REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
15 | 09 | 2019
   

Artes Visuales

La mirada constante de Lucinda Urrusti


Miguel Ángel Muñoz

Escribir sobre la obra pictórica de Lucinda Urristi (Melilla, Marruecos Español, 1929) es tarea ardua, ya que no sólo nos enfrentamos a una coherente carrera plástica de casi cinco décadas, sino también a una pintura que se encuentra en constante renovación. Su obra es una reivindicación sutil de las claridades, una serena mirada a los asuntos de siempre -los bodegones, los paisajes y los interiores-, tratados con lenguaje poético extremo, utilizando una paleta expresiva que tiende a la valoración sustancial de lo íntimo. Desde esta perspectiva, la contemplación del espacio iconográfico y su estructuración como una constante a lo largo de su trayectoria, son aspectos que pueden atribuirse por un lado a su pasión por la arquitectura, y por otro - y quizá más importante- a la gran influencia en su obra de artistas como Paul Cézanne, Juan Gris, Henri Matisse, y siempre Picasso. El color, el signo y la luz son elementos recurrentes que se descubren en la obra de Urrusti. Tradición, realismo y libertad creativa son sin duda tres niveles de aproximación a su obra. El espacio y la luz -como decía Esteban Vicente-, obviamente, así como la graduación cromática son los protagonistas de algunos de sus cuadros que establecen ese diálogo visual constante, con ciertas secuelas del impresionismo. Cuadros como: Naturaleza muerta blanca y negra, Naturaleza muerta en cacharro blanco y cerámica, Paseo, Jarrita etrusca, Figuras en una repisa, Flores oscuras, Pescaditos, Paisaje blanco con pájaro, Camuflado, Desnudo de espalda, son un eco en su paleta. Su aspiración es modelar la luz, pero incorporando también los postulados de Matisse, que es una de sus referencias inconfundibles. Aunque también se pueden descubrir su admiración por Giorgio Morandi en sus naturalezas muertas y objetos cerámicos, ese hálito sencillo y lírico. Un deslumbrante universo de formas que la luz multiplica y la composición transforma en enigmáticos signos de arte. Cerca de Cézanne, tan próximo a las convicciones estéticas de Urrusti:

Savoir voir. Sentir…
Je crois que le peintre apprend à penser. Sur nature, il
apprend á voir.

En momentos, siento mayor fascinación por los dibujos que por las pinturas de Urrusti. El dibujo y la poesía son íntimos aliados. Y esa inmediatez del dibujo y la poesía es diferente de la pintura. Para Urrusti, con todo, la pintura no es sólo comunicación. Es también acción, intervención selectiva en un caos expresivo a través de las formas, una calidad nueva que se alcanza en el momento mismo de la realización de la obra. “La originalidad de Urrusti -dice Carlos Fuentes-, pasajera tanto del alba de Cézanne como del crepúsculo de Monet, es que sus figuras, simultáneamente, tienden a aparecer y desaparecer. Hay un milagro visual en Urrusti y todo milagro contiene un misterio y una interrogante. Sus figuras, ¿avanzan hacia nosotros, están a punto de hacerse presentes, o se alejan de nosotros, están a punto de hacerse visibles? 1
Lucinda Urrusti inventa en sus pinturas formas nuevas, de cuya asocia¬ción se define la forma que constituye su signo gráfico distintivo. La reivindicación del libre ejercicio imaginativo formal hecha por la artista a partir de cualquier pretexto, acaso indeterminado, nos descubre su lado poético.

Los brotes nacen pulcros de ascendida belleza.
Estalla la blancura sin lastre de memoria.

Mirad hacia la luz, no moréis hacia dentro… 2
Ese estallido de la memoria de la que habla el poeta Guillermo Carnero, es la misma que estalla en la paleta de Urrusti. La forma, en definitiva, como logro del trabajo arduo y consciente sobre una gama reducida de elementos cardinales que califican la obra acabada: color, textura y trazo. El color impone un ritmo pictórico que lo domina todo. La explosión cromática del fauvismo abrió nuestro tiempo moderno y la desintegración formal del cubismo sacrificó el color a la geometría constructiva del cuadro. Los neoplasticismos han graduado la intensidad emotiva del color en función de su potencia pictórica. Aquí sitúa Urrusti su reflexión visual. La pintura madura de la artista posee una potencia reveladora que minimiza el qué y el cómo de la trama formal... y abre nuestros ojos a un despliegue insólito de asociaciones sensibles. Líneas disueltas en planos brillantes, obras sesgadas por sobreposiciones de fuerte efecto lumínico, azules desenfocados por blancos complementarios que se contraponen en diversos planos. Y de nuevo una deslumbrante constelación de formas. Equilibrio y dinamismo interno. Control y depuración expresiva de la materia-color sometida por unas variaciones sígnicas lineales que quiebran el espacio. La pintura de Lucinda Urrusti es de una fuerte poética lírica, que cuando se descubre sólo queda el placer de admirarla.

NOTAS
1 Lucinda Urrusti: La adelantada de la forma, Carlos Fuentes. Catálogo de la Galería Lourdes Sosa, México, 2002.
2 Ojos azules, en Verano inglés, Guillermo Carnero. Editorial Tusquets, Madrid, España, 1999.