta muerto, una piedra que giraba alrededor de un radiante sol.
Luego del universo 401 todo se repetía nuevamente, por tanto el número de variantes es limitado. Todas las variantes de la copa de España en la década de los ochenta, pues la fecha podía variar pero jamás fuera de esta década; y tales variantes de aquel campeonato no son ajenas al mundo circundante, sino son parte de él como consecuencia de los actos de los hombres en esos universos, y de alguna forma no existen dos universos con ligeras variantes, las variantes son de hechos radicales y definitivos, donde se encadenan de forma definitiva; por ejemplo en uno de estos finales, Alemania no está dividida, sino que está unida porque la Alemania nazi no perdió la guerra, pero en ese mismo universo Italia si está dividida y existe una Roma federal y una Roma democrática y cristiana. Y España la sede es todavía gobernada por el franquismo. En otro universo Alemania es completamente comunista, pero no porque los rusos la hayan tomado, sino porque Hitler jamás tomó el poder y desde el fin de la primera guerra mundial aquel país toma las riendas del socialismo al perder la primera guerra y negarse a firmar el tratado de Versalles, pero de alguna forma la segunda termina con una victoria púnica para los socialistas, de hecho en ningún universo los comunistas pierden la guerra, y variantes como que Rusia se divide en la república soviética stalinista y la federal troskista, pero siempre existe este poderoso bloque marxista.
Italia es capitalista en este universo de la Alemania comunista, pero es una nación pobre y atrasada, y el haber ganado la copa a un país tan poderoso como la Alemania socialista, los llenó de entusiasmo.
Y puedo seguir con 400 variantes de universos, todos consecuencia de sus actos, de lo que van a hacer y lo que han hecho, y hacen, pero al mismo tiempo como en una ecuación con solo variantes decimales del resultado.
Sin embargo todo pareciera indicar, que pese a las variables, siempre se sigue una línea, un único rumbo donde los hombres, más que un destino, más que estar predestinados a algo, simplemente son polvo, su origen y su porvenir no es importante, su existencia tampoco. He visto Alemanias totalitarias sin Hitler e Indias liberadas sin Gandhi, donde lo único que parece nunca variar es el hecho en sí, se alargan plazos o sucesos pero suceden sin importar la vida de los hombres, como la mía, la cual es probable no haya significado nada en el orden cósmico, así igual las vidas de cien o cien billones, no importan, son nada, la vida no es nada.
He viajado a través de los años pasados, pero incluso eso pareciera ser un límite para mí. No he logrado ir más allá del siglo XX y apenas llego al primer lustro del siglo XXI. Cuando me di cuenta de ello llegué a la conclusión que lo que me permite viajar es el poder de mi mente. Algo en mí se gasta al viajar, pero se renueva haciendo imposible que me falte ese recurso para seguir mi viaje.
Ante tal situación, ante la falta de fatiga, hambre sueño u otra necesidad física, solo me queda el hecho de encontrar la manera de regresar o regularizar mi condición de tal forma que pueda integrarme nuevamente a la existencia.
Luego de pensarlo se me ocurrió ir a ese lugar de Rusia donde se hicieron los planos, todo ese libro, el cual originó mi desgracia.
Me concentro y llego a una estepa siberiana y como en otros sitios el tiempo avanza rápido, lento, se detiene y vuelve a avanzar, pero con práctica he descubierto que si me enfoco en algún momento o lugar éste se estabiliza, así he podido llegar a mis conclusiones sobre el funcionamiento del cosmos.
Al entrar al rudimentario laboratorio lo primero que llama mi atención es un hombre sentado en una silla y leyendo, su anticuado traje negro y su barba recortada me llamaron mucho la atención. Luego increíblemente, aquel hombre levanta la vista, dejando su lectura y me ve, y por su mirada sé que a él también le resulta insólita mi presencia.
-Privet tovarishch -dijo aquel tipo en ruso guardando su libro.
-¿Tú me puedes ver? -le dije con lágrimas en los ojos.
-Da… Sí, yo puedo verlo, porque en misma situación Tovarishch -dijo él con un fuerte acento ruso.
-… Ilian… Decía cuando me interrumpió.
-Ilian Volkovech, el mismo -y extendio su mano para estrechar la mía -el que inventar rayo subatomikador.
-¿Un rayo? -dije extrañado -lo que usted inventó era un rayo. Tobarich.
-Da -dijo él mirando a un extremo del laboratorio y en él la máquina de rayos desaparecía, ante nuestra presencia-. -Rayo suspende en tiempo y espacio, toma energía de la realidad y bum dispara descarga para sacar realidad.
-Cómo… ¿y cómo sabe usted…? Bueno ¿por qué habla español? ¿Y el rayo? Qué con el rayo -le dije con mis pensamientos atropellados, sin poder digerir mi sorpresa todavía.
-Oh Tovarishch, yo hablar cinco idiomas, más latín que ya no se habla, pero decir, como ha dado aquí, experimento similar al mío.
-Es un decir -me encogí de hombros y desvié la vista -lo importante es que usted, Ilian, está aquí y por el tiempo habrá descubierto más cosas que yo.
-Net, Tovarishch… Yo qué puedo saber, a mí sucederme esto hacía un instante, pensando qué efecto pasar con tiempo.
Cuando me dijo eso entendí que para colmo, para mí, el tiempo jamás pasa, pudo haber dado la vuelta al mundo, cosa supongo no hizo, pero seguirá viviendo el mismo minuto, como yo, por toda la eternidad. Lo que me sorprende, es su excesiva calma, su casi actitud pasiva, como si todos los días alguien saliera de la existencia, y eso me hizo sospechar que sabía algo más, que no me quería decir.
-¿Por qué crees que se te pasará el efecto del no tiempo? -le pregunté con un tono sarcástico.
Ilian se me quedo mirando y luego de su otra bolsa de su saco, extrajo unos papeles, al tomarlos y desdoblarlos vi que eran ecuaciones, y la última de la hilera era la de la última hoja de aquel libro, alguien fuera de Ilian había escrito esa fórmula y la frase “no lo use al revés”.
-Vi esta fórmula en un libro, pero ¿supongo tu no la escribiste?
-Yesli tovarishch, vy pravy; mi ayudante Tovarishch Gorki hizo fórmula, yo he observado progresos con tiempo divergente y mi sacar propias conclusiones -y señaló en el mosaico de cosas que se mueven y se quedan quietas a un joven ruso que envejece en un laboratorio, revisando aquel libro y agregando cosas a ese libro que me entregaran para aquel proyecto que me ha desaparecido de la existencia.
-¿Pero qué paso? ¿Por qué no te han rescatado? -le dije señalando aquel científico soviético, ayudante de Ilian.
-No poder hacer nada con conocimientos país y época, es complejo, pero rayo cargar cuerpos con subátomos Volkovech y estos se desgastan en un tiempo determinado en mil billones de años.
-¡Mil billones! Jamás viviremos tanto tiempo, -le dije asustado a lo cual él me respondió algo furioso.
-Net, net, net! Tovarishch. Aquí tiempo no existir, más que adentro, pero adentro, en átomos y principalmente en subátomos Volkovech pero desgracia, no saber cuándo pasar mil billones de años en subátomos, solo nos queda espera, y cuando suceder eso, tu y yo caer en alguna realidad.
-No comprendo muy bien lo que me dice, pero ¿está seguro que se pasará el efecto? sin que nosotros muramos -le dije dudando.
- Mhmmm, parecer que da, sí -dijo Ilian con la mano en la barba.
-¿Y caeremos en nuestras épocas?
-Mhmmm… Yo qué puedo saber -me respondió fríamente.
-¿Entonces no sabes?
-Yo qué puedo saber -dijo encogiéndose de hombros Ilian y volviéndose para sentarse nuevamente.
-Y si el proceso es diferente al rayo, aun así pasará el efecto como dices Ilian -pero él solamente se sentó en esa silla, se cruzó de brazos y me miró fijamente para decirme…
-Yo qué puedo saber…