REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
20 | 07 | 2019
   

Arca de Noé

Los trancos


Carlos Bracho

Tranco I
Señoras y señores, amigos todos y damas que los acompañan, reciban un saludo afectuoso de estos siete veces H. Consejo –Consejo de algo y para algo, y para lo que se ofrezca, ténganlo por seguro-, y que, además, si nosotros no nos decimos y calificamos de honorables por siete veces, nadie, absolutamente nadie lo va a hacer, eso que ni qué. Pero, bueno, en realidad lo que deseamos hacer es sencillo, simple como la luz de una luciérnaga: que lean lo que el maestro Bracho nos ha enviado, pues creemos que les puede resultar de interés. Sí, ya saben ustedes, lectores amables y pluscuamperfectos, que don Carlos a veces le sale alguna chispa de ingenio y hay que aprovecharla. Bueno, eso creemos. Así, pues a lo hecho pecho, aquí va lo que nos envía nuestro dilecto y nunca bien ponderado autor:
“Estuve en Mexicali, Tijuana, Tecate y Ensenada dando unas charlas sobre el gran poeta AMADO NERVO (27 de agosto de 1870, Tepic, Nayarit – 24 de mayo de 1919, Montevideo, Uruguay). Y el público, generoso que es, le aplaudió fuertemente a las palabras de Amado, vean por qué:
“El verso es una de las bellas artes, y ya se sabe que cultivo de éstas civiliza a los pueblos. Cuando una persona que se tiene por culta dice no percibir el encanto del verso, revela una relativa incultura, Homero, Dante, Hugo, serán siempre más grandes que esa persona, sólo por haber hecho versos. Desdeñar el verso es como despreciar la pintura o la música. Un fenómeno característico de incultura.” Y sigue diciendo Amado: “ –¿Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones, allí mis poemas: yo, como las naciones venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, no tengo historia: nunca me ha sucedido nada. ¡Oh noble amiga ignota!, qué pudiera contarte. Allá en mis años mozos, caros al Musageta, y, pudiendo ser rico, preferí ser poeta. -¿Y después? -He sufrido como todos y he amado.
-¿Mucho? -Lo suficiente para ser perdonado…” Los aplausos del respetable –como dicen los que saben- fueron interminables. Pero aquí va algo que pocos lectores conocen sobra la vida y obra de este gran poeta y es que cultivó el periodismo y lo hizo con una penetración y una fuerza inigualables para su época. Vean lo que sobre la guerra dice Amado: “ El estado natural de la humanidad es la guerra, y una vez que usted tiene sobre su cabeza una kepis o un casco puntiagudo, puede perfectamente echar al cesto de los desperdicios todos esos conceptos hueros e inútiles de “derecho”, “justicia”, “propiedad”, “respeto al sexo débil”. Etc., etc. Usted en su casa era un señor adornado de todas las virtudes domésticas. Burguesamente llegaba a la hora del almuerzo con un paquetito de golosinas para mamá y los chicos, se indignaba usted si Pedrito tiraba la cola a Bol y si Paquita pellizcaba a su hermano menor; les llevaba usted a los niños cuentos morales y procuraba que las niñas no fueran al teatro, sino los miércoles blancos. Se indignaba usted si en el cine “echaban” películas de detectives y criminales, porque eso sugiere malas ideas a la infancia. Pero llegó la movilización: usted era movilizable; se plantó el uniforme y fue enviado a la línea de fuego, todos los aspectos legales y éticos han cambiado. Cuando usted y sus compañeros no tienen manera de tirotear al enemigo, desnudan mujeres y ríen de su sonrojo (claro que se trata de mujeres del otro bando): degüellan niños, apalean ancianos, roban cuanto encuentran al paso, incendian las pobres casas de los labriegos, destruyen ciudades, saquean bancos, fusilan a un infeliz porque pudiera ser un espía, y todo ante la complaciente mirada de sus jefes. Cuando acabe la campaña le darán a usted una medalla militar y le dispensarán otros honores; tornará usted a su casa rodeado de la admiración de sus prójimos y volverá usted a llevar los domingos paquetitos de golosinas a la señora y a los niños, y a comprar historietas instructivas y morales para estos últimos, cuidando de que no vean en el cine espectáculos de astucia o de violencia… ¿y porqué ha ido usted a la guerra? Usted mismo no lo sabe a punto fijo.
Una camarilla política o militar se propone despojar a tal o cual país vecino, más débil, de cierta porción de su territorio, destruir su comercio, aniquilar su industria y obtener a título de indemnización algunos miles de millones de francos. Es un buen negocio. Cien o doscientas mil mujeres quedarán en la miseria, muchas se prostituirán, muchas se suicidarán por haber llegado al último límite de la resistencia humana. Infinitos niños morirán de raquitismo. Pero diez o doce políticos, diez o doce generales, cuatro o cinco trusts y dos o tres reyes realizaron una operación brillante.”
Aquí el público cuchicheó entre ellos y claro, sacaron conclusiones valiosas y ciertas al comparar lo que dijo hace más de cien años Amado, con lo que hoy acontece en este globo terráqueo, y con lo que queda de México. Cosas veredes mío Cid. Luego, para ver lo grande que Nervo como poeta lo era, seguí con esta lectura:
“MADRIGAL Por tus ojos verdes yo me perdería,/ sirena de aquellas que Ulises, sagaz,/ amaba y temía. / Por tus ojos verdes, yo me perdería./ Por tus ojos verdes en los que, fugaz,/ brillar suele, a veces, la melancolía;/ por tus ojos verdes, tan llenos de paz,/ misteriosos como la esperanza mía;/ por tus ojos verdes, conjuro eficaz,/ yo me salvaría.”
Y como el público me pidió que dijera otro poema, no me hice del rogar y Amado vino en mi ayuda: “COBARDÍA Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!/ ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!/ ¡Qué ritmo en el paso! ¿Qué innata realeza/ de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul!.../ Pasó con su madre. Volvió la cabeza:/ ¡me clavó muy hondo su mirada azul!/ Quedé como en éxtasis…/ Con febril premura,/ “¡Síguela”, gritaron cuerpo y alma al par./ -Pero tuve miedo de amar con locura./ De abrir mis heridas, que suelen sangrar,/ ¡y no obstante toda mi sed de ternura,/ cerrando los ojos, la dejé pasar!”
El honorable público me pidió: ¡Otra! ¡Otra! ¡Otra!, y yo, débil que soy, yo que me conmuevo ante los estallidos de locura poética y de hallazgos cumbres, respiré tres veces, me concentré y traté de que las palabras altas de Amado llegaran amplias y profundas, solté esto: “EN PAZ Muy cerca ya de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,/ porque nunca me diste ni esperanza fallida/ ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;/ porque veo, al final de mi rudo camino/ que yo fui el arquitecto de mi propio destino:/ que si extraje mieles o la hiel de las cosas,/ fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas;/ cuando planté rosales, coseché rosas./ … Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;/ ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!/ Hallé sin duda largas las noches de mis penas,/ mas no me prometiste tú solo noches buenas,/ y en cambio tuve algunas santamente serenas…/ Amé, fui amado, el sol acarició mi faz./ ¡Vida nada me debes! ¿Vida estamos en paz!”
Y así seguí, poema tras poema, y el público quería más, quería escuchar más flores del poeta florido.
“24 de mayo de 1919. Literalmente, es una pérdida continental, hispanoamericana, mejor dicho, para incluir a España en ella; y no la llamo irreparable -así escribía en su Diario, Federico Gamboa- porque, bien mirado, las pérdidas irreparables no existen en el mundo, a lo menos en cuanto a los efectos que vocablo tamaño parecer traer aparejados allí está, sino, la muerte de los dioses mayores: Cervantes, Shakespeare… Pero Amado Nervo, cuando llegó a la cuasi perfección a que llegara, fue, antes y después de Rubén Darío, el primer poeta castellano de su época; por eso su desaparición tiene que producir un duelo verdadero y legítimo.
Iba a cumplir cuarenta y nueve años en agosto… ¡Fue un enorme poeta! Para nosotros, para México, la pérdida es aún más de sentir; ¡se van los que nos honran y quedan muchos que nos deshonran!”
Para qué agregar algo más a estas sentidas y ciertas palabras. Para qué pensar en el México de hoy, para qué pensar más en el Estado corrupto que nos domina.
Mejor vivir a plenitud democrática, a vivir la libertad plena y pura leyendo a Amado.
Vale.