REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
21 | 05 | 2019
   

Confabulario

El gobernante


Ares Demertzis

Comedia satírica teatral en una escena
Personajes: El presidente
El general
Una sirvienta
Lugar: La recámara del presidente
Tiempo: El presente
Una recámara espaciosa y elegante, decorada con escrupuloso gusto. A la izquierda del escenario, sobre un piso lujosamente cubierto con tapetes persas, hay una cama “king size”, sobre la cual están durmiendo dos personas cubiertas de pie a cabeza con sábanas y edredones de seda color marfil. Derramado sobre la cama hay una variedad de accesorios de cuero, látigos, cadenas, esposas, y dos antifaces negros.
La recámara se encuentra totalmente alborotada, con botellas vacías, copas rotas, y unas sillas caídas negligentemente sobre el piso. El uniforme militar de un general está regado como trapo abandonado en una línea extendida, cruzando el piso hasta llegar al borde de la cama.
Un refinado vestido de bodas, color blanco, abultado con sus voluminosas enaguas, junto con unos elegantes zapatos femeninos de seda blanca, se encuentran echados descuidadamente cerca de una mesa antigua casi al centro del escenario.
Solamente dos sillas continúan paradas alrededor de la mesa. Hay un arreglo de rosas en un jarrón de cristal sobre la superficie, botellas de whiskey medio llenas, además de vasos y platos con restos de un pastel, con varias velas apagadas, que se encuentra mutilado sobre la mesa.
Colgadas sobre las sillas hay dos pelucas de mujer, elaboradas muy cuidadosamente, una rubia y la otra color rojo; las acompañan una variedad de ropa interior femenina (sostenes y pantaletas, todas con voluminoso encaje, ligas, pantimedias, etc.). También hay unos consoladores de diversos colores y tamaños.
El aspecto que proporciona el escenario es de los remanentes de una fiesta desenfrenada encontrada al amanecer del día siguiente.
Una puerta en el fondo da acceso a la recámara.
Pasa un largo rato sin que haya acción en el escenario; solamente se escucha un constante y sonoro ronquido masculino emanando desde la cama.
Uno de los cuerpos en la cama se empieza a inquietar; al rato se agita fuertemente en una pesadilla que lo obliga a brincar, gritando palabras que no se entienden.
PRESIDENTE: -¡¡¡Aaargh!!! ¡¡¡Waaah, waaah!!! ¡No! ¡No!...¡¡¡Socorro!!!
De repente el presidente se incorpora de la cama. Bañado en sudor, casi dormido, agarra uno de los azotes de cuero con gesto de defenderse. Brinca al piso y abre el cajón de la mesita al lado de la cama de donde saca una pistola. Pistola en una mano y el látigo en el otro, mira aterrorizado a su alrededor. El presidente está vestido con un negligé rojo, elaborado con cuantioso encaje. Con los ojos medio cerrados de sueño, deambula por la recámara buscando la entidad que lo amenazaba. Al no encontrar a nadie, regresa a la mesita al lado de la cama en donde se encuentra un teléfono y lo descuelga.
PRESIDENTE: -Mándame mi café.
El presidente cuelga el teléfono y camina a la mesa en el centro del escenario, sobre la cual deja la pistola. Se sienta en una silla y habla al público mientras juguetea con el azote.
PRESIDENTE: -¡Que susto! Pero resultó ser nada más una pesadilla. Me encontraba parado sobre el suelo ardiente y vaporoso adentro del cono de un volcán. ¡Adentro del cono! rodeado de una muchedumbre gritándome y tirando basura. De repente fui atacado por un enorme animal negro, sus cuernos intentando vez tras vez de perforar mi cuerpo. Yo era un matador, y el cono del volcán una plaza de toros. Estaba combatiendo en el ruedo ¡contra un enorme toro! Por suerte, la venerable bandera de la patria cayó repentinamente del cielo y me cubrió, salvándome la vida.
El presidente golpea decididamente la palma de su mano con el látigo.
PRESIDENTE: -No necesito un Bíblico José para adivinar este sueño. No son siete años de hambruna que me esperan, como al faraón egipcio.
El presidente deja el látigo sobre la mesa y quita el sostén que lleva debajo del negligé, dejando su peludo pecho plano. Voltea a mirar hacia la cama.
PRESIDENTE: -¡Oye, tú! ¡Animal! ¡Despierta ya, ¡cabrón!
Un ronquido fuerte emana desde la cama.
PRESIDENTE: (Al público) -Ni cuenta se dio. Me podrían haber matado y seguiría durmiendo tan tranquilo como un bebé. ¡Pues no! Es un general.
Fui yo quién lo nombró jefe del estado mayor, y su obligación es
cuidarme a mí, ¡el presidente de la república!
El presidente toma el jarrón de cristal con las rosas y lo avienta al bulto dormido en la cama.
GENERAL: (brincando con susto) -¡Ay! ¡Ay! ¿Qué pasó? ¿Qué pasó?
El general avienta el edredón que lo cubre y se incorpora de la cama espantado. Es un hombre negro corpulento.
PRESIDENTE: -¡¿Qué pasó?! ¿Cómo que qué pasó, eh? Por poco me matan y tu roncando ¡como una bestia!
El general se levanta al lado de la cama. Está desnudo. Apresuradamente se viste con un calzón color blanco decorado con corazoncitos rojos que recoge del piso de su lado de la cama.
GENERAL: -¿Dónde están, amor? ¡¿Por dónde huyeron?!
PRESIDENTE: -Ni te molestes, buey. Fue una pesadilla.
GENERAL: ¡¿Una pesadilla?! ¿De qué estás hablando?
Ya tranquilizado, el general empieza a levantar su uniforme del piso y empieza a vestirse.
GENERAL: -¡Por poco me descalabras!
PRESIDENTE: -¡No empieces! No tienes idea de qué tan encabronada estoy.
GENERAL: -¿Por una pesadilla?
PRESIDENTE: -No. ¡No por una pesadilla! Por tu pinche actitud de mierda últimamente.
GENERAL: -¿Qué? ¿Qué? Dime qué hice. Con detalle, que no simplemente sean alucinaciones tuyas, amor. Me acordé de nuestro aniversario. ¿O no? Organicé la fiesta con nuestros amigos. ¿O no? Te traje el pastel, con una vela para cada año que hemos pasado juntos como pareja, champán, vinos, whiskey, y ¡hasta las rosas que acabas de destrozar! ¿Qué más querías? ¿Qué es lo que no hice para satisfacerte esta vez?
PRESIDENTE: -(Empieza a sollozar) ¡Ay, cariño! Fue una pesadilla tan terrible… tan terrible. Estaba atemorizada… hasta lloré cuando eso me pasó… Y tú roncando. ¡No sabes lo que sufrí!
El general se hinca al lado de la silla del presidente y lo abraza, intentando tranquilizarlo. Está vestido solamente con la parte superior de su uniforme, unos calzones blancos con corazoncitos rojos se perciben debajo de su chaqueta militar, y así quedará vestido durante toda la escena.
GENERAL: -Ya pasó, mi amor. Ya pasó. Aquí estoy, no volverá a suceder.
El general lo besa tiernamente en la mejilla.
GENERAL: -Fue tan bonita nuestra celebración de anoche, cielo. No podría haber sido más perfecta. ¡Hasta le diste unas merecidas nalgadas al desgraciado magistrado de la Suprema Corte!
PRESIDENTE: (riendo) -¡Sí! ¿Verdad? Le hice sangrar su miserable culo.
El general levanta el presidente de la silla y lo abraza.
GENERAL: -Vamos a bailar. Eso siempre te ha relajado, cariño.
PRESIDENTE: -Ay, si amor. ¡Qué buena idea!
GENERAL: -Nos enamoramos desde la primera vez, cuando escuchamos nuestra canción. ¿Te acuerdas? (cantando) “Oh what a night… why´d it take so long to see the light?”
El general y el presidente empiezan a bailar eróticamente mientras cantan la canción de los Four Seasons: “December, 1963 – (Oh What a Night”).
PRESIDENTE: -“Seemed so wrong, but now it seems so right!”
GENERAL: -“What a lady, what a night!”
PRESIDENTE: -“I felt a rush like a rolling bolt of thunder.”
GENERAL: -“Spinning my head around and taking my body under.”
Los dos bailan hasta la cama, de donde cada quien recoge y coloca en su cara un antifaz.
PRESIDENTE: -“Oh what a night… why´d it take so long to see the light?”
GENERAL: -“Seemed so wrong, but now it seems so right!”
PRESIDENTE: -“What a lady, what a night!”
JUNTOS: -“Oh what a night! Oh what a night!
Do, do, do, do, do. Do, do, do, do, do. Do, do, do, do, do.
Oh what a night!”
Los dos estallan en un alegre carcajeo. Abrazados, se besan y luego se sientan alrededor de la mesa, el general primero acomodando unas pantaletas y varios sostenes que están colgados sobre la silla que va utilizar. Quitan los antifaces y ligan sus manos. Alguien toca la puerta.
PRESIDENTE. -Adelante.
Por la puerta del fondo entra una sirvienta uniformada. Lleva en sus manos una charola de plata sobre la cual hay una cafetera de plata y un juego de taza y platito Limoges. La sirvienta coloca todo sobre la mesa y sirve una taza de café.
GENERAL: -Oye, tráeme también café - y pan dulce.
SIRVIENTA: -En seguida general. Con su permiso.
La sirvienta sale de la recámara.
PRESIDENTE: ¿Quedó algo de polvo?
GENERAL: Seguro que sí.
El general busca en las bolsas de su chaqueta militar y saca un sobre. El presidente limpia una pequeña parte de la superficie de la mesa en donde el general deja caer una cantidad de cocaína desde el sobre. El siguiente diálogo sigue mientras el presidente se ocupa en cortar y acomodar la cocaína en delgadas líneas de droga, mientras el general prepara un “popote” utilizando un billete para este fin.
PRESIDENTE: -El Secretario de Hacienda me informó que las arcas del gobierno se encuentran en peligro. Indica que es indispensable un alza de impuestos.
GENERAL: -El problema es que de acuerdo con los actuarios, todos los ciudadanos trabajan de lunes hasta mediodía del jueves para nosotros; para cumplir con sus obligaciones tributarias. Lo que ganan de la tarde del jueves y todo el día del viernes es lo que les queda para cubrir sus gastos personales. No veo como los podemos apretar más.
PRESIDENTE: -Pero las entradas no son suficientes.
El presidente aspira una larga línea de cocaína y pasa el “popote” al general.
PRESIDENTE: -¡Ay, cabrón! ¡Qué sabrosa está! Dale una probadita.
GENERAL: -Pagan impuestos sobre la renta, predial, gasolina, alcohol, tabaco, cuotas de carreteras, las placas de sus coches, el IVA en todas sus compras, y un montón de otras contribuciones obligatorias de las cuales ni siquiera están enterados.
El general inhala una línea de cocaína y regresa el “popote” al presidente.
PRESIDENTE: -Repito. No nos es suficiente. Ellos deberían de reducir su gasto familiar. Si no tienen para comprar pan, ¡Que coman pastel!
El presidente vuelve a aspirar otra línea. Se queda con el “popote”.
GENERAL: -Pues, es un problemón, mi vida. El pueblo se está dando cuenta que los estamos atracando con nuestra insaciable avaricia.
PRESIDENTE: -Se me hace que estás cambiando de bando, general. ¿Cómo explicas esta repentina ternura para los pelados? Estamos hablando de dinero, mi buen, mucho dinero. Y no voy a dejarlo volar de mis manos.
GENERAL: -No nos favorecerá políticamente el uso de mis cuadrillas para intervenir si ocurriera algún sublevamiento.
PRESIDENTE: -¿Hay duda que tus tropas obedecerán?
GENERAL: -No. No tendrán opción. Cumplirán mis órdenes porque así están entrenados.
PRESIDENTE: -¿Y si algunos rehúsan matar a los cabrones plebes que incumplen con nuestras leyes?
GENERAL: -Los que manifiesten cualquier incertidumbre en disparar contra la población serán fusilados por traición a la patria.
PRESIDENTE: -De todos modos, me das la impresión que te faltan huevos ¡de los cuales siempre presumías con tanto orgullo, general! Vete a echar un vistazo desde la terraza a todos esos insectos que se encuentran en las calles. (Señala al público en el teatro) ¿Puedes tener piedad por esa escoria? ¡Míralos! Míralos bien. Lo único que les interesa es ¡ver la tele y hacer el amor! Pan y circo los mantiene tranquilos, pero que no haya duda, son animales domésticos que como la vaca y la gallina nos sirven para que trabajen y paguen el tributo que les imponemos. ¡Y que sigan teniendo hijos! ¡Sí! Más hijos equivale a más contribuyentes ¡y más uniformados para que los controlamos!
GENERAL: -Cuando me des la orden, mi presidente, mandaré mis tropas para imponer ¡la ley y la justicia! cueste las vidas que cueste.
PRESIDENTE: -¡Bien dicho, general!
El presidente entrega el 'popote' al general como obsequio por sus palabras de compromiso. El general lo utiliza para hacer desaparecer otra línea de cocaína.
PRESIDENTE: -El vice-presidente gringo, Joe Biden exhortó a su nación diciéndoles que pagar impuestos es un acto patriótico. Nos urge una campaña publicitaria que conciba un lema promocional como ese de Biden, que aprovecha el sentimiento patriótico de los ciudadanos para sacarles el billete. Give us yer fokkin money!
GENERAL: -Pues, sí, fue brillante de su parte. Los políticos gringos tienen fama en lo que concierne la manipulación. Aquel pueblo es dócil y obediente, fácil de regir.
PRESIDENTE: -Hay que ordenar a nuestra agencia de publicidad para que diseñe de inmediato una campaña con ese fin.
PRESIDENTE: -Tienes razón.
El presidente toma el “popote” de la mano del general y lo usa.
PRESIDENTE: ¡Aaaaah! Se me está subiendo demasiado rápido este carajito. Pásame la botella, hay que bajar el polvo un poco.
El general entrega al presidente una botella de whiskey, que bebe directamente con profuso deleite.
PRESIDENTE: -Mira, ya tengo un buen rato pensando sobre este asunto, que me preocupa más que cualquier otro del estado. He llegado a una conclusión. Tengo una idea; en sí, son dos ideas asombrosas. A ver qué piensas. Primero unas preguntas. ¿Va?
GENERAL: -Va.
PRESIDENTE: -¿A quién pertenece el suelo de la nación?
GENERAL: -¿Cómo? No entiendo.
PRESIDENTE: -Pues, es fácil mi general. ¿No que eres graduado del Honorable Colegio Militar? ¿Quién tiene los derechos de la superficie de la patria? -¡El gobierno, por supuesto! Ora, si la tierra pertenece al estado, el gobierno tiene el derecho indiscutible de cobrar por su uso. Sí, sí, ya sé que recaudamos un pago predial, pero es para estructuras, y terrenos de la nación comprados por los ciudadanos. Pero, ¿qué tal con todos los pelados que andan caminando sobre lo que es propiedad nuestra? Cobramos cuotas en las carreteras, ¿no es así? Entonces la lógica indicaría que podemos obligar a los ciudadanos para emplear un mecanismo, como en los coches se usa el odómetro para medir kilometraje, para averiguar con exactitud cuántos kilómetros un ciudadano ha disfrutado pisando la tierra del país - y ¡cobrarle!
GENERAL: ¡Guau! Corazón, ¡que genial!
El general usa el 'popote' para inhalar otra línea de cocaína.
PRESIDENTE: -Y hasta tengo un nombre llamativo para inspirar su uso entre la población. El dispositivo se llamará piedómetro. Pied sugiriendo pie, y metro el mecanismo de medición.
GENERAL: -Luego, luego, la gente lo llamaran pedómetro.
PRESIDENTE: -¡Qué torpe eres! Siempre con tus incesantes y corrientes burlas…
GENERAL: -A mí no me suena de ninguna manera atractivo. Con todo respeto, me recuerda tu desagradable hábito de echar pedos cuando te hago el amor, ¡mi olorosita!
PRESIDENTE: -¡Ya! ¡No cambies de tema con tus interminables quejas!
GENERAL: -Señor Presidente, opino que no debemos actuar como una pandilla, como los cárteles de narcotraficantes. Presumimos ser un estado legalmente constituido; una nación libre y soberana aunque la verdad es que nuestro país, y por ende nuestra soberanía, es ilegítima.
PRESIDENTE: -¿Ilegítima? ¡Cómo te atreves a usar esta expresión, general! ¿Por qué está ilegítimo nuestro país, buey?
GENERAL: -Porque nuestra patria fue arrebatada de los nativos a fuerza de armas. La usurpamos; no tenemos las escrituras originales. Nos fue entregada al derramar cascadas de sangre. Luego creamos una supuesta justicia para custodiar su legalidad; para conservar nuestro mando a toda costa. ¡Pero no hay que exagerar!
PRESIDENTE: -Cuidado, general. Estás nadando demasiado cerca de las rocosas aguas de la traición. Más vale que te calles.
GENERAL: -Te puedo aportar razones históricas…
PRESIDENTE: -¡Que cierres el hocico! ¡Ya! ¡Es una orden, general!
Hay un largo silencio durante lo cual el presidente aspira varias líneas de cocaína y el general se sirve una generosa cantidad de whiskey en un vaso que encuentra tirado sobre el piso a un lado de la mesa.
PRESIDENTE: -(rompiendo el desagradable silencio) Ay te va mi otra idea, pues…
El presidente aspira otra línea de cocaína.
PRESIDENTE: -Si el aire también pertenece al país sobre el cual se extiende, tenemos el derecho jurídico de cobrar por su uso. ¡Es nuestro! Pertenece al estado, ¿entiendes? Entonces, sería simplemente una cuestión de inventar el mecanismo para medir la cantidad de oxígeno consumido por los ciudadanos, quienes una vez a la semana, o una vez al mes, tendrán que acudir a unos centros del gobierno en donde los inspectores averiguarán cuanto aire han utilizado y estarán obligados a pagar el impuesto correspondiente, desde luego.
GENERAL: ¿Y éste, que nombre tendrá?
PRESIDENTE: ¡Oxycobro, por supuesto!
GENERAL: Oxycabrón sería más apropiado.
PRESIDENTE: ¡Deja de fastidiarme, quieres!
El presidente usa el 'popote” para inhalar otra línea.
GENERAL: -(sarcástico) No hay palabras para describir lo ingenioso que eres, mi vida. (insolente) Con razón eres el presidente ¡de esta nación de ignorantes!
PRESIDENTE: -Hablando de la presidencia, mi querido general, ¿por qué quieres usurpar este puesto?
GENERAL: -¿De qué hablas?
PRESIDENTE: Anda. Sé honesto conmigo, ¡yo sé que me quieres destituir!
GENERAL: -¡De ninguna manera! Ni soñándolo.
PRESIDENTE: -Pues precisamente así fue. Lo soñé. ¡Pinche animal insolente!
GENERAL: -¡Estás alucinando, amor mío! Demasiada coca. Tú sabes que esta droga causa paranoia.
PRESIDENTE: -¡Ah! Entonces, ahora también soy paranoica. Cuida tu lengua cuando te diriges ¡a tu presidente, general!
GENERAL: -Por el amor de Dios, mi presidente. Jamás haría algo para lastimarte.
PRESIDENTE: -Pero te gustaría calentar mi silla de la presidencia con tu culo, ¿verdad? Colaborando con la muchedumbre te parece un buen empiezo para lanzar tu campaña electoral, ¿no es así?
GENERAL: -No estoy preparando ninguna campaña política, señor presidente. Claro. Algún día… Quizás… Contando con tu permiso, desde luego…
El presidente agarra la pistola de la mesa y la apunta al general.
PRESIDENTE: -¡Aquí está tu presidencia!
GENERAL: -¡No! ¡Por favor!
El presidente le dispara un tiro al general, quién se cae al piso.
PRESIDENTE: -Te pasaste de listo, general.
La sirvienta toca la puerta.
PRESIDENTE: -Adelante.
La sirvienta entra con su charola llena de pan dulce y café. Tiene que brincar el cuerpo del general tendido en el piso para alcanzar la mesa.
SIRVIENTA: -El café y pan dulce para el general, señor presidente.
PRESIDENTE: -(con la pistola todavía en mano) Ya no le va a hacer falta. El general se suicidó.
SIRVIENTA: -¡Ay! Pobre general.
PRESIDENTE: -Llama a mantenimiento para que llevan su cadáver y lo tiran en el parque de enfrente. Los gringos así lo hicieron con el Vince Foster, ¿no es así? Ah, y diles que le cambian sus calzones, desde luego.
SIRVIENTA: -Sí, Señor Presidente.
PRESIDENTE: -(al cuerpo del general) Lástima. Fuiste un brillante y devoto héroe, mi general. ¡Le voy a brindar un entierro con honores militares completos, digno de un patriota! El Cardenal va oficiar una misa solemne extraordinaria para la salvación de tu alma por todos los muertitos que dejaste regados por ái. Y te voy a dedicar una escultura ecuestre en bronce, monumental, colocándola sobre la avenida principal.
SIRVIENTA: -Con su permiso, Señor Presidente.
PRESIDENTE: -Tráeme mi almuerzo: dos huevos fritos con jamón, y pan tostado con mantequilla. Es todo… Ah, y frijoles de la olla, muchos, y un vaso grande de jugo de naranja.
SIRVIENTA: -En seguida, Señor Presidente.
La sirvienta sale de la recámara.
PRESIDENTE: -(a sí mismo) ¡Hambre es lo que me está dando!
El presidente patalea desconsideradamente con su pie el cuerpo del general para sentarse en la mesa. Usa el 'popote' para aspirar otra línea de cocaína mientras las luces del escenario se apagan lentamente.