REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos de Bracho


Carlos Bracho

Tranco I
Tiene razón. Sí, cuando el maestro Carlos Bracho nos dice que el fascismo cubre a este nuestro Mexicalpan de las Ingratas, la razón lo asiste. Basta con ver los hechos. Es suficiente, para comprobarlo, el leer la prensa escrita y que en todas sus columnas nos dan noticia de los crímenes, los asaltos, los asesinatos en donde los federales y el Ejército han participado -increíble, pero cierto, van más de cuarenta mil muertos. ¡Asombroso! Sí, es preocupante en grado sumo lo que aquí acontece. Esta espiral de fuego y de violencia parece no acabar nunca, antes bien -mal- se incrementa y las páginas rojas tiñen el horizonte mexica. Ya no se siente lo duro sino lo tupido de los hechos atroces y cavernícolas que sacuden a todos los mexicanos. Cabezas que ruedan por los barrancos o que aparecen en los meros centros de cualquier ciudad. Cabezas que aparecen colgadas en los puentes peatonales. Cuerpos deshechos, mutilados que nos presentan el cuadro de horror que se vive. Para abundar y como claro ejemplo, ya no puede uno salir a ningún lado a caminar para tomar el aire o respirar el aire, no, so pena -si se atreve a dejar su hogar- de ser acribillado o secuestrado o robado o asaltado. Y ¿los diputados? Y ¿los senadores? ¿Y los jueces? Y ¿Los policías? Y ¿El presidente en turno? Todos ellos bien y gozando de cabal salud.

Todos estos preclaros personajes recibiendo sus sueldos, sus salarios, sus bonos, sus ayudas, sus seguros, sus autos, sus guaruras, sus canonjías, sus secretarias, sus ayudantes, sus vales… sus comidas en restaurantes de postín, sus alojamientos en hoteles de cinco estrellas, en sus yates, con sus cuentas bancarias gordas como tamal; sí, ellos y ellas, los burócratas dorados, los políticos de alcurnia instalados en las alturas irreductibles del confort y del dinero. Y claro, declaran a los medios masivos de difusión, a la prensa, a la radio, a la TV o a quien se lo pregunte que ellos y ellas trabajan para el bien del pueblo, trabajan para los más necesitados, trabajan para tener un México mejor. Sí, se entiende el México mejor que ellos dicen, es el México mejor en donde ellos viven, en donde ellos deambulan, es el México mejor para sus primos, para sus tíos, para sus parientes. Y allí, desde este su México mejor repartirse el botín, repartirse los puestos, repartirse el jugoso presupuesto, hacer enjuagues electorales. A los pobres, a los que no viven en ese México mejor, a los depauperados que no habitan en ese México mejor de los ricos y los políticos, el hacha, la bayoneta, las cárceles, los despidos, la quita de sus beneficios sociales… En fin este siete veces H. Cuerpo Editorial no quiere quejarse más y por ello le cede la palabra a nuestro ínclito escritor, el maese Bracho, y éste les contará otras cosas, quizá más agradables. Así lo vemos. Así lo hemos leído. Así se presenta este su Tranco bebestible:

“Cuando estoy en Mi Oficina, y atendido de maravilla por mi dulce amiga María, la de los pechos que parecen paricutines echados al sol poniente, la de las piernas que son dos encantados acantilados de mármol, mármol para dormir, para recrearse, mármol para gozar; María, la de los ojos de capulín que al cerrarlos la aurora se esfuma y al abrirlos salen las siete luces de Saturno, sí, ella, la morena de fuego, la morena que ríe y que me abraza con una fuerza digna de una diosa griega, ella, María, más mexicana que el pulque y que el nopal, más mexicana que los políticos y los presidentes y los gobernadores y los senadores que “trabajan para el pueblo” y que “trabajan para un México mejor”, siempre me pone mi ringlera de tequilas blancos y en la rocola hace salir la voz de José Alfredo Jiménez, y hace que siga vivo don Jorge Negrete. Sí, ella, María, viviendo con plenitud el hoy, el hogaño, el presente, y consciente a plenitud del HOY, sin embargo, no quiere que los paisanos olviden su pasado, pueblo sin pasado es un pueblo sin vida, me dice cuando la tengo en mis brazos, cuando me acaricia, cuando estamos solos, trepados en las nubes lúdicas, cuando nuestros cuerpos desnudos se platican lo inimaginable, cuando los brazos de los dos parecen que son hojas de maíz que se revelan contra el viento, cuando las pieles establecen el concierto inacabable de dos voces y cuatro extremidades, cuando María y yo permanecemos atentos a nuestra rotación, ella, la muy María, siempre me dice cosas al oído, y cuando entramos al descanso obligatorio, cuando el sudor ha bañado nuestros cuerpos, cuando la calma chicha aparece, cuando es necesario aspirar el aire, cuando las lenguas piden una tregua necesaria, cuando el aquelarre llega a su fin y los dedos y las manos no pueden decir ya nada más, en ese entonces diabólico pero quieto, María me impulsa a la lucha, me insiste en que los gandallas y los enemigos de mi pueblo, los contrarios a la raza de bronce, los indignos que pululan por las Cámara de Diputados, los traidores que se sientan en la Cámara de Senadores, los políticos que viven a expensas de los Partidos Políticos, deben desaparecer ya de la faz de lo que queda todavía de mexicano en esta nación. Y yo la abrazo con fuerza -la poca fuerza que me queda- y la beso con gratitud, y la admiro más, y la quiero más, y la estimo más. Porque ¿cuántas Marías como esta María necesitamos para arrojar a los que se han apoderado del petróleo, de las Bolsas, del dinero del pueblo, de los mares, de las costas, de las playas, de la minería, del agua, del aire, de las industrias, de los comercios, de los que nos venden al mejor postor, de los que se han entregado sin pudor a los intereses capitalistas? Ya no quedan en este México ninguna Leona Vicario, ninguna Sor Juana, ninguna Josefa, ninguna Carmen Serdán, ninguna Soldadera…Y cuando camino por las calles, al pendiente de que no vaya a salir un asaltante o un policía o un soldado, pienso en esos momentos vividos con María, pienso en lo que me dice en las noches de luna y de estrellas rutilantes, pienso en que los Jinetes del Apocalipsis están más bravos que nunca y que como son muchos el combate se torna más difícil, y más difícil es cuando vemos que los jóvenes de hoy -generalizar es malo- conocen más al Mickey Mouse que a su historia y a sus valores nacionales -Castro dixit-; es cuando la duda me asalta, cuando la desazón se presenta y me llena la boca de un sabor agrio, al ver esa actitud de millones de paisas que conocen más a las chivas del fut que a Rulfo o que a Yañez o a Arreola, o a Rosario Castellanos. Sí, ante ese cuadro siniestro, mi espíritu se rebela y el coraje me llena el espíritu. Yo, en mi pequeña medida trato de hacerle caso a los consejos patrios de María, trato de permanecer fiel a los legados juaristas, de acatar los llamados de Morelos, de seguir el ejemplo de los Flores Magón, de tener el valor -siquiera- de los hermanos Serdán. Es poco lo que tengo pero es algo. Al menos camino con la frente un poco en alto, no la alzo mucho porque me puede alcanzar una bala de los soldados que combaten a los narcos.

Bueno, amigas insumisas, espero que para otra ocasión no salgan de mi pluma -de la compu- tantos ajos e hijos. Mientras a esperar que sean las doce de la noche, pasar luego por María y perdernos en la noche y por las callejuelas citadinas…Vale. Abur.