REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
22 | 11 | 2019
   

Para la memoria histórica - Encarte

Cervantes no solo escribió El Quijote


D.Juan Alcina Franch

Para la mayoría de aquellos millones y millones que admiran la figura de don Quijote, le es fácil imaginarlo como Cervantes. Esto es, el personaje y el autor se mezclan, se funden en una sola gran figura colosal. Pero hay algo más desconcertante que darle a don Quijote el rostro de Cervantes. Sus lectores suelen centrarse en la obra fundamental de las letras universales. Pocos piensan que fue un hombre de letras que escribió más libros y no se detuvo en las andanzas del caballero de la triste figura, tema igualmente tratado por cientos de artistas plásticos.
Las Novelas ejemplares, por ejemplo, han sido descuidadas, piensan que son obras menores junto a don Quijote, pero el resto de su quehacer literario tiene también la grandeza del trabajo principal de Cervantes. El siguiente es un texto que sirve para rescatarlas y mostrar que Cervantes no fue el autor de un gran libro sino de muchos más. Cada una de las llamadas novelas ejemplares encierra tanta profundidad y belleza como la tiene en abundancia el Quijote. Vayamos cada tanto al Quijote, pero no dejemos de lado su restante trabajo, es igualmente de una gran belleza.

El Búho.

Cervantes no solo escribió El Quijote
D. Juan Alcina Franch *


...pues yo he tenido osadía de dirigir estas
novelas al gran conde de Lemos, algún
misterio tienen escondido que las levanta.
CERVANTES

Trabajos y aspiraciones de Cervantes
No hacía demasiados años que Cervantes se había instalado en Madrid, cuando comenzó a dar en 1612 los primeros pasos para la publicación de sus Novelas ejemplares. Juan de la Cuesta, que tenía su imprenta en la calle de Atocha, no lejos de donde Cervantes vivía, las imprimió, como había hecho con el primer Quijote en 1605, por cuenta del librero Francisco de Robles. La colección apareció a finales de 1618.
La pequeña biografía de la publicación, minuciosamente reconstruida por los cervantistas, es extraordinariamente jugosa y reveladora. La significación misma del prólogo que puso al frente de la colección, da un sentido muy particular a lo que representó para Cervantes este intento de situarse ventajosamente en una vida que se le había mostrado adversa y especialmente dura hasta entonces.
Cervantes había conocido la fama con la publicación del Quijote, años antes. Sin duda, se propuso sacar desde entonces cierto provecho económico por lo menos, con la publicación de sus escritos que ahora van a menudear. Contrasta muy ostensiblemente la escasez de publicaciones anteriores al Quijote, con la intensidad con que aparecerán los restantes libros cervantinos después. ¿Intenta un nuevo acercamiento al bienestar y seguridad que nunca había conocido?
En el Viaje del Parnaso, Cervantes se había lamentado:

“en la cumbre de la varia rueda
jamás me puede ver solo un momento
pues, cuando subir quiero, se está queda.”

Cervantes sabía perfectamente cómo podía conseguir esa mínima seguridad económica. En el segundo Quijote, en el episodio de la imprenta de Barcelona, don Quijote pregunta a un escritor sobre su libro. Cervantes le hace contestar a este escritor: “...por mi cuenta no imprimo... Pues, ¿qué? ¿Quiere vuesa merced que se lo dé a un librero, que me dé por el privilegio tres maravedís, y aun piensa que me hace merced en dármela?” En el Persiles, afirma de manera concluyente que no deja lugar a dudas sobre sus opiniones al respecto, que “no hay ningún librero en Madrid que no quiera los privilegios de balde, o a lo menos por tan poco precio que no le luzca al autor del libro”
Cervantes hizo todas las diligencias, siempre poco gratas, para conseguir los privilegios que le autorizasen a imprimir y vender su libro en Castilla y Aragón durante diez años y va a procurar, por encima de sus propias opiniones, que el éxito de la obra quede asegurado. Sin embargo, Cervantes tuvo que venderlo todo al librero Francisco de Robles con quien estaba en deuda. Hizo la venta de sus privilegios “por precio y quantía de mil, y seiscientos reales, que ha pagado y pagó en reales de contado, y veinte y quatro cuerpos del dicho libro, que le ha entregado y entregó”.
Pérez Pastor, que dio a conocer puntualmente el documento de venta, supone que Francisco de Robles sólo le daría una parte de lo convenido y guardaría el resto para saldar viejas deudas. En su comentario del documento, concluye diciendo que “en el fondo se ve que el contrato es algo leonino” 1. “Quien no tiene buey ni vaca, toda la noche era, y a la mañana no tiene nada” dice el Refranero.

a) Los versos laudatorios
En la época es tradicional acompañar todo libro de una serie de composiciones laudatorias de amigos del autor. Este busca entre los escritores famosos por su saber o por su arte o entre los personajes notables en la vida de la corte quienes quieran responder con él de la bondad de lo que el libro ofrece. Salir a luz precedido de tal poética comitiva, significa respetar una costumbre y tener amigos que creen en los méritos de lo que se publica.
El desconocido autor del falso Quijote en su anticervantino y sangriento prólogo afirma: “Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes, y, por los años, tan mal contentadizo, que todo y todos le enfadan, y por ello está tan falto de amigos, que cuando quisiera adornar sus libros con sonetos campanudos, había de ahijarlos (como él dice) al preste Juan de las Indias o al emperador de Trapisonda, por no hallar título quizá en España que no se ofendiera de que tomara su nombre en la boca, con permitir tantos vayan los suyos en los principios de los libros del autor de quien murmura”. Sabido es que el autor de quien dice. Avellaneda que Cervantes murmura es Lope.
Cervantes eludió siempre tal convencionalismo, antes y después de sus Novelas ejemplares. Ni las dos partes del Quijote, ni sus Comedias y entremeses, ni el Viaje del Parnaso tienen más allá de un solitario epigrama latino del doctor Casante Rojas, porque como dice en el prólogo de sus Novelas, “pensar que dicen puntualmente la verdad los tales elogios es disparate, por no tener punto preciso ni determinado las alabanzas ni los vituperios”.
¿Era Cervantes orgulloso, sincero o mal contentadizo y solitario? ¿No tenía amigos o no quería prestarse a la farsa de las adulaciones convencionales? En el Viaje del Parnaso (1614) escribió su soneto “El autor a su pluma”, que, curiosamente, falta de algunos ejemplares de la edición príncipe, como si, según se ha dicho, “lo hubiera mandado suprimir” el propio Cervantes.
El soneto tiene una cierta nota de amargura en sus primeros versos:

Pues veis que no me han dado algún soneto
que ilustre deste libro la portada...

Más adelante, se mezclan el cansancio y el desengaño con un contenido orgullo y desprecio:

Haréis que excuse el temerario aprieto
de andar de una en otra encrucijada
mendigando alabanzas…

Sin embargo, en esta ocasión de 1612, Cervantes anduvo “mendigando alabanzas” y publica al frente de sus Novelas ejemplares, cuatro poemas laudatorios. ¿Por qué se decidió a obrar en esta ocasión como todos los escritores de su época? No se puede pensar en que haya cambiado su opinión sobre esta clase de composiciones porque en el mismo prólogo arremete contra esta clase de escritos. ¿Temis, entonces, seguir singularizándose como había hecho hasta entonces y seguirá haciendo después?
De cualquier manera, su cosecha tampoco fue ni numerosa ni excepcional. La primera composición es del marqués de Alcañices o Alcañizas, que más tarde fue gentilhombre de la Cámara de S. M. y montero mayor. El marqués aprovechó el elogio de Cervantes para elogiar al conde de Lemos, protector del autor. Una segunda composición es de Hernando Bermúdez de Carvajal, camarero del duque de Sessa, el conocido protector de Lope. Hay otra composición de un desconocido, Juan de Solís Mexia, del que nadie, ni el generoso Lope que en su Laurel de Apolo hace mención de tantas mediocridades, da noticia, y, por último, un soneto de don Fernando de Lodeña, conocido por sus sospechosos tratos con doña Magdalena, hermana de Cervantes, a quien dejó a deber trescientos ducados. Al referirse a este episodio, Pérez Pastor 2 apunta: “Por lo que toca a Cervantes, creemos que sería pagado con el soneto que dicho don Fernando hizo en su elogio al publicar las Novelas ejemplares”.

b) Un hombre en la encrucijada
Cervantes nació entre los que no han recibido nada y tienen que hacerse su vida. Lleno de confianza en sí mismo y de esperanzas en los caminos que la sociedad de su época le ofrecía, eligió el camino de las armas. “O Iglesia, o mar, o casa real”. La vida sigue sujeta a los medievales cauces del servicio. Cervantes, el Joven Cervantes que se batió en Lepanto y que siempre recordó con orgullo el haber estado presente en tal acontecimiento, estaba henchido de los entusiasmos de la España del emperador. Cuando regresó del cautiverio añadiendo nuevos méritos a los que ya trata de sus campañas, Cervantes se debió sentir satisfecho y vinculado estrechamente a la sociedad en que vivía. Visitó a Felipe II en Lisboa, cumplió una delicada misión en Marruecos... Es la época de la Galatea (1585), de sus encubiertos amores de los que le quedará su hija de su boda con doña Catalina Palacios en Esquivias.
Américo Castro 3, con otro fin, ha llamado la atención sobre la declaración que hizo don Luis de Vargas en el proceso que por difamación se siguió contra Lope de Vega (1587). Se trataba de identificar al autor de unos versos calumniosos y mortificantes contra Elena Osorio y su familia, Luis de Vargas declara —“experto en tales materias”, apostilla A. Castro—: “Este romance es del estilo de cuatro o cinco que solos lo podrán hacer; que podrá ser de Liñan, y no está aquí; y de Cervantes, y no está aquí; pues mío no es, puede ser de Vivar o de Lope de Vega”.
¿Opina así Luis de Vargas por el humor agrio de Cervantes o por su despreocupación de todo? ¿No es todavía Cervantes el hombre esperanzado que cree en la recompensa de los servicios y acepta la vida que le toca, y espera? Ese mismo año de 1587 había fijado su residencia en Sevilla. Se abre entonces un largo paréntesis de duro aprendizaje en el que no faltará nada: cárcel, hambre, calumnias, intento frustrado de pasar a Indias, todo.
Cuando regrese a la corte de nuevo, en Valladolid, primero y en Madrid después, traerá muy bien aprendida su lección. Se siente superior a sus contemporáneos porque sabe ver las cosas por dentro y por fuera. Se siente defraudado y se agría su carácter. Se ve distinto y trata de aproximarse a los demás, a lo que hacen los demás, ocupar un pequeño lugar entre todos los que viven la absurda vida de la época de Felipe III. El prólogo de sus Novelas parece mostrarnos el resultado de una honda crisis en la que su autor titubea entre dos caminos. Hay que hacer lo que todos hacen. Y, al mismo tiempo, piensa: “Pero, ¿merece la pena no mantenerse fiel al camino elegido?” Este prólogo parece lleno de titubeos más que de verdaderas contradicciones.

c) Balance de una vida
En el año 1613, en que se publican las Novelas ejemplares, Cervantes cumple los 66 años: muchos años ya para una vida nada fácil ni grata. Los enigmas que el prólogo ofrece parecen estrechamente ligados a la biografía personal de su autor, más que a su preceptiva de artista y creador de un género. Su “ostentosa moralización” como ha señalado A. Castro, tanto como su aceptación de los versos laudatorios, hay que unirlas a una claudicación personal y momentánea.
Toda la primera parte del prólogo parece el riguroso balance de una vida. Todo el primer párrafo está lleno de intimidad, del afán de hacer presente una existencia: su autorretrato extraordinariamente significativo, su bibliografía. No falta la nota de amarga ironía cuando alude a “otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá sin el nombre de su dueño”, que tanto ha dado que hacer a los cervantistas. No falta tampoco la alusión a la amistad: ese amigo que pudo escribir el prólogo, pero que no lo escribió, y que él trata de suplantar.

Clamorosa pretensión de moralizar
Se ha llamado la atención sobre el hecho de que una de sus primeras diligencias al disponerse a imprimir el libro fue la de conseguir el privilegio del ordinario. En la época era inexcusable la censura del Consejo Real. La censura del vicario general de la diócesis solía faltar con mucha frecuencia. Sin embargo, “por razones que ignoramos” —subraya Amezúa—, Cervantes se dirigió primero al vicario general del arzobispado de Toledo, en 2 de julio de 1612.
La obra aparece titulada en los privilegios y en toda la documentación como Novelas exemplares de honestíssimo entretenimiento. La coletilla que alarga el título es eliminada en su forma definitiva, como es bien sabido. ¿Simple corrección de estilo? En los párrafos segundo y siguientes del prólogo se entrelazan hábilmente dos tipos de argumentación: uno sirve para afirmar la esencialidad del arte cervantino y la defensa del placer honesto, el otro para insistir hasta la exageración en la moralidad de la mercancía que ofrece.
Todos los lectores de las Novelas ejemplares han sentido siempre la total contradicción entre el título y el contenido de la colección que si no es precisamente inmoral, en muchas ocasiones está lejos de responder al tipo de moralización que anuncia. Las doce novelitas, a pesar de su título, se desentienden de la pretensión docente que el título parece exigir.
A esta contradicción hay que añadir el pormenor de sus observaciones. En primer lugar insiste en que “los requiebros amorosos que en algunas hallarás son tan honestos y tan meditados con la razón y discurso cristiano, que no podrán mover a mal pensamiento al descuidado o cuidadoso que los leyere”.
Después, pasa a justificar el título de «ejemplares» que les da a las novelas —“no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso”— y lamenta no poder, por falta de tiempo, puntualizar la naturaleza de esas ejemplaridades. Cervantes presiente que el lector no va a entender esa ejemplaridad. ¿A qué Clase de provechos alude, pues, Cervantes? ¿No serán de otra clase y su ejemplaridad no tendrá nada que ver con la moralidad al uso?
Todavía insiste una vez más: “Una cosa me atreveré a decirte: que si por algún modo alcanzara que la lección de estas novelas pudiera inducir a quien las leyera a algún mal deseo o pensamiento, antes me cortara la mano con que las escribí que sacarlas en público”. Y para reforzar la sinceridad de su confesión concluye: “Mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que el cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por mano”, ¿Es permitido suponer que Cervantes se ha burlado en otra ocasión de la otra vida?, ¿que Cervantes teme que no le tomen demasiado en serio y le malentiendan?

a) Orgullo creado
En toda esta ostenta moralizante parece salir al paso de lo que puedan decir los “más de cuatro sutiles y almidonados” y suena a un forzado añadido. Toman un carácter muy distinto la afirmación de su originalidad y la justificación de su arte. “Mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos donde cada uno pueda llegar a entretenerse sin daño de barras...”. Y más adelante: “...horas hay de recreación, donde el afligido espíritu descanse”.
Cervantes lo entendió así siempre con una radical y singular sinceridad: “A esto me aplicó mi ingenio, por aquí me lleva mi inclinación”. Con la seguridad de su arte “se atreve a salir con tantas invenciones en la plaza del mundo a los ojos de las gentes”. Porque, efectivamente, como él confiesa “yo soy el primero que he novelado en lengua castellana; que las muchas novelas que en ella andan impresas, todas son traducidas de lenguas extranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas”.

b) La generación de Lepanto
Uno de los momentos más brillantes de la historia de nuestra literatura lo constituye la aparición de la generación de Lope y Góngora que comienza a dar señales de existencia precisamente hacia 1580 cuando Cervantes, ya no precisamente joven, vuelve del cautiverio. Son gentes sin titubeos, ni dudas, que eligen certeramente su camino.
La generación de Cervantes, la de los hombres que pudieron estar o estuvieron en Lepanto, es, en gran manera, una generación perdida que tuvo que luchar para adaptarse y en muchos casos no llegó a adaptarse nunca. Fue característicamente una generación de narradores, descubridores de nuevos géneros y maneras de contar vidas ajenas y propias, encaradas con personalísimo talante por cada uno de sus miembros: el jocundo Espinel, el amargo y caviloso Mateo Alemán.
En el momento en que aparecen las Novelas ejemplares, se ha producido ya la consagración de los jóvenes de 1585. Desde 1600 la nueva juventud o sigue a Lope o sigue a Góngora: amargura envidiosa de Lope, satisfacción aristocrática de don Luis. La generación de Lope y Góngora fue la culminación de profundas corrientes que venían desde mucho atrás llenas de medievalismo en Lope, de sabiduría greco-latina en Góngora. Sus innovaciones son, en gran parte, renovaciones técnicas; a nivel popular o aristocrático la obra artística es ante todo una manera de hacer, la singularización del ingenio sobre un fondo ideológico común.
Los miembros de la generación cervantina que van a crear sus grandes obras ya llegados a la madurez, con sus cincuenta años a cuestas y una biografía ingrata, quizá equivocada, que les fue impuesta en gran parte, van a sublimar y dar categoría artística a la narración en prosa, género sin antecedentes clásicos y admitido hasta entonces como algo subalterno e inferior. La narración va a ser el cauce que les permita verter una visión personal e independiente de la vida y, en definitiva, el instrumento más moderno y actual de todas las formas de literatura de la época de Felipe III.

c) Géneros narrativos del XVI
A la hora de trazar un panorama de la narración en el tiempo de Cervantes, parecen enmarañarse tendencias formales e incitaciones varias que buscan satisfacerse por formas distintas y delimitadas, unas veces, o confundidas en una misma arquitectura formal, otras.
Hay que tomar en cuenta el arte narrativo de los libros de caballerías que conocieron su momento de apogeo creador en la época del emperador y que todavía continúan reeditándose a lo largo de toda la vida de Cervantes. En mayor medida, hay que contar también con la genial invención de los libros de pastores que es, con mucho, una ampliación de las posibilidades de la pastoral poética, y con las narraciones de todo tipo recogidas en misceláneas en que se amontonan anécdotas, cuentecillos, curiosidades de todo tipo, apotegmas, y refranes. Todo este último variado género de literatura va destinado a saciar la curiosidad por la vida en torno que se despierta desde el Renacimiento y a proveer, en cierta manera, de un arsenal de recursos para llenar el ocio de las reuniones.
A esta última parte hay que añadir ese mal conocido fondo de cuento popular que adivinamos en alguna de estas colecciones y que había encontrado ya segura salida en el tablado con los pasos de Lope de Rueda y los entremeses que le siguieron.
Lucas Gracián Dantisco, en el prólogo de su adaptación del Galateo de Messer Giovanni della Casa en El Galateo español (1599), se refiere a estas reuniones, aconsejando sobre las maneras y propósitos del cuentista hasta llegar a minuciosidades como ésta “Debe también el que acaba de contar cualquier cuento o novela como ésta, aunque sepa muchas y le oigan de buena gana, dar lugar a que cada cual diga la suya, y no enviciarse tanto en esto que le tengan por pesado o importuno; no convidando siempre a decillas, pues principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso”.
Es, a no dudarlo, en este tipo de narraciones volanderas donde hay que encontrar una de las raíces del realismo que la picaresca y la mejor novela cervantina erigen como fundamento de sus narraciones.

d) El ejemplo italiano
Ya desde la Edad Media, Italia ofrece un género constituido del que Boccaccio es indiscutible creador con su Decamerón 4. Aunque su obra está ya traducida a comienzos del siglo XV y con la imprenta conoció varias ediciones hasta que fue prohibida por el índice de Valdés de 1559, es sorprendente comprobar, como ha hecho observar la erudición, que no comenzará a influir en nuestra literatura claramente hasta después de Cervantes, al que Tirso llamó “el Boccaccio español” aunque nunca imitó directamente al italiano 5.
Sin embargo, la presencia de los cuentistas italianos es patente en los últimos años del siglo XVI 6 y el presagio de la aparición de la narración cervantina es adivinada ya por Luis Gaytán de Vozmediano, traductor de Giraldo Cinthio (1590), que en el prólogo subraya expresivamente: “Ya que hasta ahora se ha usado poco en España este género de libros, por no haber comenzado a traducir los de Italia y Francia, no sólo no habrá de aquí adelante quien por su gusto los traduzca, pero será por ventura parte al ver que se estima esto tanto en los extranjeros, para que los naturales hagan lo que nunca han hecho, que es componer novela, cual entendido, harán mejor que todos ellos, y más en tal venturosa edad cual la presente”

e) El cuento y la anécdota en España
La cita de Gracián nos informa de la novedad hacia 1590 del género que traducía, cuyas posibilidades presentía y, al mismo tiempo, de lo distinto que era cuanto en el género narrativo cultivaban les españoles.
De alguna manera hay que tomar en cuenta las colecciones de apotegmas, máximas y curiosidades de que la literatura del siglo XVI ofrece una larga bibliografía 7. Lope de Vega en el prólogo a su novela Las fortunas de Diana, sin duda con el ánimo de mortificar a Cervantes, dice sobre la novela como género: “Pero hablan de escribirlos hombres científicos, o por lo menos grandes cortesanos, gente que halla en los desengaños notables sentencias y aforismos”.
Con la paremiología enlaza la Sobremesa y alivio de caminantes (1563), de Juan de Timoneda, el librero valenciano que advierte el interés por la narración que se despierta en la gente de su tiempo. Subraya, acreditando el contenido de su libro, que recoge “apacibles y graciosos cuentos, dichos muy facetos y exemplos acutísimos para saberlos contar en esta buena vida”. Algunos de esos cuentos son resumen de El Decamerón o de escritores Italianos. Otros son explicaciones de refranes del tipo “Por qué se dijo: perdices me manda rol madre que coma” Cuento XL, 2ª parte). En alguna edición aparecen unos doce cuentos más, nacionales, de un Juan Aragonés del que nada se sabe.
Al año siguiente, publicó El buen aviso y portacuentos (1564), su colección más importante de fuentes tan variadas que Menéndez Pelayo puede afirmar que “recorriendo una por una las patrañas puede hacerse en tan corto espacio un curso completo de novelística”. —61 en la primera parte con moraleja en verso y 104 en la segunda— y un poco después el Patrañuelo (1566), su colección más importante de fuentes tan variadas que Menéndez Pelayo puede afirmar que “recorriendo una por una las patrañas de hacerse en tan corto espacio un curso completo de novelística.
Timoneda justifica el título de patrañas que da a sus narraciones, al paso que reafirma la intención de su publicación: “Y así, semejantes marañas las intitula mi lengua natural valenciana Rondallas, y la toscana novelas, que quiere decir: Tú, trabajador, pues no velas, yo te desvelaré con algunos graciosos y asesados cuentos, con tal que los sepas contar como aquí van relatados, para que no pierdan aquel asiento, y lustre y gracia con que fueron compuestos”.
Al lado, y anterior en el tiempo, hay que situar las colecciones de anécdotas 8 y las narraciones de El scholástico, de Villalón o la reimpresión del Conde Lucanor (1575) y otras colecciones de cuentos.

f) La narración como moralidad
La salvación del naciente género hay que fijarla en sus posibilidades de ejemplificación y en el decoro de la expresión. Dentro de la costumbre de contar hechos para cubrir los ocios de una reunión, Gracián Dantisco recomienda “procure el gentilhombre que se pone a contar algún cuento o fábula, que sea tal que no tenga palabras deshonestas, ni cosas sucias, ni tan puercas que puedan causar asco a quien las oye, pues se pueden decir por rodeos y términos limpios y honestos, sin nombrar claramente cosas semejantes; especialmente si en el auditorio hubiese mujeres, porque allí se debe tener más tiento, y ser la maraña de tal cuento clara, y con tal artificio que vaya cebando el gusto hasta que con el remate y paradero de la novela queden satisfechos sin duda. Y tales pueden ser las novelas y cuentos que allende del entretenimiento y gusto saquen dellas buenos ejemplos y moralidades: como hacían los antiguos fabuladores, que tan artificiosamente hablaron (como leemos en sus obras) y a su imitación debe procurar el que cuenta las fábulas y consejas a otro, cualquier razonamiento, de ir hablando sin repetir muchas veces una misma palabra sin necesidad (que es lo que llaman bordón) y mientras pudiera, no confundir los oyentes, ni trabajalles la memoria, excusando toda oscuridad, especialmente de muchos nombres”
Dantisco encierra en este párrafo un minucioso arte de novelar. El propósito de moralización que destaca, sin embargo, no era seguido siempre. Muy cerca ya de las Novelas ejemplares cervantinas apareció el libro de Gaspar Lucas de Hidalgo, Diálogos de apacible entretenimiento (Barcelona, 1605), cuya aprobación del propio Dantisco está fechada en 1603, donde la preocupación moralizadora no parece haber dominado extraordinariamente a su autor. El éxito de la obra está atestiguado por el número de sus ediciones. Menéndez Pelayo señala hasta ocho ediciones, por lo menos, entre 1606 y 1618. ¿Pudo pensar Cervantes al insistir en la moralidad de sus escritos en la obra desenfadada de Lucas de Hidalgo?

g) La vida como laberinto
Una vertiente de los géneros narrativos menores va, según se ha visto, hacia lo directo e indirecto de la vida y lleva, en consecuencia, en su fondo, el mundo de partida de todos los realismos, junto a ésta hay que situar otra que dispara, tanto a su autor como al público que gusta de estas narraciones, hacia la aventura y peripecia que enreda la maraña de unas vidas lineales y esquemáticas.
Los tipos humanos cuyas vidas se nos cuenta son ejemplares de una misma idea, realizaciones de una misma superior visión del hombre henchida de un solo y único afán de perfección, movidos por pasiones sublimes. Estos personajes, perdidos en el laberinto de sus vidas, enfrentados con la fortuna no siempre favorable, se estilizan movidos por un mundo ideológico concreto y bien delimitado: el amor, el honor…
Esta manera de entender la narración corta, cuenta antes de alcanzar la amplitud y hondura que conseguirá con Cervantes, con piezas maestras ya desde mediados del siglo XVI como la difundida historia de la hermosa Jarifa popularizada en las múltiples ediciones de la Diana de Montemayor 9.
Cervantes sabrá en este género trasladar el énfasis e interés hacia los personajes mismos cuya caracterización matizará, aunque no llegue nunca a abandonar el encanto de la peripecia, el juego azaroso de la casualidad dando carriles a la vida de las gentes.
En la literatura del siglo XVI, además de la historia de Jarifa, se conocen las contenidas en el manuscrito de finales del XVI de Gómez Moreno y en el de Rodríguez Moñino de finales del segundo tercio que recogen composiciones en verso con introducciones moralizadoras.

Las Novelas ejemplares
a) Cronología de las «Novelas ejemplares»
Dentro de este arte hay que considerar algunas de las narraciones de los libros de pastores y concretamente los episodios de Lisandro y Leonida y de Timbrio y Silerio de La Galatea o las historias contenidas en el Guzmán de Alfarache.
Los eruditos no han llegado a fijar ni aproximadamente la cronología de las Novelas ejemplares. Un único dato de bulto nos lo proporciona el códice de Porras de la Cámara que lleva al límite de 1604 El celoso extremeño y Rinconete y Cortadillo. En 1600 se incorpora al arzobispado de Sevilla el cardenal don Fernando Niño de Guevara. Francisco Porras de la Cámara, racionero de la catedral de Sevilla, para entretenerle, recogió con el titulo de Compilación de curiosidades españolas, sucesos fabulosos, narraciones de todo tipo y entre ellas, las dos novelitas cervantinas y La tía fingida que se ha atribuido a Cervantes.
Este dato nos sitúa en Sevilla y en la época misma de la creación del Quijote que, por otra parte, da entrada a la Historia del cautivo y El curioso impertinente, del mismo interés y carácter que las piezas de la colección que nos ocupa, o a esos años no demasiado claros de la biografía de Cervantes entre 1600 y 1604.
No faltan, sin embargo, críticos como Buchanan que fijan un límite estricto desde 1603 a 1612, a todas luces insostenible. De cualquier manera no pasa de hipótesis la fechación que nos brindan los eruditos.

b) Clasificación de las Novelas ejemplases
La mayor parte de los críticos que se han ocupado de las Novelas ejemplares se han sentido tentados por un pueril afán de clasificar la colección. Mientras para Buchanan el orden con que nos son ofrecidas las novelas corresponde al orden cronológico en que fueron escritas, para J. Casalduero el orden mismo corresponde a una intención que trasciende del pensamiento expuesto y le permite clasificarlas como novelas de amor, novelas de matrimonio y novelas en que amor y matrimonio son anteriores a la narración o quedan relegados a un mero episodio.
En las diversas clasificaciones debidas a Pellicer, Arrieta, Orellana, Savi-López y otros, se mezclan criterios varios, se adoptan puntos de vista contrapuestos y no añaden en definitiva ninguna observación esclarecedora para la interpretación de estas novelas. Más evidente es la interpretación de Ortega que señala la doble y distinta intención con que emprende su narración. Mientras unas como Rinconete o El celoso están dominadas por su claro sentimiento de la realidad, en El amante liberal o La española inglesa, el autor destaca la peripecia arriesgada y laberíntica en que la vida de sus protagonistas se sumerge.
Amezúa propone una distinción de épocas. Una primera época se caracterizaba por la indudable influencia italiana. En una segunda época de transición, Cervantes “se adentra en el estudio de las almas y las observa y analiza”. Una tercera época por último, nos mostraba al Cervantes sagaz observador de la vida. Cervantes es entonces ya “el novelista moderno, a lo Balzac, a lo Daudet o Pérez Galdós, escritor realista”.
De cualquier manera, son evidentes las diferencias de las novelas recogidas en esta colección que corresponden a su visión idealizada y sublimada de conceptos fundamentales de la vida en su época, en unos casos, sentidos con mayor o menor sinceridad, pero siempre con un nostálgico cariño o a su visión desnuda y amplia de lo que la vida en definitiva es por encima de concepciones y elucubraciones.
No cabe duda que este último Cervantes es el que tenemos más próximo por la enorme humanidad con que se enfrenta con sus criaturas, y su sincera comprensión.

e) Originalidad cervantina
El término novela aparece documentado en castellano desde mediados del siglo XV como sinónimo de conseja. En el momento en que la emplea Cervantes para titular su colección, el italianismo está fijándose por influjo de los novellieri italianos. Sin embargo, Cervantes va a ofrecer bastante más de lo que justificaba el nombre del género. Las novelas cervantinas que no son evidentemente lo que se entendía en su tiempo con la palabra cuento, son ya también mucho más de lo que los italianos ofrecían con el nombre de novella.
Se impone al lector de las novelas cervantinas, en coincidencia con la crítica, la evidente distinción entre novelas de tendencia idealizante, que son las más, y novelas de corte realista difíciles de reducir a un común denominador. En todas, tanto en las idealizantes como en las de tendencia realista, las innovaciones son constantes.
Los argumentos de todas sus novelas no son tan estrictos como entre los italianos y de varias maneras la línea narrativa se ensancha y enriquece. Ambiente y diálogo van a ser sus aportaciones más significativas. De manera creciente, el diálogo se libera del carácter de sucesión de parlamentos que es bien ostensible en la mayor parte de sus novelas, hasta llegar a la soltura que alcanza en Rinconete o en El celoso extremeño.
De la misma manera, la captación de ambientes y descripción de escenarios va tomando mayor interés. Novelas italianizantes por su concepción como La fuerza de la sangre o Las dos doncellas ofrecen ejemplos acabados de reconstrucción realista. La ilustre fregona ahoga la intención idealista de la obra con la maravillosa captación del ambiente del mesón del Sevillano.
Cervantes se tuvo a sí mismo como gran fabulador. En la concepción de sus argumentos va a saber añadir una coherencia interna no frecuente. Aunque no falta lo fortuito, sobre todo en las narraciones idealizantes, incluso en éstas, los hechos se traban cuidadosamente preparados hasta llegar a la riqueza de transiciones y matices que se pueden observar en El celoso extremeño.
En el mismo sentido hay que valorar la individualización de personajes que se consigue principalmente en los personajes observados y realistas. Se ha hablado de nacionalización de temas y personajes. No parece válido este comentario cuando Cervantes plantea la exaltación del amor-honor en un plano casi polémico y concibe sus figuras como arquetipos ejemplares. Hay observación de la vida o simple divagación novelesca para describir actitudes especialmente al novelista.
Las Novelas ejemplares de Cervantes al lado del Quijote y los Entremeses constituyen uno de los pilares más sólidos todavía de nuestra literatura del siglo de oro.

* Estudio preliminar de D. Juan Alcina Franch en Novelas ejemplares. Miguel de Cervantes. Editorial Bruguera, S. A. Barcelona, España. 1976.

NOTAS
1 C. Pérez Pastor, Documentos cervantinos hasta ahora inéditos (Madrid, 1897-1902), 2 volúmenes.
2 Ob. cit., vol. II. pág. 431.
3 A. Castro, Semblanza y estudio españoles. (Princeton. 1956), pág. 306.
4 Para corroborar con esta afirmación, confróntese el estudio preliminar a El Decamerón, editado en esta misma colección.
5 Manuscrito de El Escorial, de letra de mediados del siglo XV; “Este libro es de las ciento novelas que compuso Juan Bocacio de Cerçaido”. Sólo contiene cincuenta. La selección no ha tomado en cuenta la mayor o menor moralidad de los cuentos.
Primer Impreso: Sevilla, 1496. Misa Bourland ha demostrado que esta edición está muy emparentada con el manuscrito de El Escorial para las novelas comunes. Hay ediciones de Toledo, 1524; Valladolid 1539; Medina del Campo, 1543; Valladolid, 1550. Se prohíbe en el índice de Paulo IV, de enero de 1559, y en el de Valdés, del mismo año.
6 La Zucca del Doni (Venecia, 1551). No hay nombre del traductor.
Horas de recreación recogidas por Ludovico Guicciardino (…) en que se hallarán dichos, hechos y exemplos de personas señaladas con aplicación de diversas fábulas de que se puede sacar mucha doctrina (Bilbao, 1586).
Historias trágicas ejemplares sacadas de las obras del Bandello Veronés. Nuevamente traducidas de las que en lengua francesa adornaron Pierres Bouisfau y Francisco de Belleforest (Salamanca, 1589). Contiene catorce historias.
Primera parte de las Cien Novelas de M. Juan Baptista Giraldo Cinthaii donde se hallarán varios discursos de entretenimiento, doctrina moral y política, y sentencias y avisos notables. Traducidas de su lengua toscana por Luya Gaytán de Vozmediano (Toledo, 1590).
Primera y segunda parte del honesto y agradable entretenimiento de damas y galanes, compuesto por Iván Francisco Carvacho, caballero napolitano, traducido de lengua toscana en la nuestra vulgar, por Francisco Truchado, venino de la ciudad de Baeça (Madrid, 1598).
Historias prodigiosas y maravillosas de diversos sucesos acaecidos en el mundo. Escritas en lengua francesa por Pedro Bouistau, Claudio Tesserat y Francisco de Belleforest. Traducidos en romance castellano por Andrea Pescionoi, vecino de Sevilla (Medina del Campo, 1586)
7 Apothegmas del excelentísimo filósofo y orador Plutarco Cheroneo, maestro del emperador Trajano, traducción de Diego Gracián (Alcalá, 1533).
Pero Mexía, Silva de varia lección (1540). Dice en el prólogo:
“Quise dar estas vigilias a los que no entienden los libros latinos”.
Vida y excelentes dichos de los más sabios philosophos que hubo en este mundo, de Hernando Díaz (Sevilla, 1520).
Apotegmas de Erasmo, traducción de Francisco Thamara, catedrático de Cádiz (Sevilla, 1548).
Libro de los dichos y hechos del rey don Alonso, traducción de Juan de Molina (Valencia, 1527).
Hazañas valerosas y dichos discretos de don Pedro Manrique de Lara, MHE, (Madrid, 1853), VI págs. 121-146.
Juan Rufo, Las seyscientas apotegmas (Toledo 1596).
Las quinientas apotegmas, de don Luis Rufo (Madrid, 1882).
8 Liber facetiarum et similltudinum Ludovici di Pinedo amicorum. Se supone formado en los primeros años del reinado de Felipe II. Se refiere a personajes de la época de los Reyes Católicos y el emperador.
Cuentos de Garibay, editado por Paz y Melia en Sales españolas, tomo II, págs. 35-69. En su mayor parte pasaron a la Floresta española de Melchor de Santa Cruz (Toledo, 1576).
Cuentos que notó don Juan de Arguijo, editado por Paz y Melia Sales del ingenio español, tomo II, págs. 91-211.
Silva curiosa, de Julián de Medrano (París, 1583).
Ambrosio de Salazar, Las clavellinas de recreación (Ruan, 1614).
Fabulario en que se contienen fábulas y cuentos diferentes, algunos nuevos parte sacados de otras autores, por Sebastián Mey (Valencia, 1613).
9 Hay ediciones de G. le Strange (Cambridge, 1924); de Millás Vallicrosa (Barcelona, 1947); de Adams and Starck (Nueva York l947); de López Estrada, Anales de la Universidad Hispalense, 19 (1959).