REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 11 | 2019
   

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El terrorismo del Estado Islámico


Héctor Ceballos Garibay

En esta era globalizada y ciberespacial donde las nuevas tecnologías igual sirven para conseguir avances civilizatorios o generar destrucción por parte de la narcodelincuencia y de las sectas fanáticas, y con motivo de los acontecimientos funestos en la Ciudad Luz, se vuelve indispensable allegarse de más elementos de juicio para así poder entender los retos sociales y políticos que se ciernen sobre el mundo debido a las amenazas terroristas. El siguiente listado de consideraciones sociológicas busca enriquecer el análisis de la coyuntura política internacional, y tiene como propósito demostrar la imposibilidad de justificar con argumentos -sean étnicos, religiosos, sociales o políticos- los sucesos trágicos del viernes 13 de noviembre en París.
1- Desde tiempos de Hitler, la humanidad no había tenido un enemigo común como lo es ahora el Estado Islámico, grupo yihadista de filiación sunita que pretende imponer por la vía militar un califato a los pueblos musulmanes del Medio Oriente y África. Se trata de un gobierno de facto sustentado en la aplicación de la Ley Islámica ortodoxa, conformado por unos 30 mil combatientes fanáticos que operan en amplias zonas de Siria e Irak y con fuerte presencia en Libia, Yemen y Nigeria, el cual acata la voluntad dictatorial de su líder máximo, Abu Bakr al-Baghdadi, y que recurre, por un lado, al sometimiento de los infieles (musulmanes chiitas, cristianos, kurdos, budistas, ateos), asesinándolos si no adoptan el islamismo radical como dogma religioso; y, por el otro, a la violencia criminal (tráfico de drogas, secuestros, extorciones, robos, trata de personas) como un medio para obtener los recursos financieros que fortalezcan su misión de erradicar la cultura democrática occidental de la faz de la Tierra.
2- Las prácticas totalitarias del Estado Islámico se caracterizan: por el exterminio en masa de su propio pueblo (la mayoría de sus atentados terroristas los hacen en contra de los musulmanes chiitas), por la “guerra santa” contra los países aliados de Occidente y por la devastación tanto de los templos católicos y las sinagogas judías como de los santuarios artísticos cuyos tesoros arqueológicos son saqueados y puestos a la venta en el mercado negro (particularmente dolorosa fue la destrucción de las ruinas de Palmira, en Siria). A tal grado el Estado Islámico incurre en una violencia rayana en la locura (decapitaciones, violaciones tumultuosas, quemar vivos a sus presos) que sus otrora aliados, los combatientes de Al Qaeda, ya rompieron su alianza política con el califato. La dimensión sangrienta, alevosa y cobarde de los atentados de París ha llevado a la comunidad internacional, desde los principales líderes musulmanes y judíos, pasando por el papa Francisco y los gobiernos de China y Rusia, y hasta los grupos guerrilleros palestinos, a coincidir en la condena firme del siniestro acto terrorista en París.
3- Lo ocurrido en la historia pasada de la humanidad: el imperialismo, el colonialismo, los genocidios, las guerras mundiales, etc., con sus millones de explotados, torturados, esclavizados y muertos, no constituye un argumento válido para intentar justificar las masacres y las violaciones de los derechos humanos en los tiempos actuales. Además de que enarbolar el victimismo y el revanchismo no abona a la solución de ningún problema sociopolítico en el presente, también debe precisarse, para no caer en la trampa de la doble moral, que la mayoría de las sociedades importantes (sean orientales u occidentales, indígenas o mestizas, Roma, España, los Aztecas o los Árabes) alguna vez fueron dominantes o dominadas y, por ello, también actuaron con prepotencia frente a los sometidos o fueron humillados por los conquistadores. Por nefastos que hayan sido ciertos gobernantes en alguna época determinada, debe recordarse que así como en cada pueblo hay masas dóciles y enajenadas que acatan órdenes injustas e irracionales, igualmente existen personas y grupos que se niegan a obedecer, que se rebelan y que cuestionan dichas arbitrariedades. Así entonces, hacer generalizaciones ahistóricas es tan contraproducente como pensar y actuar atenazados por un resentimiento patológico.
4- En los regímenes democráticos (tan odiados y vilipendiados por los islamistas ortodoxos) resulta comprensible que algunos de los que viven en la indigencia y en la marginación social reaccionen visceralmente contra el estado y hasta se alegren de la masacre ocurrida en París. Lo que en cambio parece difícil de asimilar es que también personas de clase media, que gozan de derechos sociales y libertades individuales (entre ellas: la de disentir y criticar lo que les venga en gana o participar políticamente como anarquistas y radicales anti-sistema), igualmente manifiesten simpatía por un Estado Islámico que, de expandirse por doquier, acabaría de inmediato con ellos.
5- Luego de los recientes atentados terroristas del Estado Islámico en Líbano, París y contra el avión ruso, la comunidad internacional ya no tendrá otro camino que ponerse de acuerdo sobre el destino del dictador sirio, Bashar al-Asad, pues sólo así se podrán llevar a buen puerto los acuerdos logrados en Viena hace unos cuantos días en torno a la convocatoria a elecciones libres en Siria, con vigilancia de la ONU. Desde una perspectiva de realpolitik, me temo que para liquidar la amenaza que representa el Estado Islámico no bastarán los bombardeos aéreos. El despliegue de tropas sobre el terreno se hará necesario. El contexto actual en nada se parece a la invasión de Irak por los halcones del Pentágono en la nefasta era de los Bush, quienes utilizaron mentiras y creyeron ilusamente que su invasión sería un paseo militar. Ahora existe una causa justa y común: erradicar la peor amenaza totalitaria del siglo XXI.

Sés Jaránhi, Uruapan, Michoacán, 15 de noviembre de 2015