REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
16 | 10 | 2019
   

Arca de Noé

Gloria, ocaso y extinción del derecho vampiro


Héctor Nezahualcóyotl Luna Ruiz

Continuamos con la relación y erudita exposición del doctor Bela Tepes, honra y prez de los abogados vampiros, mientras discernía estos y otros sabrosos temas en senda conferencia que terminó en las primeras horas del amanecer

Derecho Hematófago del Trabajo.
Dedicado a Paty Lemus y a Lalo Marbán

El doctor Bela Tepes suspiraba nostálgico cuando recordaba a su gran maestro, el brasileño doctor Ezra Sugapescoco, vaca sagrada experto en Derecho Laboral Hematófago y presidente vitalicio de las Juntas Laborales de Río de Janeiro de 1917-1999, hasta que (¡cómo sería de corrupto!) lo destituyó el presidente Collor de Mello, asqueado de la podredumbre que rezumaban las autoridades laborales brasileñas. Tepes siempre se consideró vil chalán de su querido maestro y, como tal, asume sus planteamientos y filosofía jurídica y de la media vida al pie de la letra, lo que le ganó inmediatas simpatías en el medio universitario. Conocidas fueron las francachelas y “sentidos homenajes” que en forma de edición de artículos hechos libros y sus correspondientes cocteles o simples “orgifiestas” organizó en honor del chupasangre carioca cuando era director de la Facultad de Derecho Hematófago de la Universidad de Budapest. Citó febrilmente el voraz y encajoso ladri… tratado “Direito do Trabalho Vampiro” de su héroe y “partner”, comentando y retomando de su maestro el concepto de “trabajador vampiro”: “Trabajador vampiro es la persona física-etérea que presta a otra, física-etérea o moral vampira, un trabajo personal subordinado”. La precisión “física-etérea” obedece a la capacidad de los vampiros de aparecer y desaparecer, siendo de importancia que el patrón sepa previamente que contrata a un trabajador vampiro y que a éste lo contrata un patrón vampiro. “Lógico”, apunta Tepes con su incisiva y pedante autosuficiencia de siempre, “si el patrón vampiro alega desconocimiento de esta categoría… ¿Cómo puede comprometerse, por ejemplo, a custodiar el ataúd? Y viceversa, si el patrón vampiro no se descubre como tal, el trabajador vampiro no puede exigir diversas prerrogativas que la ley laboral hematófaga dispone para su protección”. Si un patrón simple, no vampiro, contrata a un trabajador vampiro sin que éste se tome la molestia de aclararlo, no procede la rescisión a favor del patrón por la sencilla razón de que “ser vampiro” no se incluye como causal de rescisión en las diversas fracciones del artículo 47 de la Ley Federal del Trabajo. Debe presumir en todo caso “pérdida de confianza” e indemnizarlo en términos de Ley, por ocultar información de importancia. Ahora bien, si tratándose de una solicitud de rescisión patronal por ocultamiento de identidad, esto es, que el trabajador vampiro tenga entendido que su patrón no sabe que lo es, pero llega a descubrir collares de ajos y otros aditamentos como crucifijos en el domicilio laboral, puede presumir dolo y mala fe en su contra y procede de inmediato la rescisión a favor del trabajador vampiro. En derecho laboral vampiro, toda identidad debe aclararse en favor del trabajador vampiro. La notificación también fue un tema de interés para el doctor Bela Tepes, quien primero precisó: “¿Cuál es el domicilio de un vampiro? ¿Su castillo o su ataúd?”. Y después de un sesudo análisis del por qué debe considerarse domicilio básico el ataúd, toda vez que, como refiere el viejo principio de derecho hematófago “para encontrar un vampiro no debes encontrar su casa, sino su ataúd”, determinó que, en caso de una notificación civil-laboral, ésta debe pegarse en el mismo ataúd, una vez que se le requirió tres veces, debiendo hacer constar por dos testigos que “se negó a despertar y a recibir la notificación”, con lo que se considera legalmente hecha. De igual manera, si un patrón (vampiro o no) desea contratar a un trabajador vampiro para trabajar en su país, residiendo el trabajador vampiro en otra nación, debe proporcionarle el pasaje y flete consistente en los gastos de transporte de su ataúd, y la compraventa o renta de un castillo, que podrá tener las dimensiones desde un castillo clásico hasta las de una ostentosa cripta del panteón de San Fernando. Si el patrón es vampiro, dice la Jurisprudencia vampira, entonces una de las obligaciones patronales consiste en proveer de sangre mediante suministro directo (contratación de personal para chupar sangre o, como se verá, conservación y refrigeración de restos humanos) e indirecto (mediante bolsas y pomos con hemoglobina).

Al igual que en el Derecho Humano, el Derecho Vampiro del Trabajo es manejado procesalmente por una bola de sinvergüenzas, cinturitas, corruptos, aprovechados y avorazados sujetos, que deciden desde el ámbito administrativo, no judicial, los derechos de los trabajadores hematófagos. Cuando se les pregunta a los juristas vampiros honestos cuándo se va a poner orden en esa ridícula y absurda situación, no pueden dejar de mencionar lo mismo que algunos abogados laboralistas, con la sonrisa a flor de labio, los dientes afilados y un hilillo de sangre en las comisuras: “¿PARA QUÉ?”.

Derecho Constitucional Vampiro

Uno de los más caros derechos humanos fue reconocido y concedido muy tardíamente en los sistemas jurídicos vampiros, y su tardanza se debió precisamente a que no se trataba de derechos vampiros, sino humanos: la personalidad jurídica humana. Fue hasta 1993, año en que se aprobó la enmienda al artículo 77° de la Constitución Vampira de Transilvania, en que la Comisión de Puntos Constitucionales de la Duma Vampira pudo expedir el proyecto de norma, después de tres días en vela, 50 litros de sangre gitana, 20 botellas de vodka y 18 condones, la tarde del 21 de junio. Hasta esa fecha era lícito celebrar contratos no sólo sobre derechos y relaciones jurídicas de los humanos, sino sobre partes del cuerpo humano, litros y hasta toneladas de sangre humana. Considerado siempre como proveedor primordial de alimento, el ser humano fue considerado poco menos que ganado por el Derecho Vampiro. Dejar tres cuerpos congelados en prenda a cambio de cinco mil pesos era de lo más común, e igualmente común suponía que el prendario (en el Monte de Piedad Rumano, claro) vendiese la boleta de empeño al primer coyote que le ofreciera una bicoca de oferta. Si el objeto era lícito, entonces todo acto jurídico realizado al respecto era permitido y así se podía garantizar una fianza con un garrafón de cinco galones de sangre; contratar una compraventa de una tonelada de corazones humanos; protocolizar la donación de 30 brazos frescos y cargados a los hospicios de niños vampiros huérfanos; etc. Para modificar esta injusta legislación contra la especie humana, el legislador vampiro obró con el mismo desdén con que se trató a los seres humanos: el artículo 77° mencionado disponía facultades a la Duma vampira para intervenir legislando de emergencia en caso de desabasto o escasez de sangre humana, así nada más, y simplemente esta facultad le fue borrada del texto constitucional. Así, la reglamentación constitucional consecuente corresponde a la reforma a la fracción V del artículo 75 del Código de Comercio Vampiro: antes reputaba como actos de comercio los que realizaban “Las empresas de abastecimientos y suministros de carne humana y demás”, que simplemente fue modificado por: V.- Las empresas de abastecimientos y suministro y demás”. A la semana siguiente se publicó el “Decreto por el cual se prohíbe la conservación, venta, distribución y suministro de partes humanas para extracción y consumo de sangre”, que fue severamente cuestionado por los juristas hematófagos, Tepes entre ellos: “Prohibir simplemente es asegurar la insalubridad y corromper la higiene que habíamos tenido sobre nuestro alimento vergonzante (nótese el humanismo del profesor Bela); es arrojar a la subjetividad y la incertidumbre nuestra seguridad sobre la pureza de la sangre que consumimos. Esta subjetividad e incertidumbre serán los ingredientes principales del mercado negro de sangre que engendra el Código de Comercio Vampiro”, concluyó proféticamente.