REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Confabulario

Encuentros prosaicos


Yurazzy

I. Voy a escribir sobre el lomo de tus mares para empezar a conocer la noche y saber que has desaparecido. Voy a volver a escribir desde otros lugares para mirar tu llanto que nunca flotó en la sal.

II. Quédate, como se queda silente el brillo del alba. Quédate, mira que la sangre ya no quiere brotar de mis heridas.

III. Voy a creer que esta sombra es pura y es clara, voy a inventar que no me duele cuando me asfixia.

IV. Cómeme soledad eterna, hazlo, solamente si puedes comerte a ti misma.

V. Quiero verte lluvia extensa, última noche, quiero beberte última boca, húmedo sexo, quiero matarte eterna espera, último sueño de vivir enamorada.

VI. Me voy a olvidar un día y una noche de quien soy, quiero escuchar durante 24 horas otros pensamientos dentro de esto que ya no quiero ser. Quiero vivir de otro modo que no sea siendo yo.

VII. Esto que me dices de ti aún no logro entenderlo del todo. En esta carta que he de enviarte coloco todo cuanto puedo confesar antes de llegar a traicionarme.

VIII. La luz emerge del cielo pero ya no puedo ver el cielo, apenas anoche ese azul interminable quiso arrancarme la lucidez de los ojos después de habérmela regalado.

IX. Cuando oscurezca voy a remar tan rápido como pueda hacia al otro extremo de este pueblo, voy a huir de esa mujer que me persigue sin descanso, quiero estar libre de ella, quiero olvidar que su rostro es el mismo que se refleja cuando me asomo al espejo.

X. Mis miedos se han atenuado pero no desaparecen. Quiero seguir sintiendo miedos, todavía no quiero hacerme morir.

XI. Dame alguna cosa que no tenga fin, dame los besos en forma de verso, toma tus manos y dame con ellas la mejor ventura que jamás creí. Es posible una vida sin recordar haber nacido para morir. No es posible para mí la muerte cuando imagino que tus ojos grandes y dulces caen sobre mi tierra como cae un extenso hilo de agua sobre los techos cuando amanece y hay lluvia, cuando amanece y hay vida.

XII. Apenas es de madrugada y yo ya con los ojos puestos sobre estas páginas, apenas me he convencido de querer ver otras cosas que no sean imaginarias.

XIII. Una sola palabra para quitarme el asombro, una sola prueba de que la realidad existe. Ya es tiempo de creer que a mis lapsos no los hace el reloj ni los divide el sol o la luna y que mis pasos no van al cielo ni al infierno.

XIV. El diluvio ha terminado y los poemas siguen escondidos bajo las hojas secas del cuaderno. Ven, ayúdame a ahuyentar todo lo que no se parezca a locuras porque de ese modo nunca podré describir ninguna historia verdadera.

XV. Si la cordura llega a invadir un día mi ser al cien por ciento, me anunciaré entonces una mujer completamente muerta.

XVI. No tengo por qué recordarte si tú has intentado hacerle un final a las calles cuando se cruzan los rostros a mitad del camino. Haré como si nosotras nunca hubiéramos construido juntas todas las constelaciones.

XVII. Está rota la blancura del silencio, advierte no volverse a aparecer nunca jamás. Alguien debe de ser culpable de ese crimen perfecto. Me han dejado sin hogar, sin techo, sin piso, estoy perdida entre las ruinas de este mundo cegador.


XVIII. Aún no sé si pueden terminarse todas estas cosas vulgares que imagino de ti. Si alguien pudiera darme la ubicación exacta de la procedencia de dichas cosas habría de ir justo ahora y dejaría ese lugar sin rastro de existencia. Quisiera saber que antes a otros les has sonreído aunque primero quisiera haberte conocido.

XIX. Hay un espacio no tan pequeño en mis ojos, pero tu empeño de vivir a la intemperie de la guerra y los ojos bala es mayor. Mi madre me dijo que podía darlo todo a quien yo quisiera pero que jamás rogara a mujeres ensordecidas del alma.


XX. No había conocido atardecer más enloquecedor que el que se forma en sus mejillas cuando decide mirar más allá de lo que toca. Logro contemplar una relación entre sus cabellos y el viento, sin dudarlo logra hacerle el amor con sus leves corrientes de aire, sin dudarlo quiero volver a nacer y ser viento para poder colarme entre sus espacios perfectos.

XXI. Veintitrés lunas he admirado sin mirar cielos nocturnos pues veintitrés noches he admirado magias mirando tu cuerpo al abrir y al cerrar mis ojos.

XXII. Escribo un final blanco donde la oscuridad que se posaba sobre mi pasó a ser parte de algún otro destino.