REVISTA DIGITAL DE PROMOCIÓN CULTURAL                     Director: René Avilés Fabila
23 | 07 | 2019
   

De nuestra portada

Contra el anonimato de otro crimen


Iris Pozas Horcasitas

Tengo en mis manos el único cuaderno de poemas de Emiliano Ricardo Pozas Iturbe, mi sobrino, nieto de Ricardo Pozas y de Isabel Horcasitas, su título: La muerte, el Tiempo y el Amor. Su autor ya no lo vio publicado porque hace unas horas asesinos del crimen organizado entraron a su casa en la madrugada y lo sacaron junto con su suegro; pedían un “rescate” de dos millones de pesos; lo encontraron muerto a la orilla de la carretera Tepic-Aguamilpa junto con otro número aún no definido de asesinados. No se me ocurre nada, el llanto ante este crimen tan absurdo me aniquila.

Hay una desesperación, una sensación de desamparo, de impotencia, de rabia que sólo me lleva a conclusiones demasiado siniestras y desoladoras.

Pienso que todo esto está planeado, que hay un acuerdo secreto, pero ya demasiado evidente de que conviene que vivamos en el terror y éste es un signo que sólo se puede adjudicar a las dictaduras: si una población está paralizada por el miedo que genera el crimen organizado, el ejército, la policía federal y demás grupos paramilitares, estamos todos condenados a “vivir” en la sombra del miedo.

Hoy ya no podemos decir que van cincuenta mil asesinatos, hace apenas unas horas se suman 50 o 100 desaparecidos.
¿Cómo vamos a nombrar esta infamia? Las palabras se van, no hay cómo nombrar esto; tal vez por ello Javier Sicilia ya no escribirá más un poema, no hay cómo expresar este dolor.
Extrañamente el título del libro de mi sobrino aniquilado por esta guerra absurda, comienza con la palabra de nuestra actual realidad, la muerte. Sí, es un tiempo de muerte, muertes que se van sumando y que no sabemos hasta cuándo se detendrá su escalada.

Dicen que ya hay millones de casas abandonadas, familias que desaparecen ante el miedo; el norte del país tomado por el narco, pero mi sobrino no tenía nada que ver con el narco; era un poeta que había dedicado su manuscrito a sus padres y a los antropólogos eméritos, sus abuelos; sólo tenía treinta y un años, una esposa y una criatura de apenas seis años.
¿Qué mal había hecho Emiliano Ricardo Pozas Iturbe? Para ganarse la vida hacía fotografía, era amoroso y dulce como sus poemas, de ellos transcribo uno:

Diametral Paisaje

Horizonte de azules
éste que gobierna
en mi paraíso;
ahí donde mueren
los hombres,
donde acaba el mundo,
donde se rompen
las esperanzas,
que nos espera
ahí al borde del abismo,
a dónde van tu amor
y mi amor
al fugarse
de este paisaje
intentando conquistar
paraísos inexplorados

   ¿Quién nos dará una palabra de consuelo? Tal vez los miles de dolientes que han sufrido lo mismo, pero estamos dispersos… sí, somos un país victimizado: miles de mujeres asesinadas, jóvenes, hombres maduros, niños ¿quién es el responsable si ya no es posible distinguir a criminales de los que quieren que identifiquemos como los guardianes del orden?
   ¿Acaso somos muchos, la explosión demográfica del mundo les aterra a los oligarcas?
   ¿Les parece buena la estrategia para aniquilar a la población?
   ¿Ya no tienen los gobiernos mejor alternativa ante las urgentes demandas de empleo, educación, salud, vivienda y demás necesidades sociales, más que los asesinatos masivos?
   ¿Por qué han sometido al pueblo a ser carne del crimen?
No hay argumentos que puedan justificar esta guerra no declarada contra la sociedad civil, pero ejecutada al amparo de las madrugadas y del silencio de una masa desorganizada.
Me uno al llanto furioso de viudas, madres, hermanos y amigos de las víctimas del crimen; mi dolor es también social.