REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
17 | 11 | 2019
   

Arca de Noé

Sometidos por el crimen


Benjamín Torres Uballe

El título de esta columna es el nombre del editorial en el semanario Desde la Fe correspondiente al domingo 18 del mes pasado. La publicación es el medio oficial informativo de la Arquidiócesis de México. En éste, la Iglesia católica se suma —de forma nada tersa— a los permanentes cuestionamientos de diversos sectores y de la sociedad en general acerca de la eficacia que hasta hoy ha demostrado la administración del presidente Enrique Peña Nieto en materia de seguridad.
Al hacerlo, la jerarquía católica confronta abiertamente la veracidad de los datos oficiales y los llama “triunfalismo en cifras”. Con apoyo en los datos de la Encuesta de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública 2015 (ENVIPE), realizada por el INEGI el pasado septiembre, la Iglesia no duda en afirmar: “Sus resultados revelan una situación distinta sobre la realidad del delito y cómo los ciudadanos percibimos un México inseguro sometido por el crimen, el desempleo y el aumento de los precios en los bienes necesarios para la vida y el desarrollo”.
Y por si no fuera claro para los destinatarios, agrega: “Según la Encuesta, las incidencias delictivas no han variado desde 2013 y más de veinte millones de mexicanos fueron víctimas de delitos que se suponían a la baja. Las ‘cifras negras’ de 2014, según el reporte, dicen que más de noventa millones de personas pudieron haber sufrido la comisión de delitos, pero no se inició averiguación previa alguna que pudiera contabilizar el número de incidencias. Y los costos del crimen a nivel nacional ya representan poco más del 1% del Producto Interno Bruto”.
Pero la jerarquía católica no sólo exhibe el fracaso de la estrategia federal para contener el infierno de la inseguridad en el país. También señala lo que es vox populi en la ciudad de México y la zona conurbada: el incremento exponencial de la ola delictiva, con la presencia del crimen organizado que tanto Miguel Ángel Mancera como Eruviel Ávila insisten vanamente en negar, cuando —por citar un ejemplo— este lunes en cuestión de horas asesinaron a seis personas: un cuerpo que apareció colgado en Iztapalapa, tres ejecutados en Tlalnepantla y restos humanos que fueron abandonados en bolsas de plástico en el municipio de Nezahualcóyotl. Nada más.
“Preocupación especial supone la situación que vive el centro del país, particularmente la capital de la República. El Distrito Federal registró tendencias al alza en delitos relativos al robo o asalto en vía y transporte público, la extorsión y el fraude. El 78% dice que el Distrito Federal es una de las entidades más inseguras del país”, subraya el análisis vertido por la Iglesia.
Sin embargo, a pesar de las críticas —absolutamente justificadas—, la Iglesia católica no descubre nada nuevo y dudamos mucho que la nomenclatura eclesiástica haya sufrido alguna vez los embates de la violencia. No imaginamos a don Norberto Rivera Carrera o a alguno de los señores cardenales viajando en el Metro, transporte público o simplemente caminando por las calles para realizar sus actividades cotidianas. Pero ello no descalifica los señalamientos.
“No puede ignorarse la tremenda realidad que el ciudadano de a pie vive ordinariamente cuando la violencia y el delito impiden mejores condiciones de vida. México no puede remontar hacia la paz y tranquilidad que deberían ser garantizadas debidos, en gran parte, a la corrupción e impunidad, a la desconfianza hacia el Poder Judicial y el miedo a los cuerpos policiales. Los focos rojos se encienden en Estados que, según el discurso político, eran de los más seguros y, se afirmó, sin la prevalencia de bandas del crimen organizado y descomposición social. En el Distrito Federal, por ejemplo, el consumo de drogas se dispara corrompiendo el bienestar particular y social de la Ciudad que se decía invulnerable al delito”, precisa el pronunciamiento.
Cuando redactamos esta columna, el gobierno federal no se había pronunciado acerca del mencionado editorial y dice el adagio que “el que calla, otorga”. A pesar de la campaña “oficial” en los medios de comunicación intentando convencer a la población de los avances en seguridad —sin dejar de reconocer ciertos logros—, la realidad es que hasta hoy dichos resultados son mediocres e insuficientes, muy lejanos de lo que precisa con urgencia la sociedad.
De este modo, cuando los mandamases del clero católico afirman sin cortapisas —sabedores de que no hay elementos para rebatir su dicho y que tampoco les pueden decir “ya chole con sus quejas”— que “alguien no tiene la información correcta o se falsean datos para tapar la realidad que no se reconoce: México está sometido por el crimen”, sencillamente se convierten en portavoces de una de las principales demandas de los mexicanos: seguridad; la certeza de que no van a ser criminalizados en sus personas ni en sus bienes, por cierto, un derecho constitucional que el gobierno está, inexcusablemente, obligado a cumplir.

AMLO, “EL SALVADOR DE LA PATRIA”
Andrés Manuel López Obrador padece una obcecación patológica por el poder. En su reciente visita al Vaticano —en audiencia general, claro— y a la ciudad luz, evidenció una vez más “el salvador de la patria” que lleva a flor de piel. En París, dijo que el propósito de su paseo es restaurar el prestigio de México, perdido —entre otras cosas— por temas como el del caso Iguala —en el que AMLO impulsó al ex alcalde José Luis Abarca—, Tlatlaya, y la “Casa Blanca”.
El líder de Morena no miente en cuanto a los escándalos mencionados y que son una vergüenza para la actual administración federal, sin embargo, olvida convenenciera y demagógicamente que él también tiene que ver con el desprestigio al que alude, cuando ha mandado al diablo a las instituciones, pasarse el estado de derecho por el arco del triunfo con sus plantones en Reforma y el bloqueo a los pozos petroleros, ordenar que su chofer “Nico” ocupe un puesto en la delegación Cuauhtémoc y, sobre todo, cuando incita irresponsablemente a la anarquía. ¿Amnesia, señor Obrador?

@BTU15