REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
05 | 12 | 2019
   

Letras, libros y revistas

Entre el amor y el tiempo y los tiempos del amor Prólogo a Inmutable


Roberto López Moreno

¿De quién es la poesía que nos deslumbra? ¿De Jorge Hernández o de su otro yo? En todo caso me gustaría ver el asunto así: dos energías que se suman para crear la chispa. Una y otra vez, a cada vuelta de verso me encuentro con la inevitable cantidad hechizada de Lezama, sumas de las contradicciones que surgen, se acumulan, para dar el salto. Contradicciones sí y no, se trata del tiempo desdoblado del que la tinta -en el caso de Hernández, el poeta- nos da debido testimonio.
Por estar en el centro de ese tiempo desdoblado es que Jorge Hernández nos pone en los umbrales de lo fidedigno, con sus cuatro ángulos de dónde asirnos o más bien, en dónde ovillarnos para otear los infinitos. Suma somos, zumo, y la crónica se denomina en este caso como adhesión inmutable que nos lleva a comparecer con el juego mutante de somos y no somos que al sumarnos materia y su energía nos convierte en la misma sustancia sorprendida pero inquilina de la más lóngita curva de la espiral o sea, que estamos en la memoria del juego, en nuestra presente y real memoria, en el juego.
¿Quién responde por mi otro yo? Yo; y me enfrenta y me vence y me impone en la electricidad de la curva. Se acerca a mi oído y me dice que mi Yo es una de las manifestaciones de la física ondulatoria que antecedió a mi nacimiento y que me está esperando en la otra curva, vegetal que aguarda para que el ábrara, nos siga dando cuna y lo demás.
Regreso al libro aunque en ningún momento he salido de él. Lo que tengo frente a mis ojos es el vals dispuesto para que lo bailemos todos, “el tú, el yo, el amigo Dios desgarrando horas” y entonces el amor sea la muerte y viceversa. “Somos un cuerpo que no tiene sombra”, pero cuánta sombra hay en nuestro cuerpo para podernos afirmar en que la luz existe.
Este es un libro de intenso amor, en el que como mandan los cánones, la primera energía avanza a ser la otra para empezar siendo ella. Ah, la fusión; retroalimentándose para que el dos matemático se sustancie uno, principio del latido, el breve punto que alumbra el orbe. Entonces Jorge Hernández da con el metro adecuado que las galaxias acomodaron en el metro de la entraña, una constante que sólo puede expresarse, Jorge Hernández lo hace, desde la verdad que la poesía desde los fondos fragua, metro veraz que inventó la palabra amor para que la tinta la repita y de nuevo la energía esté reunida, la de la materia y la de su halo.
Surge la frase que siempre había estado ahí: “mis logros son tus logros, soy la suma de la sombra de tu apoyo”. El tiempo se mete en el tiempo y en tiempo habrá de convertirnos, desde los tiempos de su tiempo y para el tiempo de los tiempos y Jorge Hernández nos lo dice como si lo supiera ciertamente, y lo sabe porque es poeta.
Qué poesía tan honda, tan única, tan ella la de Jorge Hernández. Afortunados sus lectores porque de ellos será el reino de los verbos. Hacía tiempo que no leía un libro de poesía como éste, un libro con las manos aladas. En verdad ¡Qué gran libro! Mientras la trayectoria (las trayectorias) de Ángel y demonio esculpe la hoja, nos vamos quedando pequeños ante él, pero estoy seguro de que esa será finalmente nuestra grandeza, libro de amor en todo trance que es éste, así, veraz a versos.
Podría definirlo como la espiral que me alegra la pupila en fucilares de júbilo al mismo tiempo que la hiere profundamente (también la luz hiende). Porque esto es la poesía, esto es a lo que finalmente la poesía le llama la Vida. Abro el libro, unidad de papel, tinta y milagros. Vida. ¡Ha nacido!, nuevamente… Jorge Hernández, y sus lectores, y yo, estamos naciendo en el desdoblamiento de su tiempo.