REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
18 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Campañas electorales, ¿pleitos de vecindad?


Benjamín Torres Uballe

En un grotesco e indeseable espectáculo mediático han convertido los partidos y sus candidatos las campañas electorales rumbo a las elecciones del próximo 7 de junio. Carentes de toda propuesta realista, los políticos se han dedicado a lanzarse lodo unos a otros, usando la ofensa, descalificación y filtración como “armas” favoritas ante la ausencia de ideas y argumentos.
Resulta una afrenta mayúscula y un insulto a la inteligencia de los electores el interminable desfile -y, sobre todo, el muy pobre contenido- de los miles de spots con los que diariamente y de manera inmisericorde se atormenta a la audiencia en los diferentes medios de comunicación.
Lejos de incidir positivamente en los mexicanos que, en menos de dos meses, decidirán si acuden a las urnas, el hastío y rechazo a los “brillantes” candidatos es más que evidente. Y ello resulta absolutamente comprensible, la misma palabrería anacrónica cargada de demagogia en la que nadie cree, promesas utópicas hechas por los aspirantes a vivir comodinamente a costa del erario, quienes transidos de dolor juran lo que sea, pero que olvidarán en cuanto logren el deseado “hueso”, tal y como está comprobado a lo largo de la historia.
De acuerdo a lo que todos hemos podido presenciar, la contribución de la clase política, a través de sus “alfiles”, “juniors”, compadres y amigos, para mejorar la incipiente democracia en el país, es francamente nula y representa, por ello, un retroceso a los pretendidos avances en el sistema electoral, que hasta este día no ha justificado plenamente ni su eficacia ni su onerosa existencia.
Casos como el conocido recientemente de Claudia Pavlovich, candidata del PRI al gobierno de Sonora, quien fue señalada por presunto tráfico de influencias y delitos electorales, o los suntuosos y constantes viajes de las hijas del líder del PAN, Gustavo Madero, quien ha guardado silencio al respecto, o la petición del panista Antonio Zapata Guerrero, candidato a diputado en el municipio de Corregidora, Querétaro, para desviar 2.5 millones de pesos a su campaña, no son sino una muestra irrefutable de la podredumbre con la que se manejan las estrategias electorales.
Pero el resto de la marabunta política no es excepción. Ahí quedan los escándalos que ha ocasionado el PVEM con el tema de los spots que, incluso, le han obligado a retirar. El PRD también entró de lleno en una estrategia publicitaria similar, basada en imputaciones que no le han redituado los grandes beneficios que esperaba y, en cambio, sí animadversiones en el interior del propio sol azteca. Hay que reconocer que en la turbulencia de dimes y diretes, en el retiro de anuncios, se genera un aroma de posible censura, como es el hecho de quitar el spot donde el PAN critica el viaje a Londres del presidente Enrique Peña Nieto con una comitiva de 200 personas.
Y no por evidenciar una guerra sucia entre nuestra proba casta de políticos nacionales dejan de ser verdaderas las acusaciones. Aquí vale recordar aquel adagio: “enójense las comadres y saldrán las verdades”, proverbio que se puede comprobar con sólo visitar, principalmente, las redes sociales.
Ahora, lo importante es no confundir la confrontación política con el deleznable pleito de vecindad que no hará sino alejar aún más a los mexicanos del proceso electoral. El debate serio y propositivo debe privilegiarse siempre. La pregunta es si acaso los participantes poseen los argumentos para llevarlo a cabo, además de la voluntad política para ejecutarlo.
Millones de pesos -provenientes en su gran mayoría de nuestros impuestos- son destinados a los partidos políticos para tareas electorales; sin embargo, lastimosamente esos abundantes recursos son despilfarrados ante nuestros ojos, sin ningún beneficio en aras de la democracia y de un mejor gobierno: anuncios sosos y con una frivolidad hilarante pretenden ilusamente conquistar el voto de la población, lo cual, de acuerdo a la percepción en las últimas semanas, es mera utopía.
Si de por sí los mexicanos ya están en contra de todos aquellos chapulines que brincan de un encargo público a otro sin el menor pudor, eternizándose en los “beneficios” de los recursos federales, el desatino -por llamarlo amablemente- de las autoridades para dotarlos de dinero, vía prerrogativas, no hace más que exacerbar el repudio hacia tantos vividores que, bajo pretexto de la política, se denuestan, desenmascaran y socavan con maestría -ahí sí- lo que en principio debiera ser un proceso electoral ejemplar, digno, de interés para la ciudadanía y lejos de la deplorable y omnipresente opacidad.
A juzgar por el creciente e innegable fastidio que han logrado provocar con el torrente de anuncios en millones de mexicanos, y el paupérrimo nivel mostrado por los protagonistas que con ansia demencial mendigan el voto, se puede prever -lamentablemente- un alto nivel de abstencionismo que en nada ayudará a desarrollar nuestra democracia, que tanto se necesita. ¿Ustedes, qué opinan?
@BTU15